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Excursión hasta Turkestán desde Shymkent | Día 8

El mausoleo de Turkestán

Más allá de Almaty y Astaná, que eran paradas innegociables en la ruta por Kazajistán, los días de vacaciones daban para añadirle una tercera pata al itinerario. Después de hacer un análisis de alternativas, intereses y logística, Shymkent fue la ciudad finalmente escogida como base de esta tercera parada. Además, la excursión hasta Turkestán desde Shkymkent parecía un plan inmejorable. Más allá de ser la tercera ciudad más poblada del país —y eso a uno, que es bicho de ciudad, ya lo tenía medio convencido—, visitarla servía para añadirle una excursión exprés de día a la ciudad de Turkestán, que es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y acoge uno de los grandes monumentos históricos del país: el mausoleo de Khoja Ahmad Yasawi. Kazajistán y su búsqueda de turistas En cualquier caso, gran monumento e histórico no son sinónimos de turístico en este país, porque el turismo es apenas local y los extranjeros llegamos con cuentagotas. Se nota que el país está tratando de darse a conocer, porque tiene muchísimo que ofrecerles a todos los tipos de turistas. De momento, eso sí, el encanto de Kazajistán radica precisamente en su ausencia de turismo masivo y en las vicisitudes viajeras que ello implica. Es verdad que existen algunos tours, muy pocos, que hacen algo parecido a una excursión hasta Turkestán desde Shymkent. Incluyen un recorrido con guía de la parte histórica de la ciudad de Turkestán y vuelta a Shymkent. Pero la mayoría son para locales y es difícil desentrañar en qué fechas los organizan o qué hay que hacer para reservar. Excursión en mashrutka hasta Turkestán Por eso, el viajero independiente se encuentra en la divertida coyuntura de hacérselo todo él, acudiendo a reportes de otros viajeros independientes anteriores y confiando en la bondad de los locales. La excursión hasta Turkestán desde Shymkent es una prueba para sacarse el carnet de viajero. Primero hay que tomar un bus urbano a una de las muchas estaciones de bus interurbano que tiene Shymkent. Este era el primer reto, porque las informaciones eran contradictorias: algunos viajeros habían tomado su mashrutka desde la estación de Samal y otros desde la de Bekzhal. Al final he visto que daba un poco lo mismo, porque tanto desde la una como desde la otra salen y vuelven estas furgonetas en las que sobra la gente, falta el espacio y se echa mucho de menos el aire acondicionado, especialmente en el calurosísimo verano de esta parte del país. Así pues, he llegado a la estación de Samal y rápidamente me ha asaltado un conductor: “Hello, hello, Turkestán”. Le he dicho que sí, como si en realidad me llamase yo Turkestán y me hubiese dado por aludido. Y en estas me sube a la parte trasera de la mashrutka y consigue completar el pasaje. El transporte más económico y local Estas furgonetas de hasta doce plazas son un medio de transporte todavía muy habitual en muchos países exsoviéticos para distancias medias. Son muy económicas y aseguran una experiencia de lo más local. El trayecto de ida de unas dos horas me ha costado 3 €, pese a los esfuerzos del cobrador —que no era el mismo que el conductor— por hacerse el loco cuando le he dado un billete de 5000 tenge y no me daba los 3500 que me debía. Me ha visto cara de ser de letras y me ha devuelto 2500 en lugar de 3500. El segundo intento de engañarme tampoco ha colado, y le he dicho que era de letras pero que no era tonto, sin que me entendiese, y finalmente todo arreglado. Si en España tenemos bizum para todo, aquí tienen kaspi. Por lo que he podido experimentar en esta semana larga de viaje por Kazajistán es un equivalente casi perfecto de nuestro bizum para hacer transferencias instantáneas a un teléfono móvil. “Kaspi, kaspi, kaspi”, así le decían las viejitas que le iban a pagar el trayecto al cobrador. Uno esperaba de Kazajistán un país en el que imperara todavía el efectivo, pero nada más lejos de la realidad. Doscientos kilómetros en la excursión hasta Turkestán desde Shymkent La tarjeta es aceptada en casi cualquier lado, aunque en realidad los terminales que utilizan muestran también un código QR a través del que pagan la mayoría de kazajos con su móvil, seguramente a través de la aplicación de kaspi, que además de método de transferencia es un banco. Casi doscientos kilómetros separan Shymkent de Turkestán, pero el trayecto es bastante rápido porque los conductores son expertos en evitar al máximo la demora. Uno no sabe cómo, pero ponen esas furgonetas a 120 y a 130 por la autopista, y solo se ven obligados a reducirle la velocidad cuando se cruza alguna vaca o cuando divisan a lo lejos una patrulla de policía. Aunque la furgoneta acaba su trayecto en una estación, el conductor no tiene problema en ir dejando a los pasajeros por el camino en función de su destino y conveniencia. Con la ayuda de otro de los pasajeros he conseguido bajarme justo delante del mausoleo, alrededor del cual tienen montado en Turkestán todo un gran ensamblaje turístico, con tiendas, centros comerciales y restaurantes. Todo se ve novísimo, como acabado de estrenar, y se siente que están ahora en fase de estudiar cómo explotar la inversión. Alrededor del mausoleo hay un puñado de monumentos más que hacen que la visita sea de lo más sencilla, pues no hay necesidad de grandes desplazamientos y todo se puede conocer a pie. Eso sí, buscando las sombras, con una buena dosis de protector solar y con una gorra y gafas para paliar la fuerza del sol. El mausoleo de Khoja Ahmed Yasawi Vuelvo a ser el extraño entre la masa de turistas kazajos. Pocos más han decidido ir de excursión hasta Turkestán desde Shymkent. En la parte de la ciudadela, llegando al mausoleo, una pareja mayor de turistas occidentales está haciendo fotos de todo al lado de su guía privado. Más adelante, un chaval de