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El atardecer en el Bura Cuatro Cuatros | Día 6

Atardecer en el bar Bura Cuatro Cuatros en el Valle de Guadalupe, en Baja California, en México

Es nuestro último día en el Valle de Guadalupe y la lista de actividades incluye hoy solo dos paradas: una visita con recorrido y degustación a El Cielo, por la mañana; y un almuerzo tardío en el bar Bura Cuatro Cuatros, desde el que se tienen las mejores vistas de todo el Valle de Guadalupe. Pero primero lo primero: desayunar, que para eso está incluido en el precio de nuestro hospedaje en el Boskenvid. Los desayunos mexicanos son la máxima expresión del amor por la comida: sabrosos, completos, incluso excesivos a ojos de los europeos que estamos desacostumbrados a hacer del desayuno un momento de disfrute. En nuestra mesa de cinco pedimos huevos con bacon, pancakes, una tostada de aguacate, chilaquiles y una omelette con chilaquiles, el desayuno definitivo que vamos a tratar de imitar en Badalona. Un paseo por los viñedos de El Cielo En nuestra búsqueda de experiencias alternativas entre sí, que contrasten nuestra impresión definitiva del Valle de Guadalupe, hemos incluido la visita a una de las principales vinícolas de la región: El Cielo. Es verdad que no es la más grande del Valle, pero su magnitud es muy diferente a Adobe Guadalupe y sobre todo a Vena Cava y Vinos Pijoan, las otras bodegas que hemos visitado. Pero a todos nos gusta contar la historia a nuestra manera, y por eso la chica que nos guía en la visita reivindica lo suyo como especial: «Aquí priorizamos la calidad por delante de la cantidad, al contrario que otras vinícolas». La calidad, en el vino, no tiene por qué estar reñida por la cantidad. En cualquier caso, es evidente que los procesos más industrializados a gran escala requieren de dinámicas menos cuidadas que repercuten en la calidad del vino. L.A. Cetto es el paradigma de la cantidad en el Valle de Guadalupe. Es la gran empresa vinícola del país, la que todo mexicano conoce. Sus vinos están hechos al paladar local y por eso son la referencia en el sector desde hace muchísimas décadas. En El Cielo, uno de sus competidores más cercanos, aunque a bastante distancia, cuentan que quieren alejarse de ese modelo masificado. Una tablas de quesos para rematar la visita Los tres vinos que degustamos saben rico, se beben bien, pero no son extraordinarios. En cualquier caso, estamos haciendo la degustación de la línea más accesible y básica, porque El Cielo cuenta con casi una veintena de etiquetas. Es el común denominador de las bodegas del Valle, que tienen decenas de vinos distintos. Quien mucho abarca poco aprieta, dirían algunos. Es difícil singularizar una propuesta cuando en realidad te explicas de veinte maneras diferentes. Cuando tienes tantas versiones de ti mismo, no te van a recordar por ninguna. Pero también es una manera de no encorsetarse, de innovar, de emprender, de probar combinaciones, de apuntar en muchas direcciones. Es el espíritu del Valle de Guadalupe. Después del paseo entre los viñedos en una van abierta, que nos permite apreciar distintos viñedos a la vez que nos dan de probar los tres vinos, todavía tenemos margen hasta nuestra próxima visita, con lo que decidimos sentarnos en el restaurante de El Cielo a picar un poco para abrir boca. Maridamos nuestras copas de vino y nuestras cervezas con una tabla de quesos muy completa y bien servida. Volamos un rato el dron tratando de encontrarle también encanto aéreo a los viñedos, y se lo encontramos, y cuando ya llegamos tarde a nuestra próxima reserva recordamos que queremos comprar alguna botella de recuerdo para que El Cielo se venga de vuelta a Badalona. Bura Cuatro Cuatros, última parada en el Valle La última parada de nuestra ruta de tres días por el Valle de Guadalupe se promete el colofón del itinerario. Hemos reservado mesa en el bar Bura Cuatro Cuatros, un garito sin igual en la zona y seguramente en México, que forma parte de un gran complejo turístico de lujo (asequible). Se ubica en el extremo del Valle que da al mar, cerca de Ensenada, y la aventura incluye distintas etapas. La primera, reservar con tiempo, especialmente en temporada alta, pues la demanda se comenta que es altísima. Nosotros hemos tenido suerte porque venimos en temporada baja y con reservar el día antes nos sirve. De hecho, algunos de los comensales que nos acompañan hasta el bar llegan sin reserva. El caso es que uno no puede acceder al Bura Cuatro Cuartos en vehículo particular. Está en una colina alejada de la civilización, y el acceso solo está permitido a los camioncitos del propio bar. Para tomarlo, antes, hay que pasar una barrera y la seguridad. El complejo, que incluye una decena de alojamientos, hospedajes y otras amenidades turísticas, ocupa varias hectáreas en medio de la nada. Un atardecer para no olvidar en el Bura Cuatro Cuatros Y el bar Bura Cuatro Cuartos es la joya del negocio, un bar que cuenta con el emplazamiento más espectacular para pasar un par de horas de puro goce sensitivo, especialmente al atardecer, cuando el cielo nos regala una de las puestas de sol más sobrecogedoras que recordamos con sus colores mutantes que se matizan con el paso de los minutos y le dejan paso a lo noche muy poco a poco. Lo que comemos y lo que bebemos, que está rico, y también lo que pagamos, una fortuna relativa y asumible que bien lo vale, es lo de menos. Lo de más es que el Bura Cuatro Cuatros, además de una oda al postureo más descabellado, es un salvoconducto para sentir que la vida tiene sentido y es bonita, por mucho que se empeñe muchas veces en hacernos creer lo contrario. Con esa sensación de satisfacción absoluta y varios tequilas encima volvemos a nuestro hotel para preparar nuestra partida del Valle, de la primera parte del road trip y del estado de Baja California, el que ocupa el norte de la península.