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‘El coloso de Marusi’, de Henry Miller: Grecia como exploración interior

La portada del libro El coloso de Marusi de Henry Miller

El que ha visitado alguna vez algún rincón de Grecia sabe que esa tierra es una declaración de amor a la existencia, al hecho mismo de la vida. Henry Miller visitó el país en 1939 y explicó su sobrevenido apasionamiento por él en El coloso de Marusi (Edhasa, 2022). Con una redacción impulsiva y vehemente, incorrectísima políticamente a ojos del lector contemporáneo, llena de prejuicios, digresiones y arrebatos, la obra de Miller dibuja todas las impresiones que Grecia le produce al autor pero, sobre todo, refleja el viaje descarnado de Henry Miller a sus entrañas más identitarias.    Cuando viajó a Grecia, el autor estadounidense era una estrella en ciernes de la literatura. Ya había publicado sus dos obras más conocidas, Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio, que habían sido ampliamente criticadas y en muchos países incluso prohibidas por su tono sexual y su enmienda a la totalidad a la moral de su tiempo. Ese era el contexto propio del autor cuando viaja a Grecia invitado por su amigo Lawrence Durrell, también reputado novelista y que llevaba más de una década afincado en Corfú. El contexto ajeno, el más genérico, era un mundo al borde de la Segunda Guerra Mundial, un hilo que recorre de manera muy sutil todo lo que piensa y experimenta Miller y que luego explicaría en El coloso de Marusi. El viaje a principios del siglo XX El libro es una exageración merecida de Grecia. Miller queda prendado del sol y del buen vivir, de las orillas del mar que hacen de la vida un pesar placentero. Así, en El coloso de Marusi sus divagaciones e irreverencias tienen múltiples telones de fondo: la isla de Corfú, Atenas, Delfos, Creta, Epidauro, Corinto y tantos otros. Cada uno de esos lugares es un motivo para arrebatarse de la forma de ser de los griegos, y para criticar a su patria de origen, a los Estados Unidos, y también al resto de países europeos, especialmente Francia. “Nunca había visto un cielo como aquel. Era magnífico. Me sentí completamente separado de Europa”, explica Miller. El arte de viajar hace cien años no se parece en nada a la industria multimillonaria del turismo actual. Sin embargo, en la obra se apuntan curiosas pinceladas de una incipiente masificación turística ya por entonces en las islas griegas. Y Henry Miller sabe alejarse de la acepción menos auténtica del viaje caminando al lado de un puñado de personajes genuinamente griegos. Como Katsimbalis, su nuevo amigo, su guía y referente, que casi se convierte en el destinatario de su carta de admiración al país. El coloso de Marusi tiene fragmentos de un tedioso onanismo intelectual, en los que Henry Miller parece ausentarse de la narración para simplemente escupir lo primero que se le pasa por la cabeza, por muy poco relevante e insustancial que sea. No piensa en el lector, piensa en sí mismo, y acude a una máxima que cuenta en una de las páginas de la obra: “En Grecia tienes la convicción que la norma es el genio, no la mediocridad”. Él se sabe un genio y cortocircuita con la imposibilidad de la mediocridad en un país espléndido. Un par de citas «Empecé a sentir al instante lo que era Grecia, lo que había sido, lo que siempre será, aun cuando tenga la desgracia de verse invadida por turistas americanos». «En Grecia ocurren cosas maravillosas: cosas maravillosamente buenas que no pueden ocurrirnos en ningún otro lugar de la Tierra». Datos básicos Léelo si vas a viajar a… Grecia. 📚👉 ¡Cómpralo aquí!