De paseo por la ciudad de Ho Chi Minh | Día 19

Cambiarle el nombre a una ciudad para ponerle el de un héroe nacional suena a paranoia iconólatra. Ho Chi Minh fue el salvador del Vietnam moderno. Por eso, le pusieron a la ciudad más poblada del país su nombre: Saigón ahora es oficialmente la ciudad de Ho Chi Minh. Y es una pena, porque su antigua denominación es mucho más bonita. Pese a que el cambio se hizo efectivo hace más de cuarenta años, los vietnamitas todavía utilizan la modalidad antigua para referirse a la ciudad. En la práctica, da lo mismo referirse a ella de una manera o la otra. Desde ayer, Saigón, la ciudad de Ho Chi Minh, es nuestra última impresión de Vietnam. La primera fue su hermana capitalina, Hanói, que nos encantó. Saigón es parecida pero en realidad distinta. Mucho más sureña, mucho más desenvuelta, mucho más ajetreada. Quizás por culpa del millón de habitantes de más, y de los muchos miles de motocicletas de más. Pasear Saigón es padecerla, es temer por que tus pies no acaben arrollados en cualquier momento. O peor, que acabes atropellado. Entrenados a las lógicas de Vietnam Aterrizar en Saigón y que sea la puerta de entrada al país debe ser una continua angustia. Para nosotros no lo es tanto. Estamos más o menos acostumbrados a los delirios de Vietnam y a su tráfico perturbado. Ya sabemos cruzar sin miedo utilizando la técnica local. Se trata de caminar con decisión pero sin prisa, mirando a todos los lados, alzando un brazo para hacerse notar. Las motos pasan a tu alrededor, consiguen sortearte con naturalidad. Blasfemas en castellano de mientras, eso sí: “Dios. No. Y una hostia”. Pero todo pasa rápido. En cualquier caso, aquí no nos atrevemos a pasarnos al otro lado. Conducir una moto debe ser un ejercicio de tensión continua por el que hemos decidido no pasar. Por eso, nos toca caminar. Y mucho. Por suerte, y pese a lo enorme que es la ciudad, todo lo que es de interés se concentra en su Distrito 1. Aquí está nuestro hostal, con una habitación que tenía que ser de nueve pero es solo para nosotros, y aquí están todos los lugares que vamos a tratar de visitar en estos dos días. Hoy hemos empezado el día probando nuestro primer café con huevo. Y ha sido una rareza de lo más disfrutada. El café adquiere una textura cremosa de lo más rica. Luego hemos visitado la calle de los libros, la oficina de correos —que tiene un rostro enorme de Ho Chi Minh en su pared principal— y el mercado de Ben Tanh. Aquí hemos comido vietnamita a lo local. También nos hemos visto obligados a ignorar a los insistentes vendedores, que ofrecen souvenirs de lo menos originales. Saigón es fanática de los chaparrones perecederos. Hoy nos han tocado dos. Son muy intensos durante diez minutos, pero luego se desvanecen como si nunca hubiera existido. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Cultura Nómada (@cultura.nomada)