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La tumba del emperador vietnamita | Día 12

Escaleras y puertas que conectan estancias en la tumba del emperador vietnamita en Hue

En la ciudad más regia de Vietnam, la de los emperadores y las tramas cortesanas, nos tocaba gastar nuestro segundo día rindiendo pleitesía a un hombre que ya no existe, visitando la tumba del emperador vietnamita. En Hue hay diseminados por toda la ciudad media docena de mausoleos enormes, construidos en su día para que los vasallos vietnamitas honraran la memoria de sus gobernantes reales. Ahora son pocos los vietnamitas que acuden al llamado del recuerdo de su historia. En cambio, somos los turistas extranjeros, ajenos a todas esas tramas y genealogías, los que sí vamos a ver dónde descansan esos hombres —porque no hay emperatrices— que un día mandaron en Vietnam. Es al final tan extraño esto del turismo. Por qué acudimos a estos lugares históricos, con qué tipo de afán. Llegamos la mayoría a Vietnam sin saber que existió un imperio con emperadores, y nos marcharemos habiendo olvidado el nombre de aquellos a los que visitamos en sus exclusivos y lujosos cementerios. Habría que hacer autocrítica, acercarnos mejor a los lugares, dedicarle más tiempo a entenderlos, prepararlos a conciencia. Conociendo la tumba el emperador vietnamita Tu Duc Reflexiones al margen, hemos decidido visitar el mausoleo de Tu Duc, donde está la tumba del cuarto emperador vietnamita de la dinastía Nguyen, que reinó entre 1847 y 1883. ¿Por qué la tumba de Tu Duc y no cualquier otra, o todas a la vez? Porque no queríamos gastarnos 100.000 dongs (unos 4 €) por cada una de las tumbas a visitar; y porque vista una tumba, entendido el concepto de todas. Además, esta, la de Tu Duc, se comenta que es la más bonita, grande y disfrutable. Y nos hemos fiado de las reseñas de Google, de los comentarios blogueros y de las directrices de la Lonely Planet. Que no nos suelen fallar, por otra parte. Y no nos han fallado. La tumba del emperador vietnamita Tu Duc no es una tumba, es un enorme recinto con edificios, jardines, lagos, puertas, más puertas, muros y estatuas. Porque Tu Duc, que seguro que hizo mucho por Vietnam, merece que su memoria se honre de manera acorde a su desempeño imperial. Paseando por el magnífico complejo imperial El mausoleo es ciertamente bonito. Es abierto y amplio. Sabe mezclarse con la naturaleza del entorno. La arquitectura de los edificios es sobria pero elegante, con tonos amarillos, azules, marrones y naranjas, complementándose bien con el tierra de la tierra, con el azul del cielo, con el verde de los árboles. Darle la vuelta al complejo, llegar hasta la tumba, volver hasta la zona del lago y encarar la salida lleva fácil una hora. Esto sin pararse media hora en cada esquina a fotografiar cada detalle. Así hemos empezado nosotros solo entrar: foto aquí, foto al dragoncito, foto a la puerta, foto al lago, foto a la isla artificial, foto, foto, foto. Como ayer, el calor era de justicia y las fotos, por mucho que nos guste tomarlas, de momento no nos quitan el calor. Por eso le hemos dado un receso al modo fotógrafo y hemos acelerado. Hemos escuchado entonces a una pareja española interpelar a su guía sobre Tu Duc. El guía, canoso y con una barba a lo Ho Chi Minh, hablaba castellano con acento andaluz. ¿Habrá vivido en Granada? Nos hemos enganchado al grupito a una distancia prudencial. Los andaluces y sus pruebas nupciales Había pocos turistas, y no queríamos ser muy obvios. Pero lo de poder atender a un par de datos históricos que nos dieron contexto —¡y encima gratis!— se antojaba de lo más entretenido. Los chavales, treintañeros, andaban de viaje pre-nupcial. En una de las salas te daban la oportunidad de vestirte como Tu Duc y su esposa, para hacerte una foto en el trono imperial. La broma salía por 270.000 dongs (unos 10 €). “Hostia, Vane, vamos a hacernos la foto, así ya matamos una de las pruebas”, le decía él a ella. Se ve que estaban haciendo una yincana de retos que les habían mandado los amigos antes de las nupcias. La chica se ha acercado a nosotros y nos ha pedido si podíamos hacerles un par de fotos de esa guisa. Le hemos contestado en castellano a su pregunta en inglés. Con la complicidad del idioma se ha confesado: “Es que nuestro guía hace muy malas fotos”. Nos lo ha dicho bajito, para que el doble de Ho Chi Minh, que andaba discutiendo el precio de la sesión, no le escuchara. Les hemos hecho las fotos pre-nupciales gratis, era lo mínimo que podíamos hacer tras habernos aprovechado de su guía. Cena mexicana para darle una pausa a la gastronomía vietnamita Después de un par de horas conociendo cómo de bien descansa Tu Duc, teníamos más ganas de visitar a muertos. Esto es un decir. El caso es que siguiendo con la línea de ayer, cuando conocimos el parque acuático abandonado, hoy queríamos dárnoslas de viajeros alternativos visitando el que dicen que es el cementerio más bonito de Vietnam. Bonito no parece el calificativo que deba acompañar al sustantivo cementerio. Pero aquí, en Vietnam, los cementerios son de verdad bonitos. Cada tumba es una pequeña pagoda, un pequeño templo que honra la memoria de esa persona. Nos hemos animado pero solo un rato. El cementerio estaba a una hora de coche, lo que implica al doble de moto. No llevábamos ni un cuarto de camino y nos hemos dado la vuelta. La carretera era una calzada principal, en la que pasaban muchos camiones dando bocinazos. Por mucho que tratáramos de ir a nuestro ritmo, lo cierto es que somos todavía novatos en el arte de conducir motos. Hemos optado por ser conservadores. Vuelta hacia la ciudad, comida-merienda-cena en el restaurante mexicano Why Not? —porque necesitábamos un paréntesis de comida vietnamita— y a descansar pronto, que mañana toca madrugar para seguir bajando por Vietnam.