De Egilsstadir a Akureyri: el norte congelado de Islandia | Día 8

Esta mañana nos hemos cruzado con nuestro amigo vallisoletano de gris. Nos hemos saludado porque somos personas y tenemos modales. Eso sí, no hace mención alguna a la electricidad, que su compañero de amarillo ya ha dejado libre para que podamos hacer uso de ella un par de horas antes de partir. Nosotros tampoco le decimos nada. Te recordaremos siempre, vallisoletano de gris del camping de Egilsstadir. En estas, sorprendentemente, el camping se queda desierto muy pronto. En un ejercicio temerario, parece que la mayoría de viajeros encaran con sus autocaravanas el camino de Egilsstadir a Akureyri cuando el sol todavía no ha podido derretir ni la nieve ni el hielo, y la carretera permanece difícilmente transitable. El mapa de la carretera que va de Egilsstadir a Akureyri Eso es lo que indica el mapa de carreteras islandesas, la Biblia en la que confiamos todas nuestras futuras decisiones, a la que rezamos para que convierta en verde todos los tramos de carretera marcados en rojo, en blanco, en amarillo y en azul oscuro. Mientras esperamos pacientes a que las quitanieves hagan su trabajo, el equipo no las tiene todas consigo. Hay disparidad de opiniones. La minoría prudente indica que el plan de continuar hacia el norte es un poco temerario. La mayoría más osada considera que llegados a este punto, mejor seguir adelante sin mirar atrás, con cautela y precaución. Así, pasadas las 10.00 h, partimos de Egilsstadir con dirección a Akureyri, nuestra tierra prometida, el horizonte del gran desafío de la ruta por Islandia. A medida que avanzamos, la carretera pasa en el mapa de verde seguro a azul claro precaución y, finalmente, a azul oscuro peligroso. El riesgo que indica la pantalla se hace patente en los tramos de carretera que empezamos a transitar. El hielo cubre algunas partes del asfalto y, al rato, sorteamos dos coches totalmente cubiertos por la nieve, abandonados por sus ocupantes. Es una advertencia que nos obliga a extremar la precaución. Más si cabe. El integrante prudente del equipo, en una actitud que le honra, se contiene el «ya os lo dije» y continúa revisando el estado de las carreteras en el mapa del móvil. Myvátn: el baño más reparador Al volante va uno de los temerarios, que había sostenido que teníamos que seguir hacia el norte desde el primer momento. La tensión empieza a acumularse en los hombros cuando el asfalto deja de serlo, cuando pasa a estar cubierto por una capa entera de hielo. La conducción es un reto: avanzamos en segunda, a menos de 40 km/h, evitando mover el volante, sin pisar el freno. Una van de alquiler, algo más pequeña que la nuestra, se sale de la carretera y nos encontramos con varios coches parados en la carretera tratando de auxiliar a los pasajeros. Una de las señoras que ha aparcado vuelve a su coche sin percatarse de que estamos avanzando por el carril contiguo, y abre la puerta del conductor, que conseguimos sortear con un pequeño golpe en el retrovisor. El nivel de tensión roza lo insoportable y la vejiga dice basta. Aparcamos la autocaravana en medio de la carretera y el conductor, servidor, procede a pasarse un minuto entero miccionando todo el estrés. De repente, nos hemos librado de todo el pis y de una fila enorme de coches que seguían nuestro ritmo precavido. El cielo se abre, sale el sol y la carretera ya no parece una odisea, sino un paseo que hay que circular con cautela pero sin miedo. Y por fin, después de lo que parecen días, llegamos a Myvátn. La tensión desaparece de inmediato cuando nos sumergimos en sus baños termales. Es el lugar perfecto para pensar en lo que hemos vivido hasta ahora, y en lo que nos falta por descubrir; para felicitarnos por nuestra valentía y por haber superado, sin mayores contratiempos, el gran reto del viaje. Godafoss y, por fin, Akureyri Después de dos horas disfrutando de las aguas termales de Myvátn, continuamos hasta Godafoss, la cascada de los dioses. Según cuenta la leyenda, los islandeses tiraron por esta cascada magnífica a sus antiguos dioses paganos cuando comenzaron a profesar el cristianismo, en el año 1000, en una decisión negociada que se tomó en el Alþingi, el parlamento original islandés que visitamos en nuestro primer día de carretera en el Parque Nacional de Þingvellir. Godafoss tiene un caudal imparable y ruidoso. La fotografiamos desde los dos lados, tratando de encontrarle el mejor encuadre. El frío en el norte es mucho más intenso, se siente en los huesos. Ese frío intenso, desprovisto por suerte del agravante del viento, nos persigue hasta Akureyri. Llegamos a la ciudad prometida pasadas las 20.00 h y suena de fondo el tema de Aitana y Sebastián Yatra que tiene por título el nombre de la ciudad, y que convertimos en el himno oficial del tramo final del viaje. El camping está lejos del centro y posponemos la llegada a nuestro penúltimo rincón de descanso para poder conocer la ciudad, la más importante de esta parte del país. El centro de Akureyri consiste en un puñado de calles con encanto, con el telón de fondo de las montañas heladas, con una decena de restaurantes que se antojan y hoy, viernes, lleno de islandeses que se pasean en americana fina y vestidos elegantes. Es la penúltima noche del viaje, pero la última en la que vamos a poder cenar fuera. Así que acordamos permitirnos un pequeño doble exceso en nuestro ajustado presupuesto. Nos comemos una hamburguesa en un garito regentado por dos pakistaníes, al que también llega un grupo de jovencitos islandeses que parecen estar ya en el punto álgido de su borrachera. Después de la hamburguesa de casi 20 € vamos a un hostal de la calle principal a tomarnos la última cerveza del viaje, rodeados de islandeses por fin, donde brindamos para que nuestro road trip de ensueño por Islandia dure todavía un poquito más.