El Rainforest Discovery Centre de Sepilok | Día 4

La pareja de catalanes y una familia de italianos han hecho muy buenas migas. Somos pocos los que quedamos de nuestra llegada conjunta original en el Bilit Adventure Lodge, nuestro alojamiento durante la estancia en el río Kinabatangan, y resulta raro no decirnos nada, porque hemos compartido todo, pero nosotros somos unos rancios y ellos también lo son con nosotros. A los catalanes no les hemos dirigido la palabra, ni viceversa. Lo mejor será que tratando de esquivarnos nos acabaremos encontrando mucho después, una vez acabado el tour, en el Rainforest Discovery Centre de Sepilok. Carolina aduce que se creen que no queremos hablarles porque son catalanes, y ellos no saben que la camiseta del Madrid que llevaba el primer día no era indicativa de que servidor también lo fuera. Desde ayer, en el Bilit Adventure Lodge nos sientan a todos juntos para comer, cenar y desayunar; a nosotros, a los catalanes, a la familia italiana y a otros dos italianos. Confraternizar es una imposición que no se ajusta a nuestros estándares relacionales de amabilidad y formalismos. Llegada a Sepilok, puerta a la selva de Sabah en Borneo El caso es que nos vamos todos juntos en el mismo bote. Y después también en el mismo bus. Y llegamos todos a Sepilok, el poblado en el que vamos a pasar dos noches antes de dejar atrás la parte más selvática de la provincia de Sabah, en el Borneo malasio. Aquí vamos a ver orangutanes y también osos, en sendos centros de rehabilitación. A nosotros nos dejan en nuestro alojamiento, pero es muy pronto —las 10.30 h— y no podemos hacer check-in hasta las 15.00 h. A nuestros compañeros a los que ignoramos, y que nos ignoran, los llevan al Rainforest Discovery Centre, el tercer punto de interés de Sepilok, que nosotros queremos visitar hoy. Como sabemos que están ahí y no queremos darle al destino la oportunidad de cruzarnos de nuevo, nos quedamos en nuestro nuevo alojamiento un par de horas descansando, haciendo nada, evitando la posibilidad del encuentro. Visita al Rainforest Discovery Centre de Sepilok Pasadas las 12.00 h, ya recuperados y convencidos de que nuestros antiguos compañeros estarán en su siguiente destino, caminamos hasta el Rainforest Discovery Centre de Sepilok. Este espacio es un centro de divulgación y observación de la naturaleza de la región. Cuenta con senderos, una pasarela elevada que se adentra en las copas de los árboles, torres de observación de aves y áreas interpretativas para aprender sobre la biodiversidad de la zona. Entramos y comenzamos a explorar el mapa que nos han dado, decidiendo si ir hacia la izquierda —donde hay un jardín botánico— o hacia la derecha, donde está la pasarela elevada. En esas, giramos la cabeza y, a lo lejos, aparecen los catalanes y la familia italiana. No puede ser. Es un momento incómodo que resolvemos caminando hacia delante como si no los hubiéramos visto, aunque todos sabemos que sí, que nos hemos reencontrado. El que mueve los hilos ahí arriba se lo está pasando en grande. Toda la estrategia para no volver a coincidir ha resultado en fracaso estrepitoso. Estamos convencidos de que una vez de vuelta a Barcelona, el primer día que pisemos la ciudad, los volveremos a ver. En fin, pasamos página y eso, si ocurre, ya será una preocupación de nuestros yos del futuro. Ahora sí nos disponemos a disfrutar de la visita pese al sofoco de estas horas del día. El Sepilok Giant y la pasarela entre las copas de los árboles La pasarela se eleva treinta metros por encima del suelo y ofrece vistas imponentes, supera con creces nuestras expectativas. No vemos demasiada fauna, apenas algunos pájaros y una ardilla negra voladora. El Sepilok Giant, un árbol majestuoso de más de sesenta metros, es uno de los grandes atractivos del Rainforest Discovery Centre de Sepilok. Pasamos cerca de dos horas recorriendo el centro y confirmamos que no tener expectativas siempre es una buena idea. Nos ha gustado más de lo que esperábamos. Comemos en el White House Bistro, un restaurante a medio camino entre el Rainforest y nuestro alojamiento. En Sepilok la mayoría de los restaurantes se ubican en hoteles. Añorábamos el arroz después de cinco horas sin probarlo, así que pedimos dos platos y agua bien fría. Todo nos sale por nueve euros; hace rato que hemos dejado de trasladar la realidad de los precios del Sudeste Asiático a la de nuestra Barcelona de origen. Mejor no deprimirse de más. Llegamos justo a tiempo para el check-in. Nos ha tocado una habitación gigante, con capacidad para seis personas, la única disponible en todo el pueblo para estas fechas. Tenemos una terracita encantadora en la que tomamos cerveza y picamos patatas durante toda la tarde, mientras planeamos todo lo que nos espera en los próximos días. Mañana iremos en busca del quinto de los big five, el único pendiente: el orangután.