Inmersión total en Singapur: una visita al médico | Día 4

El segundo día lectivo lo protagoniza un entusiasta trabajador de Disney, responsable financiero de la región y también profesor a tiempo partido en la universidad. Tiene 35 años y una energía que no se le acaba. Nos habla de todo un poco y la parte más interesante de la sesión es cuando deja de lado la presentación que trae y se dedica a entender las inquietudes de los estudiantes. La tarde nos depara una visita al distrito de emprendimiento de Singapur, el LaunchPad, donde se encuentran incubadas gran cantidad de startups. Es una especie de 22@ más cutre y sin la Torre Agbar (esta referencia solo la entenderán seguramente los barceloneses, disculpas). Y después, sin esperarlo, vendrá la inmersión total en Singapur. Singapur vive en nuestro futuro En esta zona también están las oficinas de los principales conglomerados de comunicación del país. “El gobierno del país decidió trasladar aquí los estudios de los principales medios, con el objetivo de poder defender esta zona en caso de conflicto bélico”, cuenta Ivan, el trabajador de Disney, que nos acompaña durante toda la jornada. Parece que en esto Singapur y el resto de los países del mundo coinciden: saben de la importancia del control de los medios para transmitir el relato que interesa. Un par de emprendedores explican sus emprendimientos y hubieran agradecido que Ivan les prestara un poco de entusiasmo. Su discurso es monótono y los estudiantes empiezan a inquietarse. Visitamos algunas zonas del distrito y un par de curiosidades, como la cabina para amamantar, a la que solo pueden acceder las madres. ¿Y cómo sabe la cabina que la que accede es madre? Porque lo pone en su Singpass, una identidad digital que recoge todo lo que son, lo que hacen y lo que deshacen cada uno de los singapurenses. De nuevo, Singapur allanando el camino para lo que nos vendrá. Una visita al médico Cuando ya estamos acabando la visita, una de las estudiantes nos advierte de que algo le ha picado en la mano. Explica que se sienta algo mareada y que la mano y el brazo se le duermen, que siente hormigueo. Se lo comentamos a Chong, el diligente y risueño trabajador de la universidad local que hoy también nos acompaña, y su cara es de preocupación, lo que evidentemente alarma a la pobre alumna. De vuelta al hotel en bus decidimos que mejor asegurarnos que no es nada, como parece, y acompañarla a una clínica a que la visiten. Chong como cicerone local y yo como representante internacional nos hacemos cargo del caso: una inesperada oportunidad de inmersión total en Singapur. En la universidad hay una clínica —y tantas otras cientos de cosas, parece un centro comercial— y por desgracia llegamos cuando están a punto de cerrar. “Lo siento, el doctor dice que ya no visita más, que faltan diez minutos para cerrar”, nos dice la recepcionista. Chong en el más educado de los tonos replica que será algo rápido, y yo refuerzo la idea con un tono menos transigente. La diligencia singapurense La estudiante empieza a preocuparse por la poca predisposición de los responsables de la clínica, que nos acaban dando una alternativa: ir al hospital Raffles, el más grande de la ciudad, donde también visitan. Tomamos un Grab (el Uber local) y llegamos en cinco minutos. La cola es escasa, por suerte, y el médico recibe a la estudiante cinco minutos más tarde. Le hace un par de chequeos muy poco profundos y detrás de la mascarilla se le intuye el hastío por tener que diagnosticar lo indiagnosticable. “No parece que tenga nada, le voy a mandar una crema y antibiótico, y si se sintiera peor tendréis que ir de urgencias”, cuenta. Ha sido como una visita al centro de atención primaria en España, donde te vas más preocupado de lo que has llegado. En cualquier caso, por suerte la cosa no va a más y la estudiante parece que se siente mejor más tarde, una vez pasada la adrenalina del primer momento. El incidente ha servido para constatar la eficiencia del sistema sanitario local, como era de esperar por otra parte, y para presumir de inmersión total en la Singapur más rutinaria. Dumplings y visita al supermercado Ha sido un día largo y con gusto me quedaría estirado en la cama después de la ducha y esperaría al desayuno de mañana para volver a comer algo. Pero hay que sacarle el máximo partido a las dietas y decidimos ir a cenar a Din Tai Fung, una cadena de comida china en la que tienen unos dumplings riquísimos (con gluten, claro) y en la que un robot muy eficiente ayuda a los camareros a recoger las mesas. Muy cerca hay un supermercado al que entramos para practicar una de mis actividades favoritas: repasar las estanterías de los súper de los países que visito. Una nueva dosis de inmersión total en Singapur. Todo es de importación, apenas hay producto local de ningún tipo. Encuentro en uno de los pasillos algo con lo que en Cultura Nómada soñamos desde que visitamos Malasia: kaya, una mermelada de coco exquisita que nos enamoró en Kuala Lumpur. Aquí también es típica y, de hecho, el desayuno más tradicional singapurense, al que llaman toast box, consiste justamente en un sándwich con mantequilla y kaya. Volveré al súper y aprovecharé hasta el último kilo de capacidad de la maleta para importar kaya a España.