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Un paseo hasta El Arco de Cabo San Lucas | Día 8

El Arco de Cabo San Lucas en Los Cabos, en Baja California Sur, en México

Cabo San Lucas es nuestra penúltima parada del road trip partido en dos por la península de Baja California. Es el primero de los dos destinos que vamos a conocer en Baja California Sur. La parte mexicana de Cultura Nómada, y del viaje, ya conoce la zona y advierte a la parte española: Los Cabos es un destino vacacional de fiesta. Y así es. Aquí llegan durante todo el año estadounidenses a beber mucho alcohol, a encadenar noches de desvelo y a recorrer discotecas. Nosotros vamos a darle una probadita mínima a la fiesta, para que no se diga que somos unos aburridos. En cualquier caso, el objetivo principal del día es conocer El Arco de Cabo San Lucas, el principal punto de interés turístico de la ciudad, la foto con la que los gringos universitarios justifican a sus padres que no han venido a México solo a tomar. La playa El Chileno de Los Cabos San José del Cabo y Cabo San Lucas son dos ciudades hermanas, que juntas componen Los Cabos, uno de los cinco distritos que integran el estado de Baja California Sur. En la primera está el aeropuerto y en la segunda todo lo demás. Así había sido históricamente, aunque parece que ahora San José del Cabo empieza a reivindicarse como un destino alternativo y a la vez complementario a la oferta de Cabo San Lucas, eminentemente centrada en el ocio nocturno. En medio de las dos hay una colección de resorts de todo incluido de ultralujo, y entre ellos algunas playas públicas magníficas. Es ahí donde nos dirigimos después del enésimo desayuno mexicano que no podemos concebir los españoles, tan rico y abundante que sabemos que será lo primero que echemos de menos cuando estemos de vuelta en Badalona, con nuestro café y nuestras galletas que anteceden a otra jornada laboral. Con el estómago contento nos dirigimos a la playa El Chileno, una de las mejores playas de Los Cabos y que ahora en invierno, pese al calor, apenas está ocupada a medio aforo. Nos sorprende el fantástico estacionamiento que encontramos, el excelente estado de los accesos y la gratuidad de todo. Solo le falta un chiringuito pequeñito y bien surtido para decidir que no vamos a hacer nada más en todo el día. Pero no venimos preparados: sin toallas ni sombrillas ni comida ni cervezas simplemente comprobamos que el agua no está tan fría y le tomamos decenas de fotos con la cámara y con el dron a la playa El Chileno, aprovechando que apenas si molestamos a nadie. Víctor, nuestro guía hasta el Arco de Cabo San Lucas Volvemos a Cabo San Lucas para encontrar un tour que nos acerque a El Arco, una formación rocosa en el extremo de la ciudad, ya en el mar, que tiene la caprichosa forma que su nombre indica. En la zona de la marina hay sobrepoblación de comerciales de las agencias que venden los tours. Muchos se nos acercan y nos ofrecen sus paseos. Empiezan por 500 pesos (unos 25 €) y acabamos aceptando la oferta del que nos lo vende por 366 pesos por persona (unos 18 €), una oferta que parece de supermercado y no podemos rechazar. El paseo empieza a las 15.00 h y hacemos tiempo recorriendo la marina, visitando el principal centro comercial de la ciudad y combatiendo el calor con un helado de 7 €. Los Cabos es un destino muy caro, al que hay que venir preparado para el dispendio exagerado. Víctor es nuestro guía, un chaval que no llega a los 25 años que se maneja perfectamente en el bilingüismo. Nosotros cuatro somos los únicos que hablamos español. Nos acompañan una decena de gringos, claro, a los que Víctor va traduciendo con la misma gracia los chistes y las explicaciones sobre todo lo que vamos a hacer y lo que vamos a ver en la próxima hora. Además de políglota, guía y comediante, Víctor es fotógrafo. Carga una Nikon básica con un objetivo básico con los que dispara indiscriminadamente fotos ridículas que al final del paseo nos intentará vender —con éxito—. El Arco de Cabo San Lucas, un capricho natural El paseo hasta El Arco, que está apenas a unos veinte minutos de la marina, recorriendo la línea de la costa de Cabo San Lucas, lo hacemos en una barca pequeñita totalmente transparente. Esta curiosa embarcación, que solo se encuentra en Los Cabos, según aseguran los que nos venden el paseo, tiene la virtud de hacer el contacto con el mar mucho más directo. Debajo de nosotros vemos el azul cambiante del mar y los peces que lo habitan. Víctor los llama con un par de zapateados y nos asegura que son genuinamente mexicanos: «Se alimentan de tortillas y de tequila». Pasamos por la playa de los pobres y vemos un par de lobos marinos. A nuestro alrededor hay varias decenas de embarcaciones más: comunitarias, privadas, grandes, pequeñas, cruceros, yates con helipuertos incorporados… Aquí está todo el abanico de vehículos del mar. Los pequeños, como el nuestro, van y vienen hasta El Arco de Cabo San Lucas. Los medianos traen fiesta incorporada: música, comida y barra libre para navegar hasta el atardecer. Los miramos de reojo con un poco de envidia, pero pronto se nos pasa. Llegamos hasta El Arco de Cabo San Lucas y entendemos por qué es el tour que todos los que venimos a Los Cabos hacemos. El Arco es un capricho natural único, con el que Víctor se encarga de inmortalizarnos en las poses más ridículas: corazón y besito con la pareja, gestito gracioso, solo y acompañado. Al final del tour tendrá el acierto de convencernos que necesitamos esas fotos en nuestra vida. Mariscos para comer, alacrán para cenar Durante el viaje, como en todos los viajes, adaptamos las horas de comida a las actividades y nunca al revés. El hambre llega pero sabe esperar a que acabemos de visitar todo lo previsto. Es la hora de la merienda, más de las 17.00 h,