Misión fallida: la mezquita de Kota Kinabalu bajo el monzón | Día 6

La lluvia en el Sudeste Asiático es un fenómeno connatural a la región, parte de su encanto aunque, casi siempre, un fastidio inoportuno. Ayer nos respetó en Sepilok hasta el momento en que volvimos al alojamiento. Pero hoy, el cielo nos la ha devuelto, y nos ha estropeado la visita que queríamos hacer en Kota Kinabalu a su mezquita flotante, uno de los pocos atractivos turísticos de la ciudad principal de la región malasia de Sabah. Vuelo de Sandakan a Kota Kinabalu El día ha sido una sucesión de decisiones que podríamos haber tomado mejor si las hubiéramos tomado distinto. Para empezar, por la mañana, hemos llegado al aeropuerto con tiempo de sobra. Hoy nos tocaba volar de vuelta de Sandakan a Kota Kinabalu, y el aeropuerto de la primera apenas opera una decena de vuelos al día. Así, las aglomeraciones son inexistentes y los procesos muy rápidos. En apenas diez minutos hemos facturado nuestra maleta y ya estábamos esperando en la sala de embarque, sin apenas cola para pasar el control de seguridad, en el que el guardia se ha despedido de nosotros en castellano al devolvernos los pasaportes. La espera ha significado gasto, pues no hemos podido evitar llevarnos un par de souvenirs selváticos de Sabah de vuelta a España. El vuelo, como el de ida, ha sido un suspiro. El avión ha permanecido en el aire apenas cuarenta minutos y el aterrizaje en Kota Kinabalu ha sido suave y placentero. Hemos hecho ambos vuelos con Firefly, de la que siempre recordaremos sus cacahuetes fantásticos. Deben tener fama, porque los venden en bolsas grandes por cuatro euros. Uno abogaba por llevarse una bolsa, pero la otra lo ha disuadido. Regreso a Kota Kinabalu: comida local y hostel Vamos a pasar solo esta noche en Kota Kinabalu, sumándole una jornada a nuestra breve estancia anterior antes de volar a la selva. Mañana hacemos un pequeño impasse de la ruta por el Borneo malasio para adentrarnos en el Borneo bruneano. Estando aquí no íbamos a desaprovechar la oportunidad de conocer Brunéi, un país tan ajeno e ignorado que, por serlo, nos resulta de lo más sugerente. Antes, queríamos hoy conocer mejor Kota Kinabalu. Después de hacer check in en nuestro hostel, el Faloe Hostel, un alojamiento muy arreglado y económico que escogimos para bajarle un poco el ritmo al dispendio en hospedajes, nos hemos dispuesto a buscar comida. Nos hemos dejado aconsejar por las recomendaciones del hostal y en el centro comercial que tenemos al lado, el KK Times Square, hemos almorzado riquísimo por menos de ocho euros en el restaurante Ah Yen Traditional Fried Pork. Hemos comido noodles de arroz con carne de cerdo y arroz con pollo. La salsa picantita de la casa era una exquisitez, parecida a la salsa macha mexicana. La mezquita flotante de Kota Kinabalu Entre lo que nos quedaba por ver de Kota Kinabalu, que era casi todo, hemos tomado un Grab para desplazarnos hasta lo más alejado del centro: la Masjid Bandaraya Kota Kinabalu, la mezquita flotante de la ciudad. Es muy parecida a una que visitamos en Malaca allá por 2019, y nos hacía gracia vernos en el antes y el después en dos escenarios tan parecidos. Cuando estábamos a mitad de camino han empezado a caer gotas. Lo podríamos haber previsto haciendo caso al pronóstico del tiempo, que ya habíamos revisado, o simplemente mirando al cielo con atención. Cuando hemos llegado, ha empezado a caer un enorme aguacero. Había varios turistas resguardados en una carpa improvisada que los trabajadores montan cada día, sabedores que el monzón golpea siempre a esa hora. Para acercarse a hacer una foto había que pagar 5 ringits (un euro), pero la lluvia no ha parado lo suficiente para que nos llegásemos a plantear si ese impuesto revolucionario era un robo o un peaje necesario para conseguir una buena perspectiva de la mezquita flotante de Kota Kinabalu. Claramente hemos escogido mal el momento en el que comer, porque podríamos haber visitado antes la mezquita y luego volver al centro comercial para nuestra única comida del día. También hemos escogido mal yendo, no solo por no haber visitado la mezquita, sino sobre todo por tener que volver luego. Era hora punta y los Grab tenían las tarifas por las nubes. Hemos tenido que asumir la derrota y reservar uno por el equivalente a seis euros, lo que equivale a una burrada y media en Malasia para un trayecto de quince minutos. El colofón a un día torcido bajo el monzón Por si no hubiera sido suficiente, al llegar, envalentonados porque la lluvia no caía con tanto ímpetu, hemos cruzado una calle para comprar algunas provisiones para el largo viaje de bus que nos espera mañana. Como siempre, nos hemos tomado nuestro tiempo decidiendo, y cuando hemos salido con nuestras patatas y nuestros frutos secos Kota Kinabalu ha vuelto a mostrarse en todo su esplendor monzónico. Le hemos dado un poco de chance a la tormenta, esperanzados de que frenase, pero al cuarto de hora nos hemos dado por derrotados y hemos cruzado como posesos sin conseguir evitar que acabáramos bien remojados. En nuestros viajes siempre hay algún día así, en el que los astros se alinean para que nos salga todo del revés y nosotros somos muy poco hábiles para evitarlo. Ojalá este haya sido el único día así, aunque la previsión augura tormentas para todo lo que queda de semana.