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Baščaršija, donde la historia bosnia pasa | Día 1

El barrio de Baščaršija en Sarajevo - Viajar a Bosnia y Herzegovina

Nuestra anfitriona en Sarajevo, cerca del barrio de Baščaršija, una mujer bosnia muy alta y con un inglés germanizado, nos hizo ayer un par de recomendaciones sobre la ciudad. Nos explicó que teníamos que comer en el restaurante Zeljo el plato más típico del país, el ćevapi, una suerte de salchichas hechas a la parrilla que se sirven con cebolla y una especie de pan de pita. También nos recomendó hacer un tour guiado con los chicos de la compañía Meet Bosnia, una agencia local. Cuando peinábamos muchas menos canas, éramos unos habituales de los free walking tours, que en la mayoría de grandes ciudades son el mejor atajo para aterrizar rápido y seguro en el destino. Con cuatro datos, tres explicaciones y un paseo por los principales monumentos uno hace acopio de lo indispensable para dárselas de experto en la ciudad cuando vuelva a casa. Leila, la guía bosnia que aprende español con telenovelas La calidad de estos paseos es siempre directamente proporcional al carisma del guía. No importa tanto que sepa mucho, basta con que lo parezca y, sobre todo, con que sepa conectar con los que lo escuchan. Leila era la chica bosnia que nos ha recibido y nos ha acompañado. Lo ha hecho en un impecable español aprendido, según ha confesado, gracias a las telenovelas colombianas y con un inventario de bromas de lo más conseguidas. Además, tenía una risa contagiosa y todo lo que ha explicado era interesante y ciertamente didáctico. Han sido unas dos horas de recorrido por Baščaršija, el barrio del centro histórico de Sarajevo, donde todo ha pasado y pasa en esta ciudad. Leila nos invitaba a dárnoslas de sabelotodos, anticipando su explicación con unos segundos de silencio, con una pregunta al aire. Así, el cuñado que todos los españoles llevamos dentro salía a relucir. Éramos una veintena de personas las que integrábamos el grupo, el 80 % de origen español. Y de ellos, tres o cuatro parecían querer competir por ser el que más sabía, el que más incordiaba y el que más preguntas raras por minuto podía hacer. La curiosidad de alguno de ellos no tenía límite. Nosotros, discretos como de costumbre, contestábamos por lo bajini como para demostrarnos que ese Trivial podríamos al menos competirlo. Baščaršija: el mejor reflejo de la realidad del país El centro de Sarajevo son un puñado de calles atestadas de restaurantes, cafés y tiendas. Además, es el mejor reflejo de la poliédrica identidad de la ciudad: con sus varias mezquitas, su iglesia ortodoxa, su iglesia católica y una sinagoga. «Somos la Jerusalén de Europa», nos decía orgullosa Leila. En un país sumamente complejo religiosa y étnicamente como Bosnia y Herzegovina, la capital es un oasis de convivencia normalizada, tranquila. Según explicaba, Bosnia y Herzegovina es un barullo de regiones, identidades, sentimientos nacionales, pertenencias y reivindicaciones. El país tiene tres presidentes, uno por cada una de las etnias mayoritarias (serbia, croata y bosniaca-musulmana). Además, está compuesto por dos grandes entidades territoriales (la República Srpska por un lado y Bosnia y Herzegovina por el otro) que a su vez se dividen en varias subregiones. Por si fuera poco, el nombre del país identifica las dos regiones históricas que compusieron originalmente el país. Una historia compleja y llena de capítulos A todo este lío de nacionalidades y orígenes se le suma la naturaleza de la ciudad como territorio de disputa. Por aquí pasaron los otomanos y dejaron como legado la baklava y su café turco (mejorado con el tiempo en café bosnio), además del islam como religión mayoritaria. Después llegaron los austro-húngaros, responsables de que muchos de los edificios de la ciudad —y entre ellos el ayuntamiento— tengan su característica arquitectura señorial aunque mestiza. Más tarde Sarajevo fue el origen de la primera gran guerra, en 1914, cuando un grupo de nacionalistas serbios mató al archiduque austrohúngaro Francisco Fernando en una de las calles de Baščaršija. Leila ha explicado que el asesino es un héroe serbio y para los muchos serbios que viven en Bosnia. Por eso, el tema es un quebradero de cabeza constante para los políticos, que renombran puentes y reescriben placas para no herir sensibilidades. Ese fue el primer momento en el que los focos de todo el mundo apuntaron a Sarajevo y a Baščaršija. Luego, Leila ha hablado de Tito, el líder-dictador socialista que unificó Yugoslavia. Nos ha contado que sus padres recuerdan esa época con nostalgia, por lo bien que estaban ellos y lo mucho que creció el país. Fue el momento en el que todos los eslavos del sur se sintieron parte del mismo territorio. «Entonces teníamos una sanidad pública impecable, ahora tengo que esperar seis meses para que me atienda un especialista», ha asegurado. La muerte de Tito hizo aflorar nacionalismos hasta entonces dormidos y eso llevó —según cuenta la historia oficial, que seguro omite injerencias e intereses— a la Guerra de los Balcanes. Durante esa época, Leila nació, en 1993. No recuerda nada, pero fueron días muy difíciles, especialmente durante el sitio a la ciudad de Sarajevo que duró casi cuatro años. Ahí Sarajevo volvió a protagonizar los titulares de los periódicos de todo el mundo. Leila dice que pasaron todo ese tiempo consumiendo solo lo más básico y muchos cigarrillos. Los bosnios son grandes fumadores y el tabaco, incluso en tiempos de guerra, no podía faltar. Después de la historia, la comida en Baščaršija Leila nos ha hablado también de la matanza de Srebrenica y nos ha indicado que en la ciudad hay varios museos dedicados a la memoria de los más de 8.000 fallecidos. Entre tantas guerras y matanzas, Sarajevo fue gran protagonista global una tercera vez, esta vez por fin para bien: en 1984 acogió los Juegos Olímpicos de invierno. La guía nos ha hablado con orgullo de ese momento como si de una evocación imposible de repetir se tratara. Nos ha enseñado al lobo que hizo de mascota y nos ha invitado a que conozcamos las instalaciones que se construyeron para la ocasión. Dos horas