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Visita a Udaipur, ciudad de palacios y lagos | Día 10

El Palacio de la Ciudad de Udaipur iluminado en la noche

Confirmadas las pasajeras impresiones de la noche anterior: Udaipur es bonita y distinta. Tiene un talante más amigable, un ritmo más evocador. La vida del centro de la ciudad es vida turistificada. Las tienditas se dedican a vender lo que los viajeros buscan: papel de baño, agua, masajes, pañuelos, snacks, especias, coca colas y heena. Y como en el resto del país, le interpelan a uno cuando le advierten extranjero. Pero lo hacen de un modo diferente, con una sonrisa más sincera, con un fondo más humano. Por eso, la visita a Udaipur le pone a uno de buen humor desde el primer minuto. Quizás son simplemente mejores embaucadores. Sin embargo, y habiendo superado ya la primera semana en el país, nos aventurarnos a asegurar que la gente de Udaipur es más honesta con el visitante. Los habitantes de Udaipur Por ejemplo, el dueño del guesthouse en el que nos alojamos, la Nandini Payuing Guesthouse, una casa familiar de varias plantas sin ninguna pretensión más que ofrecerte una cama cómoda, una habitación decentemente limpia y una amplia sonrisa siempre que te cruzas a cualquiera de los miembros de la familia. El padre, Jithu, se ofreció a ayudarnos en lo necesario y nos enseñó las preciosas vistas de la azotea del edifico, además de darnos tres datos de información básica sobre la ciudad. O también, por ejemplo, el matrimonio que regenta dos de las tienditas pegadas a nuestro alojamiento. Les compramos una botella de agua y nos acabaron invitando a tomar el té con ellos y su familia. Les agradecimos el gesto y nos emplazamos a venir otro día. Su propósito legítimo era vendernos cualquier cosa que necesitáramos, y convenceros de la necesidad de que compráramos lo que no sabíamos que nos hacía falta, pero sus maneras y su trato cercano nos ganaron. También el conductor de tuk tuk que ha agradecido que le contestáramos —que no— a su oferta de llevarnos a algún sitio: “Gracias por responderme que no, amigo”. U otro compañero de gremio, que no nos ha insistido cuando le hemos dicho que no necesitábamos transporte, pero sí se ha interesado por saber de dónde somos. Igual que los que nos han vendido agua en otra tiendita: “¿De dónde sois?”. Y tras contestarles y cuando ya nos íbamos: “Que os vaya bien”. Quizás están simplemente listando el país de procedencia de la gente que visita la ciudad para operar en consecuencia. Primera retazos de nuestra visita a Udaipur Udaipur está rodeada de lagos que la circundan, la moldean y la condicionan. Para bien y para mal. El centro de la ciudad es de calles estrechas, casi callejuelas, en las que se crean enormes tapones de circulación cuando en lugar de dos motos se cruzan dos coches. El terreno es curvilíneo y tiene continuos sube y bajas. En lo alto de la ciudad, en una colina, está el Palacio de la Ciudad. Se construyó ahí precisamente por su posición privilegiada de vigía, para cuidarse de ataques enemigos. Detrás del palacio está el lago Pichola, el principal, que llena de romanticismo los atardeceres. En su corazón tiene un par de islas, una de ellas con un hotel lujosísimo. Solo pueden acceder a la isla los que prueban que se alojan ahí. James Bond a la hora del happy hour Udaipur es bonita en la forma en que está construida, en sus edificios y sus lagos. Es tan bonita como también es india: con sus templos, su jaleo relativo, sus tuk tuks, su comida picante y especiada. Con razón se la conoce como la ciudad más romántica de la India, una especie de París en la que la Torre Eiffel es el Palacio de la Ciudad, el Sena el Lago Pichola y los croissants el curry. Aquí, en el espectacular Palacio de la Ciudad, y también en varias localizaciones más de la ciudad, se rodó parte de la película de James Bond Octopussy. Pese a que la interpretaba el menos James Bond de todos, Roger Moore, el film es motivo de orgullo de la ciudad. Muchos bares y cafés de la ciudad proyectan a diario la película en grandes pantallas, mientras aprovechas el happy hour para tomarte dos mojitos en lugar de uno. Nosotros hemos optado por un plan que teníamos pendiente: comernos unos tacos. Hemos estado cenando comida mexicana en Udaipur en un restaurante regentado por un sueco. Arriba el cosmopolitismo. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Cultura Nómada (@cultura.nomada)