Gabriel García Márquez en Cartagena: ruta para seguir los pasos del Nobel colombiano

El más universal de los colombianos, uno de los escritores más célebres de la literatura hispanoamericana, pasó parte de su vida en Cartagena de Indias. Fotografiada y adjetivada hasta el exceso, Cartagena fue hogar a la vez que fuente de inspiración de Gabriel García Márquez. Hace unos meses paseamos la capital del departamento de Bolívar persiguiendo las huellas que el Nobel dejó en la ciudad, una Cartagena tan bonita como asfixiante, tan atemporal como descosida por el turismo. En este artículo proponemos una ruta cultural, literaria y de vida, un paseo para acompañar los pasos de Gabriel García Márquez en Cartagena. ¿Quieres saber qué hizo Gabriel García Márquez en Cartagena? Te explicamos todas las referencias que puedes encontrar de Gabo en Cartagena y los lugares que marcaron al autor en la época vital que con más fuerza marcan los lugares: durante sus años universitarios. 📚 Lee nuestra reseña de Vivir para contarla, la autobiografía de García Márquez en la que habla de sus años en Cartagena. Cartagena, una de las ciudades que más influyeron a Gabo Gabriel García Márquez llegó a Cartagena para estudiar Derecho en 1948. Antes ya había llamado casa a otras cinco ciudades colombianas: su Aracataca natal, Sucre, Barranquilla, Bogotá y Zipaquirá. Después, durante su longeva y nómada vida, García Márquez vivió alrededor del mundo, coleccionando hogares en las ciudades que todos aspiran a visitar. A Cartagena de Indias le siguieron, por ejemplo, Nueva York, París, Barcelona, La Habana y Ciudad de México, donde falleció en 2014 a los 87 años. Gabo había empezado a estudiar Derecho en 1947 en Bogotá, pero las revueltas provocadas por el asesinato del líder de la oposición —que originaron el llamado ‘Bogotazo’— resultaron en el cierre de la Universidad Nacional y obligaron a Gabriel García Márquez a transferir sus estudios a la Universidad de Cartagena. Su traslado a Cartagena fue para Gabriel García Márquez una pequeña revelación. Al conocer la vida caribeña cartagenera, Gabo rememoraba Bogotá como fría y gris, como una ciudad apagada. Esa dualidad colombiana permanece perfectamente reflejada en las dos ciudades todavía hoy, tan distintas pero a la vez tan igualmente necesarias e imperdibles. El primer paso de Gabriel García Márquez por Cartagena fue casi fugaz, de apenas un par de años, pero la ciudad es una constante en muchas de sus obras y de los pasajes de su vida, pues siempre acababa volviendo. Fue aquí, a orillas del Caribe, donde García Márquez desistió de su pretensión —en realidad, la de sus padres— de ser abogado y comenzó a ejercer como periodista, antesala de su carrera como escritor que le llevó a ganar el Premio Nobel de Literatura en 1982. El amor en los tiempos del cólera y su autobiografía, Vivir para contarla, son dos de las obras de Gabo en las que más presente está Cartagena de Indias. La Puerta del Reloj de Cartagena, donde nace la Ciudad Amurallada La principal puerta de entrada al centro histórico de Cartagena, de la Ciudad Amurallada, es la Puerta del Reloj. Fue precisamente por la Puerta del Reloj por donde Gabriel García Márquez accedió por primera vez a Cartagena en 1948, con apenas un puñado de pesos y algún cigarrillo en los bolsillos. La Puerta del Reloj de Cartagena también es conocida como la Torre del Reloj y como la Boca del Puente, en un curioso ejercicio polisémico de formas constructivas divergentes. El monumento Torre del Reloj, como también se le conoce, fue construido en el siglo XVII y es uno de los lugares que hay que visitar en Cartagena de Indias. El portal de los Dulces, en la plaza de los Coches de Cartagena Una vez traspasada la Puerta del Reloj, el viajero se encuentra con la plaza de los Coches y el portal de los Dulces, un bullicio alborotador al que se enfrentó también Gabriel García Márquez al llegar por primera vez a Cartagena. “Me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer”, explica el propio García Márquez de su primera impresión de Cartagena en Vivir para contarla. El portal de los Dulces le debe su nombre a las golosinas, pastelitos y chucherías que venden las tiendas situadas en la galería. Hay que venir aquí a comer casadillas de coco —o cualquier otro manjar dulce local— y a ver cómo se pasean las palenqueras, esas mujeres de coloridos vestidos que cargan palanganas de fruta en la cabeza. «En las buenas y en las malas el portal seguía siendo un centro vital de la ciudad donde se ventilaban asuntos de Estado a espaldas del gobierno y el único lugar del mundo donde las vendedoras de fritangas sabían quién sería el próximo gobernador antes de que se le ocurriera en Bogotá al presidente de la República», cuenta Gabo del portal de los Dulces. La plaza de Bolívar y la plaza Santa Teresa, protagonistas de la primera noche de Gabo en Cartagena La plaza de Bolívar está flanqueada por algunos de los edificios más importantes de Cartagena de Indias en la época colonial, como el Palacio de la Inquisición (ahora, sede del Museo Histórico de Cartagena), la Catedral de Santa Catalina de Alejandría y la Casa del Cabildo (en la actualidad, sede del Gobierno del Departamento de Bolívar). Cuando Gabriel García Márquez llegó a Cartagena desde Bogotá, en su primera noche en la ciudad, un banco de la plaza de Bolívar con vistas a todos estos edificios le sirvió de improvisada cama. La plaza, que está dedicada a Simón Bolívar, es de paso obligado para los turistas también debido al Museo del Oro, una de las principales cosas que ver en Cartagena. En esa primera noche en la ciudad colombiana, Gabo acabó cambiando a la fuerza el banco de la plaza de Bolívar por el calabozo del cuartel situado en la plaza Santa Teresa. ¿Por qué acabó Gabo en el calabozo? Porque