Tres buses para viajar de Pokhara a Bandipur | Día 10

Esta mañana nos despedíamos de una Pokhara que parecía apenada por nuestra marcha. Se ha puesto a llover solo un poco, como si la ciudad tratara de hacerse la dura pero fuera incapaz de esconder que nos va a echar de menos. Fue agradable navegar su apacible lago, pasear su calle ultracomercial y comer y beber en sus restaurantes, cafés y bares. Pero después de tres días, Pokhara tenía poco más que ofrecernos, y teníamos que buscar nuevos lugares de Nepal que completen la postal. Por eso, es momento de viajar de Pokhara a Bandipur. El pueblo de Bandipur, en medio de la nada nepalí Bandipur es un pueblecito llenísimo de encanto en medio de la nada. El típico lugar que se sabe tan encantador que se lo cree. Por suerte, todavía se lo cree solo un poco. Bandipur tiene prohibido el tránsito de vehículos en el centro, una callecita estrecha adoquinada que te engaña constantemente, haciéndote creer que estás en centroeuropa. Miras a un lado y a otro y ves restaurantes y bares que se proyectan a la calle, con pequeñas terrazas y mesitas para dejar que el rato pase, perfectas para practicar el people watching, el cotilleo a la nepalí. Bandipur tiene, encima, unas vistas espectaculares de los Himalayas. Al menos en los días claros, se comenta. El día era medio nublado y ha servido para intuir que los rumores son ciertos. Mañana parece que el tiempo acompañará y, de ser así, aprovecharemos para que el amanecer y el atardecer nos pille en alguna de las colinas desde las que los turistas envidian a los locales por vivir rodeados de semejante paisaje. Pero eso ya será mañana si —crucemos los dedos— el tiempo realmente está de nuestra parte; que está por ver. Los buses en Nepal Llegar desde Pokhara a Bandipur hoy no ha sido sencillo. En Nepal, como ya hemos comentado en días anteriores, las carreteras están en pésimo estado. Hasta el punto que transitar las dos ciudades más importantes del país, Katmandú y Pokhara, demora ocho horas para 140 kilómetros. Una locura de proporciones inconcebibles allá, en los países de los que venimos. Además, el transporte interurbano está pobremente desarrollado. Los trenes no existen y la única opción son, por tanto, los buses. Bueno, o unos avioncitos pequeños que conectan las cinco ciudades principales por precios desorbitados. Como nosotros solo nos desorbitamos —en lo que a precios se refiere— comiendo, solo nos queda el bus. En el territorio de los buses existen dos divisiones en Nepal: los buses locales y los buses turísticos. Los primeros, muy económicos, son los que utilizan los nepalíes para moverse entre ciudades importantes. Se llenan rápido, son estrechísimos y hacen paradas constantes; casi en cada casa. Con el agravante del estado de la carretera de por medio, los buses locales saben cuándo salen, pero no cuándo van a llegar. Luego, en la Champions de los buses de Nepal juegan los llamados turísticos. Son buses un poco más caros pero que no hacen paradas constantes, tienen más espacio para que acomodes las piernas y cuentan con el preciado aire acondicionado. Evidentemente, son más caros. Aunque es cierto que no tanto más, quizá un par de cientos de rupias. Por lo tanto, la elección es clara: bus turístico para aumentar las posibilidades de llegar al destino intacto. De Pokhara a Bandipur en bus local Pero hoy nos ha tocado jugar en segunda; esto es, tomar un bus local. Bueno, no uno, de hecho tres. Los buses turísticos solo hacen tres conexiones entre los tres lugares turísticos por excelencia del país: la capital Katmandú, Pokhara y Chitwan. Para todo lo demás, bus local. O, de lo contrario, bus turístico pagando la tarifa completa entre Pokhara y Katmandú pero haciendo solo un cuarto del recorrido. Un sinsentido que no estábamos dispuestos a acometer. Así pues, hemos salido pronto del hotel para tomar un bus urbano de Pokhara para llegar hasta la estación de buses. Este primer trayecto ha durado solo veinte minutos y ha sido tranquilo, en el sentido de lento. El conductor avanzaba más despacio que los peatones. Hemos pasado por el aeropuerto de Pokhara, incrustado en medio de la ciudad, con su pista pequeñísima y su terminal que parece de mentira, y al rato hemos llegado a la estación. La estación en realidad no es una estación. Es, por una parte, un parqueadero enorme de autobuses. Y en la calle es donde se encuentran aquellos que van a salir a sobrevivir un día más las carreteras del país. Ahí hemos encontrado el nuestro, que en realidad hubiera sido cualquiera. Porque todos hacen la misma ruta: Pokhara-Katmandú. Nosotros solo teníamos que llegar hasta Dumre, para lo que hemos pasado dos horas en las que hemos acabado doblando el aforo permitido del vehículo. Más allá de eso, solo hemos sufrido por encontrar dónde colocar las piernas entre tan poco espacio entre asientos. Dumre, la parada previa para llegar a Bandipur Además de la figura del conductor, en los buses de Nepal existen siempre al menos otros dos operarios que hacen las veces de responsables, acomodadores, guías, ayudantes, cargueros, taquilleros y lo que se tercie. Uno de ellos, melenudo y pequeñito, era el que trataba de convencer a la gente de que se subiera al bus contra su voluntad. Saltaba del autobús en marcha, se acercaba a la acera y acechaba a la gente que estaba allí de pie. La mayoría le decían que no pero, sin embargo, acababan siempre subiéndose. La capacidad de persuasión del melenudo era de nota. Al lado, con aspecto de gángster perdonavidas, iba el que parecía el responsable. Él se encargaba de cobrar los pasajes. “Give me the money”, nos ha requerido en un tono de lo menos amistoso. Ya en Dumre empezaba la parte más complicada: adivinar cómo llegar a Bandipur. Dumre es una ciudad mediana en medio de la carretera central del país, a la que los turistas llegamos como paso previo, como escala obligada, para acceder a