Por la sombra para conocer la Ciudad Imperial de Hue | Día 11

El verano ya llegó, y a Asia con más fuerza. “En invierno hace frío, llegamos a veinte grados”, nos decía esta mañana uno de los chicos que trabajan en el Purple Hue BnB Central Hub, en el que nos alojamos en la ciudad, a la vez que nos explicaba cómo visitar la Ciudad Imperial de Hue. Mejor no le contamos que en Barcelona cada muchos años nieva, y que nuestro frío —que a veces es muy frío— es en realidad una cálida jarana comparado con el frío —que ese sí que es de verdad, del de dobles dígitos bajo cero— de nuestros vecinos nórdicos, por ejemplo. Raro es el país de la zona que tiene invierno de verdad, del de chaqueta y bufanda. Aquí los inviernos son de manga corta y los veranos, de cocinarse en el asfalto. En esas andamos desde Myanmar. En Hue, donde estamos desde anoche y seguiremos hasta mañana, el día empieza con 36 grados a las 06.00 h de la mañana y sigue hasta los 42 en el punto en el que sol más quema, a eso del mediodía. La sensación térmica supera los 50 grados. Y nosotros, echando de menos que alguien invente el aire acondicionado portátil. Los chinos gastan un ventilador portátil menudito que se van paseando por la cara. Remover el aire recalentado no parece la solución al sofoco, pero sí un paliativo aceptable. El invento chino se lleva aquí en Vietnam. Vietnam y su semejanza con China Aquí, de hecho, se lleva mucho todo lo chino. Vietnam se parece a China, o se esfuerza por parecerse, o la obligan a parecerse. O todo a la vez. Como en el todopoderoso vecino de arriba, Vietnam es un país comunista de boquilla. Aquí la empresa privada emprende mucho y muy bien, y el dinero corre rápido. Ambos son países despiertos, organizados en su desorden asiático, pujantes y modernos. A ojos extraños, de europeo bien acostumbrado, Vietnam es cómodo, tranquilo y desarrollado. Eso sí, tiene ese puntito necesario de chispa, de confusión y anarquía, de canallismo, para que no resulte aburrido… como sí lo es Japón —tan puntual, tan ordenado, tan estructurado—, por ejemplo. A falta de aire acondicionado portátil nos conformamos con el aire que corre en nuestra moto. Seguimos alquilándola día a día para pasear todas las ciudades. En Vietnam es el vehículo que mejor te lleva a los sitios sin depender de nadie. Hoy nos ha tocado doctorarnos. Por primera vez conducíamos en una ciudad de verdad, con avenidas grandes y muchas más motos cruzándose por todas partes. Hemos superado el examen práctico con nota: hemos llegado sanos y salvos al hotel. La visita a la Ciudad Imperial de Hue Lo hemos hecho después de un día en el que hemos visto Hue por la mañana, que nos ha gustado solo un poco menos que por la noche. Esta ciudad mediana del centro del país es la antigua capital del estado, donde vivían y mandaban los emperadores. Por eso la visita principal es la de la Ciudad Imperial de Hue, un inmenso recinto en proceso de constante reconstrucción. La antigua ciudad de los emperadores vietnamitas está amurallada en todo su enorme perímetro y tiene cuatro puertas de acceso, que en realidad es solo una. La principal, donde venden los billetes, es por la que hay que entrar. No vale intentar colarse por la trasera ni las laterales. Sí, culpables: lo hemos intentado. “No, no vayáis, no es interesante”, nos decía un vietnamita aleatorio, que nos ha visto perdidos tratando de ubicar nuestro destino. Y exageraba, a medias. La visita ha a la Ciudad Imperial de Hue sido sin duda interesante. Pero los lugares históricos pierden en interés y emoción cuando no te los explican y, sobre todo, cuando hace tantísimo calor que lo que más te preocupa es encontrar la sombra que mejor te cobije. En cualquier caso, le hemos hecho muchas fotos a la ciudadela imperial y le hemos encontrado cierto encanto arquitectónico. Especialmente en sus puertas. Alguien es un poco fanática de las puertas. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Cultura Nómada (@cultura.nomada) Comida y café antes de un poco de dark tourism A un par de pasos, en la taberna Banh Koai Hong Mai, hemos comido dos de las especialidades de la zona: unos rollitos de cerdo con verduras y un pancake de arroz. La comida vietnamita no deja de sorprendernos para bien. Nos hemos forzado a esperar a que el sol calentara menos aceptando la recomendación del chico del bed & breakfast: una cafetería que sirve café salado, el Ca Phe Muoi. Estaba todo lo bueno que puede estar un café con hielo con leche condensada y con sal. Un invento genial. A los vietnamitas el café se les da de maravilla. Con un poquito de cafeína en el cuerpo para darle ritmo al turisteo, hemos conducido media hora hasta las afueras de la ciudad para practicar un poquito de dark tourism (dícese del turismo que se relaciona con tragedias, muertes, catástrofes o desgracias). Leíamos que ha ganado últimamente en popularidad, entre la comunidad mochilera que pasa por Hue, la visita a un parque de atracciones abandonado. Ahí es donde hemos pasado la tarde. El parque de atracciones abandonado de Hue El complejo está cerrado al público pero manejado por un grupito de mafiosillos que te cobran un euro por entrar a un lugar que no se puede entrar. Después de pasear por el monte un cuarto de hora se llega a la entrada al parque. A lo lejos un enorme dragón, otrora atracción acuática, te confirma que la visita va a merecer la pena. El lugar tiene encanto decadente por su aspecto apocalíptico. Parece que los zombies han pasado por aquí y no han dejado nada en pie. Dentro de la enorme estructura de dragón hay cristales rotos… y mucha basura. Se ha convertido en el lugar de encuentro oficial de los adolescentes vietnamitas para hacer el botellón. Las paredes están llenas