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Desconexión en las Kapas, un trozo del paraíso en Malasia | Día 10

Una de las playas de las Islas Kapas, en Malasia

El paréntesis de Kuala Terengganu valía la pena: las Kapas de Malasia son geniales. El plural es engañoso, porque pese a ser dos las islas, solo una se llama Kapas. La otra, Gem Island, es todavía más pequeña y mucho más exclusiva. Es complicado trasladarse desde la otra pantalla del ordenador —o peor aún, del móvil— hasta aquí. Las palabras solo pueden ser tentativas, inexactas y subjetivas, porque siempre lo son. Y las fotos con las que podamos acompañar el texto van a ilustrar sin acierto. Pero sirva este texto —tentativo, inexacto y subjetivo— y estas fotos —injustas— para tratar de que no solo nos lean, sino que también escuchen las olas rompiendo en la orilla, sientan la húmeda brisa marina, vean los pececillos y las rocas deformes de debajo del mar, huelan el intenso aroma a repelente de mosquitos, palpen con los dedos de sus pies la finísima arena y, cómo no, degusten una cerveza bien fría —acompañada de lo que sea— mientras el sol se esconde en este parte del mundo. Viajando con expectativas de las que desconfiar Llegar hasta las islas Kapas de Malasia es sencillo si se tiene bien estudiada una lección muy complicada. Pero la tarea del estudio previo es una parte divertidísima de los viajes. Uno imagina los lugares, los deforma en su mente, los idealiza —para luego decepcionarse— o menosprecia —sorprendiéndose después—. Les pone caras que después tienen rasgos distintos, se imagina barrios que son suburbios, emplea lógicas que son ilógicas. Porque los sitios empiezan a serlo antes de estar en ellos. Luego, ya estando, es el momento de contrastar las expectativas con las realidades. Y en ese encuentro, junto al recuerdo posterior, ese lugar se coloca en la mente de uno de una manera que no existe en ninguna otra mente. Por eso es bueno llegar a los lugares con las expectativas justas, dispuesto a dejarse sorprender, confiando —pero también desconfiando— de opiniones de conocidos, expertos y guías. Las Kapas de Malasia, un flechazo Kapas era una idea bonita, pero tampoco evocadora. Las fotos de internet no le hacen justicia. In situ, podemos decir que es un lugar idílico. ¿Qué debiera entenderse por idílico? Para el caso, una isla tranquila, con vocación ecológica, con un turismo poco invasivo, con unas playas de agua muy clara y muy caliente. El idilio, encima, es mayor si se consigue un alojamiento como el nuestro, el Kapas Turtle Valley Chalet: aislado, cuidado, con una playa privada, con unos bungalows pequeñitos pero muy bien arreglados, con una comida riquísima. Con el sonido del mar como telón único de fondo, con la vegetación rodeándonos por todos lados, con un wifi que no tiene que funcionar en el rato que promete que funciona. Con piraguas para hacer kayak y material para hacer snorkel. Así es imposible que las Kapas no te conquisten. Y nos han conquistado. La llegada hasta el paraíso malasio Llegar ha sido un poco show. Tomar un bus en Kuala Terengganu, llegar a Marang, otra ciudad de la zona, y partir desde su muelle hasta Kapas en una lancha que parece que vaya a naufragar en cualquier momento. Son solo veinte minutos entre la península y la isla. De hecho, las Kapas se ven desde la carretera principal, cuando todavía faltan varios kilómetros para llegar a Marang. Pero son veinte minutos en los que sientes que estás en una atracción que lleva mucho sin haber sido inspeccionada. La lancha nos deja en la playa privada de nuestro alojamiento, aislada de la zona del muelle principal. Hay que bajarse con una escalera que uno de los chicos que trabajan en el hotel se afana en colocar de manera aproximada. La imagen ridiculiza al más fotogénico. Ya en tierra nos hemos dedicado a tumbarnos en la hamaca, a recorrer de punta a punta la isla en solo 45 minutos, a meternos en el mar con un tubo para respirar y unas gafas para ver que la vida no es solo la que vemos: hay otra debajo del mar. Pececillos de colores, algas, piedras que se inventan formas imposibles, bancadas de peces que se asustan cuando invades su espacio, cangrejos que se suben a las rocas. Mañana, que será nuestro segundo y último día aquí, acabaremos de deformar las Kapas en nuestra mente, haciéndolas nuestras para siempre. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Cultura Nómada (@cultura.nomada)