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El Hotel California de Todos Santos | Día 9

El Hotel California de Todos Santos, en México

En Baja California Sur hay un pueblito, Todos Santos, a medio camino entre Los Cabos y La Paz, que alberga un mito. En Todos Santos está el Hotel California, el de la mítica canción, tan sugerente como cuentan las estrofas que compusieron y cantaron los Eagles en los setenta. Con su fachada roja, su bar y su encanto inigualable. El Hotel California iba a ser la parada intermedia en nuestro destino final, La Paz, donde vamos a pasar las tres últimas noches de nuestro road trip por la península de Baja California. Cactus, desierto y playas Los Cabos quedan atrás con el regusto —amargo— del alacrán todavía presente. No ha sido una ensoñación: ayer cenamos alacrán bañado en tequila, y seguimos vivos. Alquilamos un coche para transitar Baja California Sur del extremo de Cabo San Lucas hasta La Paz, la ciudad más poblada del estado, en la que viven 250.000 personas. La carretera, que no es de pago, es magnífica: perfectamente asfaltada, con el paisaje más evocador. A los dos lados los cactus nos acompañan el camino. A la derecha se empieza a intuir el desierto, y a la izquierda se extiende el horizonte azul infinito del océano Pacífico. La distancia entre las dos ciudades se cubre en poco más de dos horas, pero nosotros tenemos marcada una parada justo a mitad de camino, cuando la carretera se despide del Pacífico para buscar por el centro de la península la costa contraria, la del mar de Cortés, el golfo de California. Esa parada intermedia se llama Todos Santos, un pueblo mágico, la etiqueta con la que México señala sus lugares más bonitos. Todos Santos tiene apenas 7.000 habitantes, y pese a ello es la décima localidad más poblada del estado. El nombre del pueblo es tan evocador que te obliga a no pasarlo por alto. Pero, por si fuera poco, en una de sus calles principales aloja el Hotel California. El Hotel California de Todos Santos, entre la leyenda y la falacia Todos Santos recibe al visitante con un par de topes exagerados, que te obligan a frenar en seco para no saltar por los aires con el coche. El pueblo lo componen un puñado de calles en las que se respira el acierto de la oportunidad. En el centro hay decenas de tiendas de recuerdos, de cafés y restaurantes para turistas. Aparcamos una calle más allá del Hotel California de Todos Santos y notamos rápido el relajo de sus habitantes, el buen rollo de su bienvenida nada invasiva. No molestan al turista sino que lo acogen. Las calles de esta parte de la ciudad están transitadas por un buen puñado de turistas estadounidenses. A la mayoría es fácil imaginarlos en Woodstock en 1969, practicando el hippismo y escuchando el rock de los Creedence y de Jefferson Airplane. Y también de los Eagles, claro, porque a eso vienen ellos aquí; por la misma razón por la que hemos venido nosotros: a ver el Hotel California, a inmortalizarnos con su fachada. Es verdad que los propios Eagles desmintieron que el Hotel California de Todos Santos inspirase la canción, aunque no es menos cierto que el hospedaje es muy anterior (1950) a la canción (1976). La leyenda dice que Don Hanley, el fundador de los Eagles, visitó el Hotel California de Todos Santos en la década de los sesenta y tuvo una revelación. Allí conoció a Mercedes, una mujer que en realidad no existía, y que al parecer se aparecía a menudo a los viajeros solitarios para ofrecerles vino y compañía. Los miembros de la banda explicaron que eso nunca pasó y que los dueños del Hotel California de Todos Santos, de manera muy hábil, habían asociado su nombre al de la canción para lucrarse. De Todos Santos a La Paz Como no queremos que la realidad nos arruine esta buena historia, nosotros nos quedamos con la parte de la leyenda del Hotel California de Todos Santos y compramos un par de camisetas de recuerdo en la tienda que tiene el hotel al lado de la recepción. Antes de seguir hasta La Paz tenemos un segundo punto marcado en Todos Santos, el restaurante El Mirador, en lo más alto del pueblo. Las vistas desde el restaurante son las mejores de Todos Santos, ya que le permiten a uno ver todo el océano. Nos tomamos un par de cócteles y unas cervezas y decidimos que la comida-cena ya será en La Paz. Desde Todos Santos hay poco más de una hora de carretera hasta La Paz. La ciudad más poblada de Baja California Sur se reivindica como el polo opuesto del turismo de fiesta y de desmadre que se practica en Los Cabos. A eso venimos, a ver sus playas y sus atardeceres, que se cuentan entre los mejores que uno pueda disfrutar en todo el país. De hecho, llegamos a La Paz al borde de la puesta de sol. Un paseo por el malecón de La Paz Dejamos todo en nuestro apartamento, muy cercano al centro, y nos comemos unos tacos con el telón de fondo de un naranja estremecedor, un recuerdo larguísimo del sol que ya se ha escondido que dura más de media hora y va encontrándose con los tonos violáceos de la noche. Después de los tacos caminamos hasta el malecón, el centro de la acción de La Paz, que transitamos hoy solo un rato para darle una probadita a lo que serán nuestros dos próximos días de atardeceres y playas. El agua, incluso ahora de noche, es perfectamente transparente. En La Paz hay playas que se cuentan entre las mejores del mundo, como las de Balandra, que mañana visitaremos en un tour que nos llevará hasta la cercana isla de Espíritu Santo. Hemos reservado ya el paseo esta misma noche en una agencia regentada por un grupito de jóvenes con aire surfero y hippy, tan buena onda que uno quisiera apuntarse a su religión para irradiar felicidad de la misma manera. Volvemos al apartamento para reponer fuerzas