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Kuala Lumpur, visita reincidente | Día 15

El monorraíl con una de las Petronas al fondo en Kuala Lumpur

No ha sido sencillo dejar Malaca atrás. No tanto por la ciudad, que tenía su interés pero no era el lugar más encantador que hayamos conocido. Pero sí por el hostal en el que nos hemos alojado los últimos tres días, el Yote 28, y que quisiéramos que tuviera una sucursal en cada una de las ciudades que nos quedan por visitar. Por ejemplo en nuestra segunda visita a Kuala Lumpur. Echando de menos el alojamiento de Malaca Era el alojamiento más limpio, arreglado, cómodo y curioso de todo lo que llevamos de viaje. Era un hotel de lujo, pero en hostal. Las camas eran comodísimas y las almohadas, más. Tanto que nos ha dado por buscar por internet la marca: 50 € al cambio cada una de ellas. Las hemos apuntado, por si hacen envíos hasta España. El desayuno —incluido en el precio— era muy completo. Tenían un dispensador de agua muy fresquita, y muy purificada, y cafés y tés de cortesía las veinticuatro horas del día. Además de dos PS4, una televisión enorme con Netflix, sillas de diseño, decoración de categoría, ordenadores nada baratos y una pulcritud que ni en el mejor de los hoteles. Con todo, era difícil de entender que el alojamiento haya estado medio vacío durante los tres días que hemos estado. Es cierto que era un poco más caro que la media de los hostales del país (unos 17 € por noche en una cama doble), pero la relación calidad-precio es insuperable. Cuando nos pregunten si merece la pena visitar Malaca, les diremos que se alojen en el hostal que nosotros nos alojamos. La ciudad será lo de menos. Cambiar de hogar cada dos o tres días no es sencillo. Cuando ya te has acostumbrado a un hostal y sitúas dónde está todo, es el momento de irse. A veces para bien, porque por cualquier motivo te incomodaba tener que dormir, desayunar y pasar algunas horas de asueto ahí. Pero a veces también para mal, como en el hostal de Malaca, al que ya añoramos desde nuestro nuevo hospedaje de Kuala Lumpur. A partir de ahora baremaremos la calidad de nuestros futuros alojamientos a partir del de Malaca. Segunda deseada visita a Kuala Lumpur Los tres últimos días en Malasia —que tanto nos está sorprendiendo, que tanto nos está gustando— los vamos a pasar en la capital, en Kuala Lumpur. Como ya hiciéramos en Nepal, le hemos dado la vuelta al país para acabarlo donde empezamos. De nuevo es por obligación logística, porque desde aquí sale nuestro vuelo el viernes. Pero también por querer caminar con más calma la ciudad, que tanto tiene y tan poco le conocimos cuando llegamos. Y pese a todo, volvemos a lo que nos gustó. Hoy hemos paseado por la zona más moderna de la ciudad, donde se reúnen decenas de restaurantes de lo más sugerentes en el barrio de Bukit Bintang, en Jalan Alor, la principal vía para degustar comida callejera en la ciudad. Un poco más adelante están los edificios enormes, los que te obligan a torcer muchísimo el cuello para encontrar su final. Y pantallas enormes como si estuvieras en Times Square o en Piccadilly Circus. Luces de neón, muchísima gente, cantantes en escenarios improvisados y el monorraíl cruzando el skyline, como si estuvieras presenciando el molde de las ciudades del futuro.