Recorrido foodie exprés por Singapur | Día 2

Singapur se merece muchos días, los que ya le dedicamos el año pasado en nuestra visita a la ciudad-estado, pero esta vez solo tenemos uno entero —y dos mitades— para recorrerla. Por eso, decidimos madrugar a medias, lo justo para exprimir la jornada sin castigarnos demasiado después de tantas semanas de viaje. La premisa de hoy está clara, buscamos saborear con tranquilidad y no tanto tachar lugares de la lista. Y, sobre todo, basar nuestro recorrido por Singapur desde su vertiende más foodie. La kaya toast, el desayuno más clásico de Singapur El día comienza con el desayuno más icónico del país: una kaya toast en Ya Kun Kaya. Es una de las cadenas más famosas dedicadas en exclusiva a este bocado exquisito de pan tostado con mermelada de coco y huevo, acompañado de café con leche condensada. Nos saltamos la dieta sin gluten un poquito, sin que se entere mucho el estómago, porque el kaya lo merece y porque la única alternativa gluten free del país cuesta un dineral. No se nos ocurre una mejor manera de empezar cualquier recorrido foodie por Singapur. Con energía renovada, nos dirigimos a Chinatown, uno de los barrios más vibrantes de Singapur y que nunca decepciona con sus calles llenas de color y de vida. Visitamos su templo principal y el Chinatown Complex, ese hawker centre que no es un templo, sino un paraíso en Singapur para los foodies. Aquí hacemos la parada obligada en Hawker Chan, el famoso puesto que obtuvo una estrella Michelin por su pollo con arroz. La cola es larga, pero vale la pena. El plato es sencillo, sabroso y mucho mejor que el que recordábamos de su sucursal hecha restaurante, justo en la calle adyacente, y que probamos el año pasado. Después de Hawker Chan, el Tai Hwa Pork Noodle Entre paseo y paseo aprovechamos también para comprar, por fin, un ventilador portátil, el utensilio más indispensable para cualquier viaje por la región. Lo necesitábamos desde el día uno y lo conseguimos cuando ya solo nos quedan dos. La ruta foodie por Singapur continúa en bus hacia otro clásico de la gastronomía callejera local: el Hill Street Tai Hwa Pork Noodle, este sí todavía con estrella Michelin. Afuera empieza un diluvio tropical y decidimos tomárnoslo con calma, saboreando sin prisa los noodles, esperando a que amaine. Por la tarde recorremos Kampong Glam, el barrio malayo, lleno de murales y boutiques de diseño. Visitamos la mezquita principal, imponente, y paseamos por Haji Lane, esa callejuela que parece una explosión de color en medio de la ciudad-estado. El día no invita a subir al Marina Bay Sands para el atardecer, que era nuestro plan original. La lluvia y las nubes lo deslucen, así que elegimos otro plan mejor: probar el cóctel más mítico del país, el Singapore Sling del Long Bar del hotel Raffles. El lujo del Raffles y su Singapore Sling Si ayer nos jurábamos volver al Marina Bay a pasar una noche, hoy nos prometemos hacernos ricos para pasar todas las demás en el Raffles, una oda a la elegancia, el buen gusto y el refinamiento. Las habitaciones están a unos mil euros la noche, o sea que nos quedan muchas loterías por ganar. Además, nos enamoramos de dos boutiques del hotel, Minotti y Savoir, y fantaseamos con ponerle a nuestro futuro piso un sofá de la primera y una cama de la segunda. De momento, el cóctel en el Long Bar nos parece un lujo suficiente. El hambre regresa y lo solucionamos con unas patatanachos (sí, unas patatas fritas cocinadas como si fueran un plato de nachos, con su jalapeño, su queso, su pulled pork) en el Funan Mall, un centro comercial con rocódromo interior que refleja bien el estilo de vida singapurés. Aquí los malls son refugio frente al calor y la humedad, espacios de ocio más que de compras. Subimos hasta la planta diez para disfrutar de un rooftop con vistas excepcionales sobre la ciudad, una postal inesperada de la última noche en Singapur que se nos quedará grabada en la memoria. Volvemos caminando al hostal, exhaustos pero satisfechos. Hoy hemos transitado Singapur en metro, en bus y a pie, pero aún no entendemos por qué los trayectos no aparecen como pagados en nuestra Revolut. Seguro que llegará, Singapur no nos perdonará ese puñado de dólares en desplazamientos urbanos. Hoy, por suerte, no hay cola en el baño y podemos encarar la última ducha antes de la vuelta a casa.