Preparando el trekking hasta Inle | Día 11

El principio del día no podía haber sido más desalentador: el diluvio universal nos pilló tratando de entrar en nuestro hotel, el Country Inn, a deshoras. A las 04.00 h de la mañana llegamos a Kalaw, donde solo estamos pasando el día de hoy. Es el punto de partida habitual de una de las actividades preferidas de todos los que venimos a Myanmar, el trekking hasta Inle. Saliendo de Kalaw se organizan excursiones por el campo birmano que llegan hasta el lago Inle, uno de los tesoros del país. El paseíto no es poca cosa. Puede ser de tres días y dos noches o, para los menos atrevidos, de dos días y una noche. Sí, cuando se trata de hacer ejercicio preferimos no jugárnosla: nuestro trekking hasta Inle será el de dos días. Una oportunidad para conocer la Myanmar más rural La experiencia se comenta que es especialmente enriquecedora por la posibilidad de estar en contacto directo con la gente local que vive más apartada del ruido. Paseas por caminos entre aldeas, te maravillas con unas vistas espectaculares, conoces algunas de las etnias del país, compartes con ellos snacks y comidas y duermes al raso, con un futón y un par de mantas, en una casa cualquiera de un pueblecito cualquiera. Hay multitud de compañías y empresas que organizan la excursión. Nos hemos dejado aconsejar y hemos ido a tiro fijo a Ever Smile, una agencia bonita y barata. La única pega es que el viaje no es demasiado personalizado, porque los tours son siempre numerosos, de grupos de hasta doce personas. Pero a estas alturas del viaje, tratando de estirar las semanas y el presupuesto, cada kyat (la moneda birmana) cuenta y compartir experiencia con más gente, al final, es en sí una experiencia. La organización del trekking hasta Inle El plan es levantarse temprano para estar a las 08.30 h en el garito de la agencia, donde tienen montado un despacho pobretón y sin florituras que sabe hacer el apaño. Desde ahí, según nos contaba la chica de la agencia, nos desplazaremos una media hora en coche hasta el punto de inicio del trekking. Inicio nuestro pero continuación del resto del grupo. En principio, si no se unía más gente al plan de nosotros, tendríamos que juntarnos con un grupito de ocho personas que ahora mismo están pernoctando su primer día de caminata. El paseo será corto, porque un día y medio se pasa rápido, pero seguro intenso. Porque no vamos a disponer de luz ni de agua ni de internet. Tendremos que darle un vuelco a nuestra rutina acomodada europea para ajustarnos a las rutinas rurales birmanas. No parece mala idea desconectarse de todo un rato, sin tener que atender ni preocuparse de lo que pasa allí, en lo que podemos llamar casa. Nuestra preocupación es sin embargo otra. Después de cómo nos recibió ayer Kalaw tememos que los senderos de esta parte de Myanmar nos den una bienvenida parecida: pasada por agua. Por si acaso, nos hemos despedido del día con unas cervezas en el restaurante Bistro 29, que tiene las mejores vistas de Kalaw. Ya tendremos tiempo de preocuparnos.
Visitar Bagan, una experiencia memorable | Día 10

Nos resistíamos a abandonar definitivamente Bagan. Y las circunstancias parecía que nos daban la razón. Nuestra idea preliminar era hacer tres noches y dos días. Porque la primera noche, llegando como llegamos muy entrada la tarde, no iba a ser hábil. Encontramos la manera de alargar nuestra estancia hasta el último momento, de visitar Bagan todavía unas muchas horas más. La siguiente parada en la ruta birmana es Kalaw, en la zona centro-oeste del país, a unas ocho horas en bus de Bagan. Dos servicios de la compañía con la que estamos viajando todos los trayectos, porque es fantásticamente cómoda, conectan los dos puntos. El primero, el de las 08.30 h de la mañana, el que queríamos tomar en inicio, no tenía sitios disponibles. Lo que nos condujo a la tesitura de tener que escoger entre el servicio nocturno, saliendo a las 22.00 h y llegando a eso de las 06.00 h del día siguiente, o hacer una noche más para tomar el bus temprano al día siguiente. Un día más para visitar Bagan En cualquiera de los dos casos íbamos a poder disfrutar de un día más recorriendo en nuestra moto los senderos arenosos de Bagan, descubriendo a nuestro paso templos a los que hacía días que nadie llegaba. Escogimos el bus nocturno por ahorro en tiempo y dinero. Y acertamos de entrada, aunque al final nos íbamos a arrepentir un poco. Íbamos a dejar atrás Bagan de madrugada. El planteamiento de la jornada era parecido al del día anterior, aunque esta vez decidimos desestimar ver el amanecer. Tres días seguidos despertando a las 04.30 h, teniendo un bus nocturno por delante, no parecía la mejor de las ideas. Nos dimos un poco de tregua hasta las 07.30 h. Un poco más descansados que en los días anteriores salimos a hacer la primera parte de la ruta. El sol empezaba a pegar con fuerza y nos dimos dos horas de exploración, hasta las 9.30 h, para tomar luego el desayuno. Los templos desconocidos son los especiales Entre los 2.000 templos de Bagan están los más conocidos, los que todos visitan, los que se atestan de turistas, los que tienen a la entrada paraditas de vendedores locales, artistas vendiendo sus pinturas y niños tratando de engatusar a alguno de los visitantes para que se lleve una postal de recuerdo. Esos, tan majestuosos, tienen cúpulas enormes y vistosas. Por dentro son casi laberintos, con cuatro Budas gigantes siempre, uno encarando cada punto cardinal. Tienen luces artificiales y cámaras de seguridad. Por mucho que haya que visitarlos, y los disfrutes, y los admires, esos no son los templos que hacen de Bagan un lugar mágico. Hay que perderse por caminos de tierra impracticables y equilibrar bien la moto por pasillos resbaladizos de arena para llegar hasta los templos que de verdad te estremecen. Ahí está el espíritu de Bagan, en esos edificios que se caen a pedazos, rodeados de árboles y maleza. Entrar en esos templos es un viaje en el tiempo y una sacudida a los sentidos. El vello de los brazos se eriza cuando cruzas el umbral del templo y ves a cinco metros un Buda enorme en la penumbra. Alrededor, silencio, nadie más. Es un momento estremecedor de paz, lleno de incertidumbre. Hay que sacar la linterna y apuntar al frente. Esperas que en cualquier momento ese Buda, o cualquiera de los otros tres, se levante y empiece a aleccionarte. Pasear esos templos es una experiencia insuperable. La azotea de los templos Lo mejor es cuando te encuentras alguno que, además, tiene el acceso abierto a la segunda planta. A fecha de mayo de 2019 esto es un logro, porque la mayoría de templos grandes, los que tienen azotea, tienen puertas con enormes candados que evitan trepar hasta ellos. Conseguimos ser afortunados —y lo suficientemente intrépidos para desviarnos de los caminos más trillados— porque pudimos subirnos a tres templos; a razón de uno por día. En el primero nos echaron al amanecer, en el segundo justo antes del atardecer y del tercero nos echamos nosotros mismos por prudencia. Eso sí, antes le hicimos mil fotos y lo disfrutamos en silencio. Entendemos las razones que han llevado al cierre del acceso a lo alto de los templos. Es un ejercicio peligroso y que no estaba controlado. Y, sobre todo, es una manera de tratar de preservar el patrimonio en su estado más puro. Pero una de las cosas que hacen inolvidable visitar Bagan es conectarse con los templos desde sus azoteas y, desde ahí, otear la grandiosidad del lugar. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Cultura Nómada (@cultura.nomada) La generosidad de nuestros anfitriones Satisfechos por el enorme disfrute de nuestro último día en Bagan, tuvimos fortuna cuando los dueños del Look Myanmar Inn, nuestro hospedaje, nos cedieron una habitación para ducharnos. Haber afrontado el bus de madrugada sudadísimos y llenos de arena habría sido un horror. Otra razón más para que visitar Bagan sea memorable: la bondad de sus lugareños. Un primer bus, más pequeño, nos recogió en el hotel y nos paseó por toda la ciudad, como si necesitáramos volver a visitar Bagan por última vez, para recoger a los demás mochileros que iban a hacer el mismo trayecto. Entre ellos, no menos de una docena de uruguayos escandalosos y vacilones. A las 22.00 h puntuales salíamos de la estación de bus de Bagan. La llegada accidentada a nuestro nuevo destino Se suponía que llegábamos al menos a las 06.00 h de la mañana siguiente, y así se lo habíamos hecho saber al hotel Country Inn en Kalaw, que no pusieron pega alguna en que entrásemos a nuestra habitación nada menos que diez horas antes de lo que nos tocaba. El problema, sin embargo, ha sido el contrario al habitual. En lugar de atrasarse, el bus se ha adelantado mucho. Y hemos llegado a destino a las 03.45 h. En cualquier caso, íbamos a probar fortuna con el hotel, claro. No era plan de estar