El primer safari por el río Kinabatangan de Borneo | Día 2

Seguimos acumulando vuelos y sabemos que podríamos viajar más sostenibles y lentos, pero nuestros viajes de ahora no son los de antaño y recortarle horas al trayecto es sinónimo de más tiempo en destino. Antes de tomar nuestro cuarto vuelo del viaje, el que nos iba a llevar directos a nuestro primer safari por el río Kinabatangan de Borneo, hemos tenido tiempo de volver al lugar del crimen de la cena de ayer, al restaurante Moginum de Kota Kinabalu, donde hemos tomado café y degustado de nuevo el kaya, esa mermelada de hojas de pandan, coco y huevo que nos tiene robado el paladar desde que lo probamos en Kuala Lumpur en 2019. De Kota Kinabalu a la selva de Borneo Volamos desde Kota Kinabalu a Sandakan, la principal ciudad de la zona selvática del Borneo malasio. El vuelo operado por Firefly, la low cost de Malaysian Airlines, solo dura media hora. El billete nos ha costado 16 € y nos han regalado una botella de agua, un sobrecito de cacahuetes y unas cookies. Comprar esas tres cosas en cualquier vuelo europeo ya nos habría salido más caro que el billete. En Sandakan nos recoge Mica, que lleva nuestro nombre escrito en el móvil y nos desplaza hasta uno de los hoteles de Sepilok, el poblado que centraliza el turismo de aventura de la zona, de los mismos dueños que el hotel en que nos vamos a alojar en la selva. El curso del río Kinabatangan es el santuario de la vida salvaje de Borneo, donde se pueden avistar especies endémicas de animales que solo viven aquí, como diversos tipos de monos, el orangután, cocodrilos o el elefante pigmeo, además de decenas de especies de aves. La infraestructura turística de la región es impecable, está hecha de manera perfecta para las necesidades del turista occidental. Ofrecen paquetes de una o dos noches que incluyen todo: alojamiento, todas las comidas, safaris por el río y caminatas por la selva guiadas, para avistar los animales de la zona. El Bilit Adevnture Lodge, nuestro hogar en el río Kinabatangan de Borneo Como todas nuestras reservas para el viaje fueron atropelladas y muy de última hora, no pudimos escoger. Contactamos con una docena de alojamientos de los poblados de Sukau y Bilit, los dos donde se concentran los hospedajes en la ribera del Kinabatangan, y solo tuvimos éxito con dos. Buscábamos un paquete de tres días y dos noches, y uno de los alojamientos que nos respondió nos indicó que tenían disponibilidad en dormitorio, compartiendo habitación con una decena de viajeros como si se tratase de un hostel. Lo desestimamos porque, por suerte, el Bilit Adventure Resort nos confirmó que tenía disponibilidad de dos noches para nuestras fechas. El paquete no es barato —205 € por persona— pero lo cierto es que vale la pena y, dadas las fechas y la poca antelación, tampoco teníamos mucho margen para escoger. Después de comer en el hotel de Sepilok, Jeannette ha llegado para presentarse como nuestra guía, con su impecable inglés y sus ganas de agradar y, sobre todo, de que la pasemos bien y estemos a gusto. La llegada a la selva El trayecto desde Sepilok hasta Kinabatangan es de dos horas por una carretera que se abre paso por un horizonte inacabable de selva y de palmeras. La sensación es de majestuosidad, de no creerse que estás en Borneo, de tenerse que pellizcar para confirmar que es de verdad que hayas llegado tan lejos. El sueño nos vence, pero es inevitable abrir los ojos a cada rato para admirar el paisaje y para sorprenderse de la capacidad de penetración de la civilización. Más allá de los confines de lo imaginable sigue habiendo supermercados, casas, talleres, gasolineras y antenas parabólicas. Aquí el cielo es de verdad, las nubes son esponjosas y se deslizan por el azul, se forman y se deforman. Jeannette nos cuenta todo lo que va a venir en las próximas horas punto por punto, con diligencia, indicándonos horarios y qué debemos llevar. Cuando llegamos al muelle de Bilit nos montamos en un bote para alcanzar nuestro hospedaje, el Bilit Adventure Lodge. Nuestras maletas no pegan nada con el entorno. ¿Acaso debiéramos haber desempolvado nuestras mochilas del viaje largo que hicimos en 2019? Entonces éramos mochileros y ahora señores. Nos reciben en el hospedaje con un zumo y hacemos check-in en nuestra selvática habitación incrustada en la naturaleza. El primer safari en Borneo en el río Kinabatangan La primera actividad del día es el crucero por el río Kinabatangan, uno de los tres que tenemos previstos en nuestro calendario de actividades. Son las cuatro de la tarde y de nuestro alojamiento salen cuatro barcas con unas doce personas en cada una de ellas. Y así con el resto de los hospedajes, casi una quincena en total entre los poblados de Bilit y Sukau, lo que suma no menos de quinientos viajeros en busca del tesoro de Borneo, de los big five (los cinco grandes), que no lo son tanto por tamaño como por emblemáticos. Avistamos el cálao rinoceronte y varios cocodrilos, dos de los cinco grandes. Ya solo nos quedan tres. Vemos muchas especies de monos y macacos, varias especies de aves que Jeanette, esmerada, nos va recitando con su ojo experto. Al volante de la embarcación está Khan, un local menudito y muy resuelto al que Jeanette le tira los tejos al presentárnoslo: “El capitán más guapo de Bilit”. Encuentro con el elefante pigmeo Seguimos el curso del Kinabatangan y la sensación es de encuentro con la vida salvaje. Los animales se mimetizan con la flora y disimulan su presencia, pero el ojo experto de Khan y de Jeanette es capaz de divisar cualquier animal en un radio de doscientos metros. Cuando ven alguno, Khan lanza la lancha hacia allí. Los capitanes de las embarcaciones y los guías se ayudan entre ellos. Esto no es una competición por ver quién avista más animales para sus huéspedes, sino una cooperación para mostrarle