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De Jaisalmer a Delhi: dieciocho horas de tren | Día 17

La estación de tren de Jaisalmer

Reportando en condiciones precarias desde el tren que nos lleva de Jaisalmer a Delhi. Sí, volvemos a Delhi. Cambio. Ayer conseguimos dos billetes de última hora para un trayecto eterno, de casi un día entero, que llevaba tiempo que tenía todo vendido. Resulta, por suerte, que la compañía india de ferrocarriles guarda unos billetes de emergencia que solo se pueden adquirir el día de antes con un cargo extra de 300 rupias, unos 4 €. Nuestra emergencia no era tal: solo queríamos avanzar. Mientras abones el coste del billete, la naturaleza de la emergencia da un poco lo mismo. Cambio. Un fuerte más para la colección rajastaní: el de Jaisalmer Como el tren que estamos tratando de sobrevivir no salía hasta las 17.00 h, la mañana la hemos ocupado conociendo el fuerte de Jaisalmer. A diferencia de otros fuertes de la región, este tiene la particularidad de que alberga vida. Las callecitas de la fortaleza están llenas de tienditas de souvenirs, de restaurantes, cafés, hoteles y de viviendas. Unos 3.000 habitantes de Jaisalmer despiertan cada día dentro del fuerte y desayunan viendo pasar turistas. Y comen y cenan y se van a dormir viendo pasar turistas. Quizás por eso tienen un inglés mejor entrenado y un acento más depurado. Cambio. El encuentro con otro hombre del desierto Hoy nos hemos encontrado con la segunda persona que entabla conversación con nosotros, de manera muy amigable, interesándose por nuestra procedencia y nuestro viaje, con la voluntad de que le regalemos dinero de nuestros países de origen. La vez anterior zanjamos el asunto con un “solo tenemos rupias”, que era cierto. Hoy, con el monedero de los céntimos de euro encima, le hemos regalado una moneda de veinte céntimos al hombre. Nos ha dicho que vivía en el desierto y que venía a Jaisalmer a hacer la compra. La gente del desierto nos cae bien. Nos ha enseñado un billete de cinco dólares estadounidenses y nos ha explicado que unos chicos se lo regalaron el otro día, pero no sabía a cuánto equivalía. “A unas 400 rupias”, le hemos dicho. No le hemos contado que nuestros veinte céntimos de euro eran unas quince rupias. O quizás el hombre del desierto ya lo sabía todo eso y solo nos ha enseñados el billete de cinco dólares a modo de reclamo. “Ratas”, le ha faltado decirnos. Cambio. Una noche de ronquidos, y cucarachas Tenemos las dos literas de arriba de uno de los compartimentos del tren de Jaisalmer a Delhi de dieciocho horas. En cada una de ellas, además de nosotros, hemos encajado dos mochilas. Las literas son minúsculas: de sesenta escasos centímetros de ancho y de menos de metro noventa de largo. No sabemos exactamente qué postura vamos a tener que inventarnos para dormir. Estamos en ello. De aquí salimos contorsionistas. O más probable, lisiados. Lo cierto es que a nuestro vecino de delante la falta de espacio no le es inconveniente para roncar con el mayor ímpetu. Hemos visto un par de cucarachas tratando de compartir litera con nosotros. Cambio y corto.