El trekking hasta Svartifoss | Día 5

El quinto día de viaje ha sido, hasta ahora, el más tranquilo. Pero eso en Islandia no quiere decir estar estáticos, eso nunca. Hoy hemos visitado el cañón Fjaðrárgljúfur, los campos de lava de Eldhraun, nos hemos parado a tomarle fotos a la montaña Lómagnúpur y a la iglesia —sí, otra iglesia— de Hofskirkja y hemos acabado la ruta con un exigente trekking hasta Svartifoss, nuestra dosis de cascada islandesa del día. El día ha comenzado con el recuerdo de las auroras boreales que vimos ayer, experiencia que no sabíamos que íbamos a repetir de nuevo por la noche. El imponente cañón Fjaðrárgljúfur Ha sido el primer día —y seguramente el único— que nos hemos permitido no madrugar. El itinerario de la jornada invitaba a tomarse la mañana con calma. Aunque ha jugado en nuestra contra al llegar al primer punto de la ruta del día, uno de los cañones más imponentes que veremos nunca. Fjaðrárgljúfur es un trabalenguas solo apto para niveles avanzados de islandés, un cañón serpenteante de unos dos kilómetros de largo con paredes escarpadas cubiertas de musgo que se alzan hasta cien metros sobre el río que fluye en su interior. El día es radiante y nos sorprendemos quitándonos las chaquetas, los guantes y el gorro. Hace calor. Es una frase improbable en Islandia, una fugaz distorsión que pronto se corrige. Las masas suben y bajan el sendero que corre en paralelo al cañón. Se oye mucho español, otra vez, y nos cruzamos con caras que nos son familiares, que repiten nuestros pasos. Como la de Alexis, un barcelonés escandaloso al que conocimos ayer en el camping, y que le contaba su vida a otra pareja de españoles. Con él compartimos un momento de confidencias obligadas en el baño mientras se lavaba los dientes, cuando nos contó que se disponía a fumarse un porro antes de dormir, con la visión de la auroras en el cielo. También sigue nuestros pasos una familia alemana que inició la ruta con la misma autocaravana el mismo día que nosotros. Es imposible olvidar a ese niñito rubicundo alemán de dos o tres años envuelto en un mono peludo y acolchado que lo aísla del frío. Desde Fjaðrárgljúfur partimos a Eldhraun, un campo de lava que corre a los dos lados de la carretera principal. Le hacemos un par de tomas con el dron antes de seguir en dirección este. El trekking hasta la cascada Svartifoss La conducción sigue siendo inolvidable. Ahora la panorámica se matiza y empiezan a aparecer los glaciares a la izquierda y las grandes montañas al fondo. Una de ellas es Lómagnúpur, una inmensa pared de roca escarpada que se alza entre el cielo y la llanura. Es el punto que marca el inicio de los paisajes más sobrecogedores del sur de Islandia. Paramos a hacer mil fotos, combatiendo el frío y el viento, que reaparece a cada rato para recordarnos que en Islandia hay que ganarse cada momento, y por eso es un destino tan especial y único. A media tarde llegamos a nuestro camping del día, en el parque nacional de Skaftafell, previo paso por la iglesia de Hofskirkja, una pequeña parroquia cubierta por el musgo. Ahí mismo comemos, con vistas a la iglesia y su pequeño cementerio. Desde Skaftafell, que tiene un camping de primera, afrontamos el trekking hasta Svartifoss. Esta cascada requiere de una caminata previa larga y ventosa, que tiene como recompensa la vista de una espectacular caída de agua enmarcada por columnas de basalto negro que parecen esculpidas a mano. Le hacemos fotos desde todos los ángulos y desandamos el camino hacia el camping. (Otra) noche de auroras boreales Es noche de Champions y vemos cómo el Barça vuelve a semifinales después de mil años. Pero lo mejor está en el postpartido, cuando apagamos los móviles y salimos fuera a ver si tenemos de nuevo suerte. Y sí, la tenemos, el cielo se vuelve a pintar de verde como ayer. A ratos también de morado. En la ducha nos cruzamos con un sobresaltado español que al identificarnos como compatriotas nos ofrece las fotos que ha tomado: “Ha sido flipante, tíos, he hecho unas fotos guapísimas. Si las queréis, somos los que estamos en la primera van. Nos picáis y os las pasamos”. Le damos las gracias por la oferta, pero le contamos —sin entrar en detalles, no sea que se ría de nosotros— que somos la Aurora Patrol, que ayer ya vimos auroras, que las de hoy ya las hemos fotografiado y que de mañana no esperamos menos: queremos otra noche de auroras boreales.