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Madrugando, que es costumbre: otro tren en Amritsar | Día 23

La pintada en la pared de un hostel de Amritsar

¿Quién dijo que estar de viaje era sinónimo de calma? Estamos en la India, aquí la calma no existe. Como tampoco existen los desplazamientos sencillos. Hoy hemos tenido la enésima prueba de ello, tomando un tren (otro tren) en Amritsar. No será la última. Nos hemos descontado en las veces que hemos tenido que madrugar de manera exagerada para tomar un bus o un tren, con tal de movernos hacia la siguiente de nuestras paradas. De todos esos madrugones ninguno supera al de hoy: las 03.30 h de la mañana. En el global de nuestra vida son muchas más las noches que se han alargado hasta esta hora, al menos, que los días que han empezado tan temprano. En la India nos estamos esforzando en invertir la cuenta. Puestos a escoger, escogemos madrugar Es verdad que somos nosotros los que escogemos madrugar. Es temprano cuando salen los trenes, o los buses, que más nos convienen. Preferimos llegar a nuestro nuevo destino a mediodía que a medianoche, después de los precedentes. Es verdad, y hoy lo comentábamos con otros viajeros, que la sensación de inseguridad en este país es muy baja. Por mucho que las preconcepciones que trajéramos indicaran lo contrario, la India es un país que nos ha sorprendido para bien en este sentido. Uno no siente que le vayan a robar, ni que le puedan asaltar; ni siquiera en los lugares más remotos y menos accesibles. Pero no es menos cierto que amedrenta que los conductores de tuk tuk te persigan a las tantas de la noche tratando de ganarse tu favor. O que te miren, te hablen, te interpelen constantemente. Preferimos todo eso a plena luz del sol que a plena luna. El cansancio del regateo Antes de tomar el tren en Amritsar, y después de estos días aquí, hemos confirmado que Uber es nuestro nuevo mejor amigo en la India. Resulta tan placentero entrar en el móvil, teclear el destino, que te marque una tarifa —justa—, que la aceptes, que te recojan en dos minutos y que te desplacen en cinco. Uno se ahorra tanto tiempo, y sobre todo tanta energía. Regatear en según qué sitios es agotador, cuando debería ser un divertimento. Está bien que nos cobren un poco de más por no ser locales, pero no que nos engañen de manera descarada. Ante ello, Uber. Hola, conductor; adiós, conductor. Y en la pantalla del móvil te aparece lo que te ha costado el trayecto. El tuk tuk saldría quizás veinte rupias más barato (unos 0,25 €) después de batallarlo largo. Hemos aprendido a preferir pagar un poco de más y estresarnos un poco de menos. El tren de hoy solo ha durado nueve horas. Y no tenía cucarachas. O no las hemos visto. Nos ha dado tiempo de estirarnos en tres camas diferentes y a pasar el tramo final del trayecto mirándole la cara a nuestros compañeros de compartimento. ¿Dónde estamos? Pues estamos en un sitio que desvelaremos a partir de mañana. Solo podemos avanzar que, de nuevo, nos va a tocar madrugar.