Qué ver en Astaná: guía de viaje a la capital futurista de Kazajistán

Astaná, la actual capital de Kazajistán, es uno de esos lugares que parecen imposibles. Es excesiva, desmesuradamente futurista, un deliro. Es una ciudad que desafía cualquier comparación en medio de la estepa. Si en tu ruta por Kazajistán buscas lo inesperado, aquí lo encontrarás: rascacielos de cristal, avenidas monumentales y espacios urbanos concebidos como utopías arquitectónicas. ✍️ Conoce qué ver y qué visitar en Kazajistán en nuestra completa guía del país. Astaná significa precisamente “capital” en kazajo. Hasta 1997 se llamaba Akmola, año en que sustituyó a Almaty como capital del país. Durante un breve paréntesis (2019-2022) adoptó el nombre de Nursultán en honor al presidente Nursultán Nazarbáyev, quien lideró el país durante casi tres décadas. Hoy viven aquí más de 1,3 millones de personas, mayoritariamente de origen kazajo y religión musulmana, y el ruso es el idioma predominante, por encima del también oficial kazajo. El turismo internacional es escaso en Astaná, casi inexistente. Y resulta incomprensible, porque Astaná es única. Es el ejemplo perfecto de cómo la voluntad humana puede modelar un territorio. Por su ubicación en medio de la estepa, el frío domina casi todo el año y obliga a que todo esté planificado adecuadamente para combatir temperaturas de hasta -40 grados. De hecho, Astaná es la segunda capital más fría del mundo, solo por detrás de Ulán Bator, en Mongolia. En esta guía de viaje encontrarás todo lo necesario para planificar tu visita: qué ver en Astaná, dónde alojarte, dónde comer y cómo moverte por la ciudad futurista que simboliza el nuevo Kazajistán. Astaná en cuatro claves 📍 Capital desde 1997 – Se convirtió en la capital de Kazajistán en 1997, sustituyendo a Almaty. 📜 Nombres anteriores – Antes se llamaba Akmola y, brevemente, Nursultán (2019-2022) en honor al presidente del país. 👥 Población – Tiene aproximadamente 1,3 millones de habitantes, en su mayoría de origen kazajo. ❄️ Clima extremo – En invierno alcanza los -40 °C, lo que la convierte en la segunda capital más fría del mundo. Mapa interactivo para viajar a Astaná: qué ver, alojamiento y dónde comer Antes de que explores nuestra guía para viajar a Astaná, y para que puedas orientarte con facilidad, hemos preparado un mapa interactivo de la ciudad con todos los puntos clave de la capital kazaja: sus monumentos más icónicos, restaurantes recomendados, alojamientos, museos y centros comerciales. Esta guía visual te ayudará a planificar tu visita a la capital de Kazajistán de la forma más cómoda y completa. Qué ver en Astaná: las 12 mejores visitas y atracciones turísticas La capital de Kazajistán parece trazada con escuadra y ambición —y un punto de grandilocuencia y locura—. Sus avenidas anchas, sus rascacielos de vidrio y sus plazas monumentales conviven con mezquitas majestuosas, museos nacionales y puentes de diseño futurista. Aquí reunimos los 12 lugares imprescindibles que ver en Astaná para que descubras la esencia de esta ciudad única, entre la modernidad deslumbrante y las raíces de la cultura kazaja. La torre Bayterek, el sol de Astaná La torre Bayterek es el símbolo absoluto de Astaná y uno de los monumentos más icónicos que ver en la capital de Kazajistán. Se alza 105 metros sobre el gran bulevar peatonal Nurzhol y representa el árbol de la vida coronado por un huevo dorado, símbolo del sol. En realidad, parece el sol sobre el que gira la ciudad. Se puede subir hasta la gran esfera, que funciona como mirador, y contemplar desde lo alto el urbanismo geométrico y perfectamente planificado de Astaná. En el centro de la plataforma está marcada la huella de Nursultán Nazarbáyev, primer presidente del país. Todos los locales colocan su mano sobre la del antiguo presidente. Explicamos aquí nuestra experiencia. El Palacio Presidencial Ak Orda, el corazón político de Astaná El Palacio Presidencial Ak Orda, sede del gobierno de Kazajistán y siempre custodiado por decenas de policías, es uno de los edificios más emblemáticos que ver en Astaná. Con su cúpula azul celeste y su fachada de mármol blanco, recuerda vagamente a la Casa Blanca, aunque con la grandilocuencia propia de la capital kazaja. Se ubica frente al bulevar Nurzhol, alineado en el mismo eje perfecto que conecta la torre Bayterek, el Palacio de la Paz y la Reconciliación y el centro Khan Shatyr. Está rodeado por jardines, ministerios y dos torres doradas conocidas popularmente como “las jarras de cerveza”. Aunque no se puede visitar por dentro, vale la pena acercarse y fotografiarlo desde el puente que cruza la avenida principal. El Palacio de la Paz y la Reconciliación, la pirámide futurista de Astaná El Palacio de la Paz y la Reconciliación es una de las construcciones más singulares que ver en Astaná. Esta pirámide de vidrio y acero, de más de 60 metros de altura, fue diseñada por el célebre arquitecto Norman Foster y parece un cruce entre las pirámides de Egipto y la del Museo del Louvre. Fue construido para albergar una reunión periódica de los principales líderes religiosos y políticos del mundo. En 2022 recibió incluso la visita del papa Francisco. Los conspiranoicos dirán que su simbología, diseño y propósito tienen evidentes reminiscencias illuminati. Hoy alberga exposiciones, conciertos y eventos culturales, y se puede visitar en rutas guiadas que recorren su interior bañado por la luz cenital que entra desde la cúspide. El Museo Nacional de la República de Kazajistán, un viaje por la historia del país El Museo Nacional de la República de Kazajistán es una de las mejores visitas culturales que hacer en Astaná. Ocupa un monumental edificio de mármol blanco y vidrio azul, y alberga once salas temáticas con una mezcla bastante aleatoria, pero ciertamente interesante, de elementos de arte, arqueología, historia, etnografía y ciencia kazaja. La organización de las exposiciones puede parecer caótica, pero el museo ofrece un recorrido fascinante por el pasado del país, desde las civilizaciones nómadas de la estepa hasta la independencia kazaja en 1991. Algunas secciones tienen un tono claramente propagandístico, pero resultan útiles para comprender la construcción de la identidad nacional moderna. Además, la entrada
Buscando al orangután de Borneo | Día 3

Algunos viajeros hacen solo el recorrido de dos días y una noche, y con el safari matutino por el Kinabatangan, buscando el orangután de Borneo que no pudimos ver ayer, pondrán fin a su aventura. Una de ellas es Chiara, una italiana muy fashion que trae todos sus outfits calculados. La mexicana de Cultura Nómada se obliga a tomar el testigo del estilismo ilustrado. En el grupo hay muchos chinos —que parecen vivir en un mundo paralelo—, varios italianos más y otra pareja de catalanes, con los que hacemos que no nos sabemos compatriotas. Safari por el río y caminata para despertar con la selva en Borneo El ambiente del crucero matutino es distinto al de ayer: la selva empieza a desperezarse, y apenas si avistamos animales. Pero, en todo caso, la experiencia continúa siendo excepcional, ahora de encuentro con la naturaleza en su momento de despertar. Volvemos al hotel para el desayuno. Y durante el día tendremos también comida, merienda y cena. Nos están cebando para alimentar a las tribus caníbales de Borneo. Entre medias, con Jeannette, nuestra guía, hacemos una breve caminata por la jungla. Detenemos con ella más la mirada en la flora que en la fauna, entendiendo las lógicas de la selva. Jeannette es diligente y locuaz, entendedora de lo que cuenta, pero lleva a su lado a un ranger local, un nativo de las tierras de la selva de Borneo que se asegura de que no nos perdamos. Tras la caminata es momento de descansar, y de echarse la nunca practicada siesta de 10.30 h a 12.30 h, antes de encontrarnos cara a cara de nuevo con el sospechoso habitual de todos nuestros días asiáticos: el arroz. Vida en el lodge entre dónuts de plátano y aguaceros La merienda, antes de la segunda ración de safari por el río, consiste en unos riquísimos donuts de plátano que ya estamos soñando con cocinar sin gluten de vuelta en casa. Antes del crucero se abre el cielo y descarga un aguacero tropical de una hora. Llegan nuevos huéspedes y el lodge parece un capítulo de The White Lotus. Entre los nuevos se oye otra vez mucho italiano, y también más catalán. El crucero de la tarde nos trae más monos narigudos, más cálaos rinocerontes —raros y bellísimos al alzar el vuelo—, muchas otras aves, cocodrilos de todos los tamaños, monitor lizards y macacos. Y, de repente, paramos rotativas, salta la gran exclusiva: hay un orangután. Todas las embarcaciones nos arremolinamos alrededor del punto en el que se esconde el único de los cinco grandes de Borneo que nos falta por avistar. La gran búsqueda del orangután de Borneo Está lejos, y Jeannette nos indica que sigamos los movimientos de las ramas. Creemos —o quizás solo queremos creer— que hemos visto un brazo moviéndose entre las hojas. Es el rey de la selva de Borneo y no se deja ver tan fácil. Después de quince minutos de espera y meras intuiciones, se desmonta el alboroto y los botes empiezan a partir en busca de nuevos avistamientos, conscientes de que hemos perdido la mejor oportunidad de ver al orangután. Pensado fríamente, resulta casi ridículo el espectáculo de los humanos montando un circo a partir de la mera intuición de un animal. ¿Habrá especies alienígenas haciendo con nosotros lo mismo que hacemos aquí, comprando viajes a la Tierra para avistarnos, ver nuestras rutinas y extrañarse de nuestros movimientos? Los observadores observados. Quién sabe. No suena tan descabellado. De vuelta al hotel, cenamos y hoy sí hacemos la caminata nocturna con Khan, el que ha sido el capitán de nuestro bote hoy también. Vemos un búho, una civeta, varias arañas y un kingfisher, un bonito pájaro diminuto de colores vivos. Nuestra estancia en Kinabatangan llega a su fin y ya sentimos la nostalgia anticipada de tener que decirle adiós.