El desayuno inglés para despedirse de Londres | Día 4

Es lunes y Londres es puro ajetreo. La gente va camino del trabajo y nosotros de nuestro último desayuno de la escapada cumpleañera. Porque hoy se cumplen años, muchos, y he decidido que voy a invitar al desayuno. Pero no a un desayuno cualquiera, al desayuno inglés, el desayuno de verdad en las islas británicas. El english breakfast es un chute calórico riquísimo que te empuja al baño o te dispara a comerte el día. Nos ha sorprendido cómo en muchas de las desayunerías londinenses te marcan al lado de cada plato su equivalente en calorías y un recordatorio: un adulto sano debe consumir 2.000 al día. Hemos dejado las mochilas a medio hacer en el apartamento porque tenemos margen de maniobra. El vuelo de vuelta sale a las 17.30 h y el alojamiento tenemos que dejarlo a las 11.00 h. Los niños remolonean un poco, pero conseguimos sacarlos de la cama con la promesa de la experiencia gastronómica más auténtica del viaje. A diez minutos del apartamento, en Soho, vamos a desayunar en The Breakfast Club, que lleva el nombre de esa película de culto ochentera en la que un grupo de adolescentes de instituto de lo más variopinto se veían obligados a amistarse durante una tarde de castigo. El club de los cinco, la titularon aquí en España. Un Full Monty para nuestro desayuno inglés Nosotros, en cambio, somos el club de los seis. Y haciendo honor a la trama de la película también hemos hecho una elección de lo más variadita de nuestro desayuno. Caro y yo hemos compartido un Full Monty, que viene a ser el desayuno inglés de toda la vida, con sus alubias, su salchicha, sus huevos, su beicon y sus tostadas (¡sin gluten!). Los niños han optado por una versión parecida, pero sin alubias. Las mayores han optado por desayunos más modernitos, con huevos benedictinos, salmón y aguacate. El Full Monty bordeaba las mil calorías. Suerte que lo hemos dividido entre los dos y eso nos da chance para seguir comiendo durante el día. Hemos vuelto al apartamento a recoger y cerrar mochilas y no nos ha quedado otra que cargarlas, lo que nos ha lastrado lo que nos quedaba de día. Hemos dejado nuestra casa londinense, que tan bien nos ha acogido y cobijado, y hemos caminado hacia Oxford Street y de nuevo a Soho. La ciudad no es la misma que ayer ni que anteayer, hoy es una ciudad que caminan hombres y mujeres de mediana edad con sus trajes y sus mochilas, que hablan en jerga empresarial. El día ha despertado gris pero el sol ha hecho acto de aparición estelar entre las nubes, para recordarme que le he dado otra vuelta más. El clima nos ha acompañado, por suerte; recordaremos una Londres que le ha llevado la contraria al cliché: con su gris sempiterno, pero sin lluvias. Un cheesecake y la juguetería Hamley’s En Soho hemos pasado fugazmente por Maritxu, una tienda de tartas de queso, porque sin quererlo parece que vamos transitando el mundo probando las mil formas de este postre que nos enamora. Y de ahí hemos caminado a Hamley’s, en Regent Street, una juguetería monumental de siete pisos. Le habíamos prometido a los niños que la visitaríamos durante el viaje, y el margen para cumplir la promesa estaba a punto de expirar. Los niños han disfrutado muchísimo, y los mayores también. Hamley’s es un ejercicio impoluto del mejor marketing, con decenas de empleados haciendo demostraciones en vivo de algunos de sus juguetes más originales. Nos hemos quedado embobados con un par de demostraciones y los niños tenían la tarea imposible de escoger solo uno para llevarse de vuelta a Barcelona. Al final, hasta los mayores nos hemos llevado un recuerdo de Hamley’s. Yo me he comprado una miniatura de un hermoso Porsche 911 y Caro un peluche con forma de mazorca de maíz. Podríamos haber pasado muchas horas ahí, pero el reloj marcaba más del mediodía y comenzaba a urgir la decisión final, si hacíamos una última visita a Harrod’s o íbamos directamente a la estación de Victoria, desde donde íbamos a tomar el tren al aeropuerto de Gatwick. Por desgracia para los dos más mayores de la expedición, aunque por suerte para su cuenta de gastos, hemos decidido que ir a Harrod’s nos desviaba demasiado y apenas íbamos a poder estar una media hora. Soplando las velas en un pub y adiós a Londres Desestimada y aplazada la visita a Harrod’s hasta nuestra próxima vez en Londres, hasta un futuro cumpleaños, hemos tomado el metro directamente hasta la estación de Victoria. El metro de Londres nos ha facilitado mucho estos días transitarlo, pues permite el pago directo con tarjeta de crédito. Aunque viendo la cuenta lo cierto es que es carísimo. La estación de Victoria sigue tal y como la recordaba, elegante y acogedora, y hemos descargado el campamento de mochilas en un pub cualquiera hasta la hora de salida del tren. Ahí nos hemos pedido la última pinta (de sidra para los que evitamos el gluten) y han sacado la tarta de queso y una vela para cantarme el cumpleaños feliz más insospechado. Pero también el más feliz, rodeado de los que más disfruto rodearme, apurando la sensación de satisfacción del viaje y el último sorbo de la sidra. Hemos tomado el tren hasta Gatwick y ahí nos ha dado tiempo a comer antes de despedirnos de Londres. Where to next? ¿Adónde viajamos para el próximo cumpleaños? Trataremos de convencer al equipo de que este viaje se convierta en una tradición. Viaja mejor y gasta menos: descuentos para tu viaje a Londres Consigue un 5 % de descuento en tu seguro para viajar a Londres y Reino Unido Hazte con una eSIM de Sim Local con un 5 % de descuento Empieza a viajar a Londres a través de los libros