‘La ciudad y sus muros inciertos’, de Haruki Murakami: las dimensiones inabarcables

El último libro de Murakami es flagrantemente suyo. Lo es para los que siempre vemos virtudes en su personalísimo estilo, pero también para los que no soportan ese estilo. Las opiniones de La ciudad y sus muros inciertos navegan, pues, entre lo que siempre aplauden de él sus adeptos y lo que siempre le condenan sus detractores. Y es verdad que Haruki Murakami se repite en La ciudad y sus muros inciertos, como también se repite Woody Allen en cada nueva película que hace. Leída una obra suya, leídas todas, ¿no? Pues sí y no, porque Murakami es un narrador tan sugerente, que en realidad da un poco lo mismo que simplemente vuelva a dar vueltas sobre su misma fórmula, porque sigue funcionando, sigue interesando y sigue enganchando. En La ciudad y sus muros inciertos Haruki Murakami propone un viaje multidimensional, para navegar —otra vez— entre realidad e imaginación, desconcertándonos en el trayecto. La localización principal del mundo real es pura ensoñación, en medio de Japón, en un pueblo indeterminado perdido entre montañas. Después de este resumen y esta crítica de La ciudad y sus muros inciertos no descartamos dejarnos llevar por el impulso que nos provocó su lectura: comprar un vuelo hasta Tokio y desde ahí perdernos en el Japón más profundo a esperar que llegue el invierno y la nieve cubra todas las calles. El emplazamiento de La ciudad y sus muros inciertos en el mundo paralelo es también evocador, con fronteras que se mueven y muros juguetones, que no quieren dejarte marchar. Leer La ciudad y sus muros inciertos de Murakami es también trasladarse al Japón menos transitado. Los ingredientes con los que Murakami cocina ‘La ciudad y sus muros inciertos’, y todos sus libros Tokio Blues fue una sacudida en plena universidad. Esa manera de mecer al lector con personajes de los que te compadeces, pero no quieres abandonar nunca, permanece en todos los libros de Haruki Murakami. También en La Ciudad y sus muros inciertos, donde el siempre aspirante al Nobel —que no lo gane nunca, pensarán los que le llevan el marketing, no sea que les destrocen la etiqueta— dibuja personajes en el abismo de lo ridículo. De hecho, a ratos, parece un milagro que La ciudad y sus muros inciertos sea una obra que te puedes tomar en serio: con sus parajes ambiguos, sus situaciones que desconciertan, su onirismo constante. El libro está lleno de enigmas, de acertijos que esperas poder descifrar y te empujan a seguir leyendo como si la próxima frase escondiese el mejor amanecer. Por eso, sí, la fórmula funciona y funciona muy bien. La ciudad y sus muros inciertos es una nueva adición en el debate que Murakami sabe que alimenta entre lectores y críticos. Los japoneses lo tachan de occidental, y a los occidentales nos encanta su japonismo. Y Murakami se nutre de los temas de casi siempre y las maneras de casi siempre, y lo condimenta, como casi siempre, con jazz, con libros, con un poquito de alcohol, con música clásica, con referencias culturetas. Murakami es a los libros lo que el pop a la música: suena bien, anima, entretiene. A raíz de su premio Princesa de Asturias de las Letras, que ganó en 2023, en El País indagan de manera muy interesante en esta dualidad oriental / occidental de Murakami, del japonés más universal. Un par de citas «El silencio era la pertenencia más íntima que teníamos en común». «Un velo de oscuridad cayó sobre mí; de una oscuridad suave y mullida, infinitamente profunda». Datos básicos Léelo si vas a viajar a… Japón. A poder ser, al Japón más profundo. 📚👉 ¡Cómpralo aquí!