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De costa a costa: de George Town a Kuala Terengganu | Día 8

El arte callejero de Penang

La idea de pasar de una costa a la contraria en un día suena a machada. Quizás en términos mexicanos, donde ir de Tepic a Veracruz se antoja una epopeya difícilmente irrealizable en un día. También a escala española, donde partir de Cataluña para alcanzar Galicia no lleva menos de doce horas. En su parte peninsular, Malasia ocupa el extremo final del continente asiático, en esa enorme masa de tierra que es Eurasia. Hacia abajo todo son islas. Por eso, Malasia se coloca entre el Mar de la China Meridional, al este, y el estrecho de Malaca, al oeste. Venimos de la parte del oeste, donde hemos pasado cuatro días con sus cuatro noches en la isla de Penang, en su capital George Town, de donde hemos pasado a Kuala Terengganu, la ciudad más importante de la costa este, punto de partida para alcanzar algunas de las islas más espectaculares de todo el Sudeste Asiático. Los buses de Malasia, nivel Champions League Pasar de una punta a otra del país quiere decir recorrer algo más de trescientos kilómetros y unas ocho horas de viaje. Nada que ver con la India o con Nepal, por eso. Es verdad que el gran corredor viario conecta con Kuala Lumpur desde cualquier lugar del país. Esas son autopistas maravillosas. En cambio, si la idea es transitar dos puntos que no son —ni de partida ni de llegada— la capital, entonces las carreteras solo tienen un carril por dirección y se vuelven un poco irregulares. Reiteramos: nada que ver con los saltos y los baches de los dos países que visitamos antes de llegar a Malasia. Por si fuera poco, las muchas compañías privadas de autobuses que existen tienen flotas modernísimas. Buses con wifi, televisión, asientos reclinables y hasta karaoke. Todo por unos 8 € el trayecto. Viajar así es un privilegio para el bolsillo, pero sobre todo para nuestras maltrechas espaldas. La calidad de los buses, y lo económico de los trayectos, se explica por la enorme competencia en el transporte. Ya no solo de carretera, sino también ferroviario y aéreo. Los trenes, cuentan, son rápidos y plácidos. Y lo más sorprendente: los vuelos internos son irrisoriamente baratos. Volar entre dos ciudades principales del país puede costar unos 15 €. Quizás por eso se entiende que los buses tengan que elevar la calidad de los vehículos y rebajar las tarifas. El que sale ganando es el usuario, y sobre todo el turista extranjero, al que todo le resulta tan barato pese a tan bonito. La transformación del país de George Town a Kuala Terengganu En dirección al este el país cambia poco a poco. El centro de Malasia es muy selvático, lleno de vegetación y eminentemente despoblado. El paisaje desde el bus es verdísimo, con pequeños montículos aquí y allá y apenas algún pueblito disperso. Atravesamos el país justo por debajo de la línea imaginaria que lo separa, al norte, de Tailandia. Esta zona, al parecer, es la más estricta en el cumplimiento de los preceptos islámicos. Aquí la mayoría es malaya. Los emigrantes, recientes y de segundas y terceras generaciones, se instalan preferentemente en el otro lado del país, en la costa oeste, donde se sitúan los centros urbanos más importantes. Los signos en la carretera se escriben aquí también en árabe. Kuala Terengganu es una ciudad sencilla, pero moderna. Tanto que dispone de un restaurante japonés baratísimo en el que hemos cenado sushi después de mucho tiempo sin comerlo. Antes, en la parada que hacíamos con el bus para comer, a eso de las 14.00 h, había un par de tienditas, un restaurante familiar en el que te atienden los hijos de los dueños, un par de baños de estilo turco y una sala habilitada para el rezo. Los que nos acompañaban en el bus se han descalzado y han entrado a esa mezquita de quita y pon. Una vez cumplida la plegaria, pasan por el baño y luego piden un plato del menú y se lo comen sin necesidad de cubiertos: mezclan el arroz con los vegetales y la salsa con la mano, lo recogen en un puñado y se lo comen. Quién sabe si se habrán lavado antes las manos. Les damos un voto de confianza: Malasia no es la India.