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Holi en la India, la exaltación de todos los colores

Gente disfrutando del Holi en la ciudad de Mathura, en la India

El Holi son colores, el arcoíris entero: rojo, verde, amarillo, azul, naranja, violeta. Funcionar por asociacionismos ayuda a facilitarnos la comprensión de las cosas. En la India, especialmente durante el Holi, también. Es el color —tan simbólico siempre, tan alegórico— el que protagoniza la llegada de la primavera. Para celebrarlo, para felicitarse de que el frío ha quedado atrás, que las flores empiezan a brotar, los indios se inventaron el Holi, una fiesta que han exportado a todo el mundo. Era sencillo. ¿A quién no le pone de buen humor la primavera? ¿Quién no disfruta bailando, saltando, riendo? El Holi de la India es, en esencia, una celebración de la victoria del bien por encima del mal. Pero lo uno va tan de la mano de lo otro, desde siempre, en todo momento, en cualquier circunstancia y contexto. En este artículo explicamos cómo se vive Holi en la India, concretamente en Mathura, y nuestra experiencia personal, que seguramente no volveríamos a repetir. Jugar a Holi: la idea desvirtuada del festival para los indios El Holi es para los hindúes un juego. “Vamos a jugar a Holi”, dicen. Los juegos tienen normas, reglas que uno debe cumplir. El Holi debe ser el único juego sin normas; todo vale. Es el problema de las mezclas y los excesos, que desvirtúan la esencia. El Holi tenía en algún momento mucho de esencia, pero ha derivado en una adulteración de la palabra felicidad. En el nombre de la felicidad propia se abusa de la ajena. Se trata de una minoría relativa, pero es tan ruidosa, tan activa, tan insistente, que es imposible evitar la generalización. La experiencia del Holi en su país de origen, en su entorno natural, dando sentido a la trama, es tan sugestiva como complicada. Todo es tan bonito y especial hasta que deja de serlo. Entonces es un fiasco, como darte cuenta de que tu ídolo de infancia es en realidad un impostor. Mathura, el origen del Holi en la India La tradición explica que en la ciudad de Mathura, a medio camino entre Nueva Delhi y Agra, Krishna pasó su infancia. Krishna es una de las encarnaciones de Vishnu, uno de los tres dioses principales del hinduismo. Fue precisamente él, Krishna, el que en su juventud bromeaba con sus amigos, y también con las chicas del pueblo, lanzándoles polvos de color y agua. Por eso la significación religiosa. En Mathura, como en todo el país, la celebración principal se lleva a cabo el día posterior a la luna llena de cada mes de marzo. Esto quiere decir que el día grande de Holi, el de la lluvia de colores, no se celebra siempre en la misma fecha. En 2019, cuando nosotros vivimos la celebración en primera persona en el país, tuvo lugar el 21 de marzo. En esta web se indica qué día se celebra Holi en los próximos años. La leyenda del nacimiento de la fiesta También la noche anterior es siempre significativa: se prenden hogueras para simbolizar el triunfo del bien sobre el mal. Esta parte de la tradición, que se conoce como Holika Dahan, entronca con la mitología hinduista. Cuenta la leyenda que un antiguo rey, que era como el diablo, quiso quemar a su propio hijo, Prahlad, por ser un ferviente devoto de Vishnu. Para hacerlo, el rey hizo que su hermana Holika, que era inmune al fuego, acompañara a Prahlad a una hoguera. Vishnu escuchó las plegarias de Prahlad y les intercambió los papeles: Prahlad se volvió inmune al fuego y Holika acabó prendida hasta quedar en cenizas. Después, el propio Prahlad mataría a su padre. En cualquier caso, es la muerte de Holika la que se asocia con la fiesta, y por eso la tradición de las hogueras en la noche previa a Holi en toda India. Es una manera de ahuyentar todo lo malo. Pero lo malo perdura siempre a la par del bien. Nuestra experiencia en el Holi de Mathura: más sombras que luces Mathura es el lugar al que se comenta que hay que ir si uno quiere conocer la tradición de Holi en la India en su máxima expresión, fiel a los orígenes. Sin embargo, es precisamente aquí donde todo se torna más nebuloso y menos auténtico. Desde primera hora de la mañana la gente sale a la calle. Los niños se arman con sus pistolas de agua y sus frascos de espuma de colores. Parece que vayan a la guerra. Algunos son sanguinarios, disparan a hacer daño. La toman con el más débil y le rompen la camiseta. Su actitud es la de matones, la de bullies que van robando los bocadillos de los más pequeños durante la hora del recreo; pero en lugar de bocadillos, son pistolas. El espejo en el que se miran estos niños es, evidentemente, sus padres. Con motivo de la fiesta, se creen que todo vale; que la alegría es razón suficiente para importunar, molestar y excederse. Sobre todo con los muchos extranjeros, de los que se burlan, y de las extranjeras, a las que se creen con el derecho de acosar. Rajeev, cicerone y ángel de la guarda Es entonces cuando el Holi deja de ser happy. Con esa frase te asaltan: “Happy Holi”. Y te ponen polvos en la cara y te abrazan. Los hay, muchos, muy respetuosos, que de verdad quieren integrarte, que de verdad se entusiasman con tu entusiasmo por celebrar con ellos. Rajeev tiene 25 años y una curiosidad desmedida. “¿De dónde sois? ¿Cuánto tiempo lleváis aquí? ¿Qué lugares habéis visitado? ¿Cómo os conocisteis?”. Es fácil saberle honesto. Lo dicen sus ojos, sus gestos, su manera de hablarnos. Rajeev estaba como nosotros en la puerta principal del templo de Mathura, el templo Shree Dwarikadhish, donde a partir de las 10.00 h del día de Holi todo el mundo trata de entrar para sentirse cerca de sus dioses. “¿Vais a entrar? Yo no sé si hacerlo, hay demasiada gente”, nos confiesa Rajeev. Los hombres se empujan tratando de