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De la comida al arte callejero de George Town | Día 6

El arte callejero de George Town, en Malasia

No se trata de una adversativa, sino de una conjuntiva: George Town es comida y arte callejero. Son los dos pilares que le dan fama, los dos motivos principales —que no únicos— por los que la ratio de turista por local es fácilmente de 1/4. En el centro de la ciudad, en su corazón histórico, el malayo está en desuso a favor del inglés, idioma cooficial en el país y de empleo común en las transacciones con los muchos extranjeros. Más comida callejera en George Town Matrimonios que emigraron de algún lugar de China hace mucho tiempo abren cada noche su paradita en la calle Chulia, la más céntrica de George Town, y cambian con naturalidad del mandarín con el que se comunican entre ellos al inglés con el que explican a los torpes turistas qué es cada uno de los platos de la carta. No se están para tonterías, son muy chinos: solventes, rápidos y poco dados a las simpatías exageradas. Las recetas hongkonesas, taiwanesas y de la China continental compiten con algunos platos de hábito más local, quizás alguna parada con olor a especias de la India y nuestros favoritos: los palitos multisabor. Estos carros sirven de todo y son baratísimos: salchichas, verduras, huevo, pollo, cerdo, ternera, hígado, pescado, marisco. Basta con escoger unos cuantos y en el mejor de los casos, dárselo a uno de los chicos que manejan el cotarro para que te los cocinen. De lo contrario, toca ponerse el traje de chef y sudar la gota gorda al lado de unas cazuelas improvisadas con agua hirviendo. Adivinar en qué momento estará todo suficientemente cocinado es una aventura. El arte callejero y urbano de George Town Pero lo nuestro hoy no ha ido tanto de comida callejera, que también, sino de arte callejero. Eso sí, hemos vuelto a dormirnos. Eso ha implicado un cambio de planes sobre los planes previstos. En lugar de irnos a la otra punta de la isla a conocer un Parque Nacional que se comenta que es lo más, nos hemos quedado conociendo la parte de la ciudad que no vimos ayer. En el camino nos hemos cruzado con muchos turistas, malasios y extranjeros, que habían escogido el domingo para hacer lo mismo que nosotros: localizar el arte urbano que hay por toda la ciudad. Es maravillosa la manera en que grafitis, dibujos, murales y esculturas se integran en la normalidad de las calles de George Town. En cualquier esquina hay alguno, dándole vida a una pared que no la tenía. Son ilustraciones de la máxima cotidianeidad: niños en columpios, jugando a baloncesto y montando en bici, un hombre en un trishaw descansando, un carro de comida callejera… Y así muchísimos. La mayoría son obra de un lituano, Ernest Zacharevich, que ganó un concurso público para cambiar el rostro alicaído de las fachadas de la ciudad en un proyecto que se tituló ‘Espejos de George Town’. A la caza de los mejores murales Encontrar los murales es sencillo. Hay mucha gente que lleva un mapa, donde están todos señalados. Google Maps, como casi siempre, también ayuda, pues los tiene marcados. Pero es tan sencillo como empezar a caminar por la zona del centro y pararse cada vez que una multitud se junta en un rincón aleatorio. Es ahí donde con casi toda seguridad vas a encontrar alguno de los fantásticos dibujos. Es divertido no solo apreciar el ingenio de los murales, y el acierto de su emplazamiento, sino sobre todo interactuar con ellos. Porque se trata de composiciones en tres dimensiones, pinturas que se completan con objetos reales: motocicletas, bancos, canastas, sillas o bicis. Es una forma de recordarnos que el arte y la cultura están en todas partes, que todo puede ser arte y, sobre todo, que el arte debe formar parte de nuestras vidas. El arte urbano es una tendencia global, pero en muy pocos sitios tiene tanto sentido, y sabe relacionarse tan bien con la ciudad, como en George Town. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Cultura Nómada (@cultura.nomada)