Cat Ba, aroma isleño a las puertas de Halong Bay | Día 4

En nuestra planificación improvisada de Vietnam, construida día a día, hemos decidido no ir más hacia arriba de Hanói. Y muchos, la mayoría, lo hacen. La capital, de la que hemos salido encantados, está muy al norte del país. Pero más arriba todavía está la ciudad de Sapa, hacia el oeste, y la zona de Ha Giang, más al este. Ambas son paradas predilectas de los que buscan el encuentro con la naturaleza, con arrozales, montañas enormes y valles dramáticos. La primera más turística la segunda más alternativa. Para disfrutarlas bien, en cualquier caso, hay que estar dispuesto a hacer ejercicio. Nos decantamos por seguir nuestra ruta por Cat Ba, una de las puertas de entrada a Halong Bay. Los trekkings son la norma para la visita. En este punto del viaje no nos sentimos habilitados para hacer un segundo trekking de entidad. Las ampollas del anterior, del que hicimos para llegar al lago Inle desde Kalaw, apenas acaban de cicatrizar. Mejor nos evitamos reabrirlas. Además, de arrozales acabamos bien servidos en Bali. Nos pesa perdernos esos espectaculares paisajes, pero la logística para llegar y salir de Sapa y Ha Giang tampoco ayuda. Parece que los argumentos nos avalan. Lo dejamos en el debe para futuros viajes a Vietnam. Cómo visitar Halong Bay desde Hanói En el barrio antiguo de Hanói, donde todos los viajeros nos hospedamos, hay agencias de viajes a cada tres pasos. Son muy poco originales en lo que ofrecen. Todas, sin excepción, tienen el tour a Sapa de varios días y lo mismo —una excursión que puede ser crucero de varios días— para Halong Bay, el que seguramente es el punto más turístico y el paisaje más conocido de Vietnam. La bahía de Halong, una de las siete maravillas naturales del mundo, es el segundo destino lógico del país si se empieza desde Hanói —y si se desestima Sapa, como hemos hecho— y nosotros, nada originales, hemos optado por ser lógicos. Sí que nos hemos saltado, en cualquier caso, los tours con inicio y salida desde Hanói, que son los que escogen la mayoría. Los más precipitados salen y vuelven a la capital en el mismo día. La excursión, que incluye el bus hasta Halong, la excursión en barco por la bahía, el almuerzo y alguna actividad, cuesta unos treinta dólares. El precio es competitivo pero suena a odisea: cuatro horas de ida y otras cuatro de vuelta y entre medio, sin fuerzas para el disfrute, la excursión en barco por Halong Bay. Todo muy acelerado. Desestimado el crucero, mejor hacer base en Cat Ba Las otras opciones, las que ofertan la mayoría, son las de pasar al menos una noche en la zona. Puede ser en un hospedaje de la isla de Cat Ba, la principal y más desarrollada turísticamente de la zona, o anclados en algún punto del mar, en el mismo barco. Hemos leído muchas reseñas de viajeros desaconsejando los cruceros baratos por las pésimas condiciones de todo: el barco, las comidas, los servicios. Pero ante la opción económica siempre está la de lujo —y en medio, una enorme escala de matices—, con cruceros de ensueño de varios días en camarotes más grandes que muchos pisos del barrio barcelonés de Gràcia. Eso sí, una noche en ellos sale por el doble que un mes de alquiler en Barcelona. Habrá que posponerlo para cuando seamos ricos. Con todo este panorama apostamos por el do it yourself al que acostumbramos. Reservamos el transporte hasta la isla de Cat Ba y una vez aquí, esta mañana, hemos reservado la excursión de un día en barco. Eso sí, no navegaremos la bahía de Halong todo el rato, solo la veremos de lejos. El paseo nos llevará por Lan Ha Bay, que está al ladito, tiene los mismos paisajes que Halong, pero menos turistas. O eso nos han vendido. Hay una tercera opción, más alejada y por eso más exclusiva: Bai Tu Long Bay. El último desayuno en Hanói Para conseguir un precio decente para el transporte hasta Cat Ba pusimos en práctica nuestras dotes regateadoras. Las hemos utilizado poco desde la India. Le ahorramos al precio un euro por cabeza, que no es poco. Especialmente en Vietnam, donde eso da para cuatro cervezas. El bus nos ha recogido en nuestro hotel a las 08.00 h de la mañana. Nos ha tocado pasar por el último pelotón de fusilamiento dialéctico en el hotel de Hanói, en el Classy Boutique Hotel. Bajar por el ascensor era esperar la mejor-peor bienvenida: “Buenos días. ¿Cómo están hoy? ¿En qué puedo ayudar? ¿Necesitan algo?”. Qué tortura, qué pesados. Nos han quitado las mochilas para dejarlas dos metros más allá. ¿De verdad es necesario? Deberían reconsiderar su concepto de hospitalidad. Una mujer que estaba desayunando al lado nuestro cortaba las preguntas con respuestas monosilábicas seguidas de un “gracias” muy indicativo. Su acompañante siquiera respondía. A nosotros nos temían porque nos veían como la amenaza para su impecablemente falseada nota en Booking. Estuvimos muchas horas sin aire acondicionado. Para compensar nos han regalado café vietnamita y una cafetera. No saben que el problema no es que el aire acondicionado no funcionara un par de horas, sino que nos hubieran engañado autopublicándose reseñas en Google y Booking con valoraciones excelsas. Uno, que es un observador exagerado, se dio cuenta. El hotel no es lo que parecía en las fotos ni lo que rezaban las reseñas. Y por mucho que la estancia fuera correcta, ahora es momento de devolverles el gol que nos metieron. Un empate justo. Cat Ba, una isla mochilera y festiva Lo peor de todo es que hemos llegado, en Cat Ba, a un alojamiento notoriamente peor que el anterior: el Cat Ba Backpackers. Pero aquí sabíamos a lo que veníamos: a un hostal de batalla lleno de jovencitos con el pavo viajero. Es festivo en Vietnam y la isla es el destino que escogen muchos locales para pasar el fin de semana. Por eso nuestro bus estaba esta mañana atestado de