Mezquitas, jardines y las Torres Petronas | Día 16

Añorando nuestro hostal de Malaca, nos hemos despertado sudorosos en nuestro transitorio hogar en Kuala Lumpur. El aire acondicionado no funciona como debiera y parece que emita calor en lugar de frío. Aparte de eso, el desayuno es como el de todos los hostales de Malasia: escaso pero agradecido. Que te lo incluyan ya es un qué. Porque hemos pasado de no desayunar en la India —donde el concepto ‘desayuno incluido’ es una rara avis— a desayunar en abundancia en Malasia. No tanto por la variedad, sino por la cantidad. ¿Solo hay tostadas? Dame diez. ¿Zumo de naranja? Cuatro vasos, por favor, que necesito fuerzas para llegar a las Torres Petronas. Mejor comprarnos un traje que invitarnos a desayunar. Exportadores de kaya, la mermelada de coco malasia En el desayuno hemos redescubierto nuestro alimento favorito de Malasia: el kaya. Ya lo habíamos conocido antes, en otro de los hostales en los que nos habíamos hospedado. Pero entonces era solo una masa viscosa verde sin nombre. Ahora le hemos puesto nombre y composición: es una especie de crema de coco hecha a modo de mermelada. Está riquísima, tan dulce, y se come siempre untada junto a un poco de margarina. Cuando la probamos antes, su aspecto gelatinoso y su textura espesa no le hacían justicia a su sabor, endulzado y sabroso. Ahora que conocemos de qué está hecha, nos gusta todavía más; o, en realidad, simplemente podemos decir con certeza y sin reservas que nos gusta. Estamos pensando seriamente en adquirir un cargamento entero de kaya y exportarlo a España y a México. Puede que nos hagamos de oro y consigamos, así, poder viajar de verdad sin billete de vuelta. La mezquita Jamek y el Jardín Botánico de Kuala Lumpur Con el kaya en vena después de muchas tostadas, salíamos pletóricos de energía a seguir conociendo Kuala Lumpur. Ya habíamos visitado una parte de la capital de Malasia en los primeros días en el país. Con los imprescindibles conocidos, era momento de dejar que la ciudad nos mostrara su cara menos fotografiada. Para eso hemos pasado por la mezquita Jamek, que nos quedaba cerca del hostal. El lugar, poco suntuoso, impresionaba por lo austero de su interior. Tan distinto a las iglesias, siempre sobredecoradas. Para poder entrar nos ha tocado adecuar nuestra vestimenta a los códigos islámicos. Nos han prestado unos pantalones largos, para tapar las rodillas masculinas, y una túnica morada, para tapar todas las partes femeninas. Podríamos haber pasado por musulmanes si no hubiera sido por nuestras cámaras y por la camiseta de México. Después hemos dado un largo paseo por un enorme parque que esconde, en una de sus esquinas, un hermoso Jardín Botánico. Conforme uno se acercaba al corazón del parque los edificios desaparecían. Ha sido ahí donde hemos encontrado un animal al que todavía tratamos de poner especie. Era entre una lagartija gigante y un cocodrilo pequeño. Caminaba tranquilo, buscando el sol, posando para la cámara. Las Torres Petronas, la gran postal de la ciudad Ya por la tarde hemos vuelto a la zona de los rascacielos estilizados, donde por encima de todos los demás edificios sobresalen las Torres Petronas. Antaño los techos del mundo, ahora tienen que conformarse con ser los techos de Malasia. Presenciarlas de cerca impresiona. Especialmente de noche, cuando se empiezan a iluminar de arriba hacia abajo, poco a poco, mientras la luz natural deja paso a la artificial. Pasadas las 19.00 h una mezquita cercana invade el espacio sonoro. La llamada al rezo retruena y le pone una banda sonora contradictoria a la película. Es como que no acaba de resultar coherente la imagen de todos esos rascacielos con la solemnidad agónica del rezo musulmán. Para acabar de rematarlo, nosotros hemos decidido enrarecer un poco más el cuadro. Hemos pasado por un supermercado y nos hemos comprado unas cervezas —y un poco de pan y de queso— para disfrutar de la vista, y los sonidos, desde el parque que hay delante de las Torres Petronas. En cualquier caso, es la escena perfecta para entender la serena convivencia de todos los elementos que componen Malasia. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Cultura Nómada (@cultura.nomada)