25 horas hasta Seúl con escala en Shenzhen | Día 1

Este verano sopesamos hasta el último minuto no viajar. La vorágine vital, con cambio de hogar y la consiguiente necesidad de ahorrar, nos empujaba a saltarnos un verano. Porque, ¿qué es un verano sin viajar? Pues más de lo mismo: la sucesión natural de los días con altibajos, encajada en una rutina más o menos satisfactoria. Por suerte, y por desgracia para nuestra cuenta de ahorros, buscando chollos postreros que nos obligaran —bendita obligación— a perdernos de nuevo por el mundo, encontramos una combinación de vuelos insospechada. Así, hoy por fin, hemos empezado nuestro enésimo periplo asiático con un vuelo eterno de 25 horas en tres actos hasta Seúl con escala en Shenzhen. Un viaje eterno: de Madrid a Seúl con escala en Shenzhen Seúl, en realidad, será simplemente una parada intermedia. Aquí estamos pasando tres noches y dos días y medio, aunque con el cambio horario uno ya no sabe qué es noche ni en qué día vive. Lo siguiente ya vendrá, que será lo mollar del viaje, pero Seúl se presentó como el punto de aterrizaje en Asia más económico. Y era una oferta que no íbamos a rechazar. Está siendo la primera vez en Seúl para una y la segunda para el otro, que apenas si recuerda su paso por la capital surcoreana hace quince años. Sí que se acuerda que durante esos días el Real Madrid fichaba a Mesut Özil, el alemán que le había recordado a Zidane en el Mundial de Sudáfrica, y la satisfacción que esa noticia, leída en el Marca de entonces, le produjo. Estos días anda por aquí, por Seúl, el Barça, de gira de pretemporada. Mañana juega su segundo partido en tierras coreanas y su estrella, el tal Lamine Yamal, resulta que solo tenía tres años cuando Özil fichaba por el Madrid en ese 2010 tan lejano y uno lo celebraba con cerveza —por entonces todavía con gluten— en Seúl. The times they are a-changin’, que dice Bob Dylan. Doce horas de vuelo y nueve de escala en China Lo que no cambia es nuestra constante: el viaje como experiencia necesaria en la realidad vital de Cultura Nómada. Y tampoco cambia, aunque quién sabe si la edad nos acabará cambiando, que nos dé lo mismo pasarnos mil horas de trayecto para poder efectivamente viajar. En cualquier caso, no nos podemos quejar. El primer tramo del vuelo interminable entre Madrid y Seúl con escala en Shenzhen lo hemos hecho sentados en la fila del pasillo de emergencia. Ha sido hasta obsceno —para nuestros vecinos de economy— poder apoyar los pies enfrente. Hemos volado con una aerolínea que no sabíamos que existía, Hainan Airlines, y que no sabíamos que conectaba tan aleatoriamente la capital de España con esta ciudad del sureste chino, vecina de Guangzhou y de Hong Kong. Y hemos descubierto que China es un universo paralelo que vive en el más allá, o simplemente en el futuro. En las ocho horas de escala hemos desperdiciado la oportunidad de dormir un par de horas en unas cápsulas del aeropuerto y nos hemos paseado en maletas por la terminal como si jugásemos al Mario Kart. Llegada a Seúl y primeras impresiones en Myeongdong En cambio, no hemos podido comprarnos un refresco porque la máquina de vending solo nos permitía pagar con la cara, y por suerte la nuestra todavía no la identifican las máquinas chinas. No tenemos claro si China, y el futuro que nos cuenta, nos encanta o nos da miedo. Pero volveremos mil veces a China, el destino de nuestro primer viaje juntos, y esperemos vivir mucho futuro para discernir si lo que viene nos gusta, o si confirmaremos que cualquier tiempo pasado fue mejor (y menos intrusivo). El ahora inmediato de Cultura Nómada se lee en coreano. Hemos aterrizado en Seúl a las siete de la tarde y nos hemos transportado hasta Myeongdong, el barrio más ajetreado y turístico de la ciudad. Vamos a pasar apenas 72 horas en la capital surcoreana y hemos decidido estar céntricos para visitar —y comer— los imprescindibles. Myeongdong nos ha recibido luminoso, con muchísima gente, con sus calles peatonales de neones y carteles, con un chute de entusiasmo que nos ha hecho olvidar nuestro eterno periplo aéreo. Le hemos prometido a la ciudad que mañana le daremos todo el día de nuestra energía, pero por hoy, cuando la lluvia nos alcanza, ya hemos tenido bastante.