El último nasi goreng para despedir Bali | Día 14

La nostalgia ya nos invade. Ya echamos de menos Bali, de la que nos despedimos con la promesa de volver a vernos. Al final, el Diario de Ruta de Indonesia ha sido solo de Bali. La isla de los dioses se ha endiosado con nosotros. Bali ha sabido agarrarnos con fuerza y al final, sin que nosotros quisiéramos, nos acabó soltando. Han sido dos semanas en las que Bali nos ha dado de todo, como también se lo hemos dado nosotros a ella. Cerramos nuestro ciclo en Bali comiendo nuestro plato indonesio preferido, el nasi goreng. Hubo días de todo y para todo: de larguísimas excursiones de jornada completa, de traslados entre ciudades, de descanso en una villa de ensueño, de admirar y enamorarnos de los arrozales. Y, cómo no, de comer mucho y muy bien. Teníamos el vuelo tarde, muy tarde. Tanto como que salía una vez acabado el día, a la 01.00 h de la madrugada. Por eso, hemos desayunado en nuestro homestay —echaremos tanto de menos los desayunados de Bali— y hemos ido a hacer tiempo. Vale que seamos entusiastas y fanáticos de la vida aeroportuaria, pero tampoco se trataba de pasarse más de medio día ahí. Aunque quizás nos habría salido más barato. Porque para hacer tiempo decidimos regalarnos algunos recuerdos. Cada uno de nosotros le había echado el ojo, desde hacía días, a un autorregalo. Hemos explorado Sanur en busca de ellos y los hemos encontrado. Un bolso y un vestido para ella y una camiseta balinesa para él. Antes ha sido el momento de pedir por enésima y última vez un nasi goreng. Ha sido el más descuidado, pero estaba igual de bueno. En realidad es una receta tan sencilla que cocinarla mal sería lo sorprendente. También, claro, nos hemos bebido nuestros últimos zumos de frutas. Hemos vuelto al hotel, hemos tenido un ridículo malentendido con el viejito que cuida la casa —por su escaso inglés y nuestro nulo indonesio—, hemos recogido las mochilas y nos hemos ido al aeropuerto. Allí, Bali saludaba a tantos turistas como los que despedía. El flujo de gente que llega a la isla es constante, de todos los colores, idiomas, procedencias, credos e intereses. Todos, seguro, se marcharán queriendo volver. Como nosotros.