El fuerte de Amber y el postureo indio | Día 6

Una noche más en el hotel de Jaipur. Por suerte, también una noche menos. De nuevo, tres galletas para desayunar, un poco de agua y pronto a la jungla de las calles rajastaníes —que no sabemos si es el gentilicio correcto, pues no lo hemos encontrado, pero suena bastante bien—. El primer objetivo del día era batallar duro por conseguir un tuk tuk que se prestara a no dejarnos la cartera tiritando. Lo medio conseguimos. Nuestra visita del día era el fuerte de Amber, a unos once kilómetros del centro de la ciudad. Tras algunas consultas en internet seguíamos dudando sobre cuánto teníamos que pagar por el desplazamiento. En el hotel una chilena que era la tercera vez que estaba en Jaipur, según contaba, dice que, para los dos, 200 rupias era un precio justo. Salimos del hotel con la firme convicción de pagar 150, a lo sumo. Y lo conseguimos: pagamos 150 rupias. El fuerte de Amber, antigua capital del estado Amber es una ciudad mediana que vive a la sombra de Jaipur desde que esta se fundara. Porque antes era precisamente Amber la capital del estado de Rajastán. Por eso es curioso que el más conocido de los monumentos de Jaipur no se encuentre en Jaipur, sino en Amber. El fuerte que lleva el nombre de la ciudad —aunque también se conoce como fuerte de Amer— fue construido a finales del siglo XVI para alojar a la familia de los Marajás de la época. El complejo es muy interesante en todas sus vertientes: arquitectónica, histórica, cultural y socialmente. Construido en una mezcla de estilos mogol, persa e hindú, a través de él se explican las relaciones entre los nobles del Rajastán de la época. Por eso, para que la visita sea más provechosa y didáctica, es recomendable abastecerse de un guía de carne y huesos; o, como en nuestro caso, de una audioguía. El fuerte de Amber también es famoso por los elefantes que cubren el trayecto de la empinada cuesta hasta lo alto del recinto. Ciertamente, es una actividad que hemos preferido ahorrarnos, porque nos parecía propia del turismo más irresponsable. Jaipur sigue sumando animales. A las vacas y los monos de ayer, los camellos, las cabras y los elefantes de hoy. Un zoo al aire libre. El postureo indio, una constante Hoy nos hemos hecho pasar por los estudiantes perpetuos que somos, acreditados por nuestra querida Universitat Autónoma de Barcelona. El descuento para entrar al fuerte se lo merecía: 100 rupias por cabeza en lugar de 500. Nos hemos paseado de arriba abajo el lugar, que está lleno de huequitos para hacerse la foto de Instagram. En realidad, da igual: en la India, para los indios, cualquier lugar amerita para hacerse la foto de Instagram. Todos llevan su móvil y van de tres en tres. Se saben todas las poses más antinaturales. Se pasan el móvil de uno a otro y todos repiten foto en el mismo punto exacto. Finalmente, se enseñan el móvil, se sonríen de lo guapos y favorecidos que salen y se apresuran a compartir la foto en las redes sociales. No se vuelven a girar para admirar ese lugar que en principio les había parecido merecedor de una fotografía; lo observan —se observan— en el móvil. La dictadura de la tecnología, del like, de las redes sociales, del postureo. En la India también existe el postureo. Y mucho. El regateo con el tuk tuk de turno antes de la cena Para volver a la ciudad tenemos que coger otro tuk tuk. El primero que nos engancha nos pide 500 rupias. “No, gracias”, le decimos, negándonos a negociar. “¿Para dos personas?”, te preguntan. Apetece responderle con otra pregunta: «¿Te parece que somos tres?». Es su manera de decirte que te van a plantear una oferta que no debes aceptar. Al final, le sacamos a uno el trayecto por 120 rupias. Al llegar, más de media hora después, reclama más dinero: “Hemos hecho 20 kilómetros, un trayecto muy largo”. El caso sería ponerse firme y recordarle que habíamos cerrado el trato en 120, que ya no había margen para renegociar. Pero no estamos para peleas, le damos 150 y no los 200 que pide y nos despedimos. Cenamos en un restaurante multicocina vegetariano, el Four Seasons Reaturant. Nada que ver con el hotel, lamentablemente. El concepto multicocina se gasta mucho aquí: restaurantes que tienen un mucho de comida india, un poco de comida china y un algo de comida internacional. Comida internacional, en la India, es invariablemente pizzas, algo de pasta y algún plato mexicano. Habrá que darse un homenaje a base de taquitos un día de estos.