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Adiós, tren de las cucarachas de India | Día 18

Las literas de un tren de Jaisalmer a India

Un par de cucarachas asomaban anoche tímidas a la hora en que colgábamos nuestra nota en el diario de ruta. Parecía que no tenían que pasar de una pasajera anomalía, pero se acabaron convirtiendo en el motivo de nuestro desvelo más prolongado en lo que llevamos de viaje. Hay que imaginarse el vagón. Ocho literas por compartimento, dos del lado del pasillo y seis en la parte más amplia, montadas en tres niveles. Nosotros, por voluntad propia, porque pensábamos que eran las mejores para pasar desapercibidos, ocupamos las literas del tercer nivel, las de arriba del todo. Así empieza la historia del tren de las cucarachas de India. Se montan las literas, es hora de dormir (o no) Seguimos con el ejercicio de acertar la descripción. Las literas del medio se pueden subir y bajar. De entrada, están bajadas. Con lo que las literas de abajo sirven de asientos para todos los que ocupan el compartimento. Pero cuando llega el momento de dormir —que puede ser en cualquier momento— se monta la litera del medio y cada uno ocupa la que va a ser su cama. Antes de que nos echaran de los asientos, nos fuimos. Trepamos hasta lo alto con nuestras mochilas —mejor pecar de precavidos que lamentarnos por confiados— y colocamos las sábanas que te proporcionan en el tren. El espacio ahí arriba es reducidísimo. Es imposible erguirse y tratar de sentarse. Resulta un poco claustrofóbico. Una vez ahí hay que dormir o mirar al techo o mirar a la pared. Es cuando miramos a la pared cuando vimos aparecer a la primera de nuestras amigas. Vaya, se habrá perdido. Trata de quitártela de encima y hagamos como que no ha pasado nada. Al rato, del otro lado aparece otra. Bueno, esto ya no hace gracia. La pared del compartimento está abierta hacia arriba, donde hay una rendija por la que parece que las cucarachas campan a sus anchas. Por la noche, con la oscuridad, salen al exterior. Entonces se apagan las luces de todo el vagón y ellas se sienten en casa. Las cucarachas, invitadas inesperadas de nuestro nuevo trayecto de tren en la India Uno trata de mantener la linterna del móvil encendida para que no le sorprenda ninguna. Pero salen. Y empiezas a pensar si quizás están también por la parte de la cabeza o de los pies, donde no alcanzas a ver. Ante tal perspectiva, bajamos de nuestras literas de arriba y nos sentamos en una de las de abajo, que por suerte estaba sin ocupar. Desde lo bajo vimos que no era cuestión de altura: las cucarachas estaban por todas partes, trepaban por todas las literas, se paseaban por todos los compartimentos. No era una plaga, pero afinando la vista era sencillo distinguirlas por todos lados. No nos quedó otra que hacer guardia toda la noche para asegurarnos que no se acercaran mucho. Mientras, todo el mundo en el vagón dormía plácidamente. Ya con el amanecer y la luz, las cucarachas se escondieron hasta la noche y nosotros dimos un par de cabezadas. Decidido, se acabaron los trenes nocturnos En suma, habremos dormido una hora de las dieciocho de nuestro viaje en tren desde Jaisalmer hasta Delhi. Conclusión: no volveremos a tomar trenes nocturnos. Los evitaremos a toda costa, al menos. El día, ya llegados a Delhi, lo hemos dedicado a comer después de 24 horas en las que habíamos sobrevivido con una bolsa de patatas. Teníamos más snacks en la mochila, pero el panorama no alentaba a consumirlos. Así que hoy a comer pizza, para celebrar que llegamos a Delhi enteros. El día también lo hemos dedicado a dormir una siesta merecida y muy necesaria. Mañana queríamos irnos hacia otra parte. Pero el tren de las cucarachas nos ha obligado a bajar el ritmo y a tomarnos un par de días de asueto. Pasearemos un poco por Delhi y plantearemos bien los próximos días, en los que no incluiremos trenes nocturnos.