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Buscando al orangután de Borneo | Día 3

Algunos viajeros hacen solo el recorrido de dos días y una noche, y con el safari matutino por el Kinabatangan, buscando el orangután de Borneo que no pudimos ver ayer, pondrán fin a su aventura. Una de ellas es Chiara, una italiana muy fashion que trae todos sus outfits calculados. La mexicana de Cultura Nómada se obliga a tomar el testigo del estilismo ilustrado. En el grupo hay muchos chinos —que parecen vivir en un mundo paralelo—, varios italianos más y otra pareja de catalanes, con los que hacemos que no nos sabemos compatriotas.

Safari por el río y caminata para despertar con la selva en Borneo

El ambiente del crucero matutino es distinto al de ayer: la selva empieza a desperezarse, y apenas si avistamos animales. Pero, en todo caso, la experiencia continúa siendo excepcional, ahora de encuentro con la naturaleza en su momento de despertar. Volvemos al hotel para el desayuno. Y durante el día tendremos también comida, merienda y cena. Nos están cebando para alimentar a las tribus caníbales de Borneo. Entre medias, con Jeannette, nuestra guía, hacemos una breve caminata por la jungla.

Detenemos con ella más la mirada en la flora que en la fauna, entendiendo las lógicas de la selva. Jeannette es diligente y locuaz, entendedora de lo que cuenta, pero lleva a su lado a un ranger local, un nativo de las tierras de la selva de Borneo que se asegura de que no nos perdamos. Tras la caminata es momento de descansar, y de echarse la nunca practicada siesta de 10.30 h a 12.30 h, antes de encontrarnos cara a cara de nuevo con el sospechoso habitual de todos nuestros días asiáticos: el arroz.

Vida en el lodge entre dónuts de plátano y aguaceros

La merienda, antes de la segunda ración de safari por el río, consiste en unos riquísimos donuts de plátano que ya estamos soñando con cocinar sin gluten de vuelta en casa. Antes del crucero se abre el cielo y descarga un aguacero tropical de una hora. Llegan nuevos huéspedes y el lodge parece un capítulo de The White Lotus. Entre los nuevos se oye otra vez mucho italiano, y también más catalán.

El crucero de la tarde nos trae más monos narigudos, más cálaos rinocerontes —raros y bellísimos al alzar el vuelo—, muchas otras aves, cocodrilos de todos los tamaños, monitor lizards y macacos. Y, de repente, paramos rotativas, salta la gran exclusiva: hay un orangután. Todas las embarcaciones nos arremolinamos alrededor del punto en el que se esconde el único de los cinco grandes de Borneo que nos falta por avistar.

La gran búsqueda del orangután de Borneo

Está lejos, y Jeannette nos indica que sigamos los movimientos de las ramas. Creemos —o quizás solo queremos creer— que hemos visto un brazo moviéndose entre las hojas. Es el rey de la selva de Borneo y no se deja ver tan fácil. Después de quince minutos de espera y meras intuiciones, se desmonta el alboroto y los botes empiezan a partir en busca de nuevos avistamientos, conscientes de que hemos perdido la mejor oportunidad de ver al orangután. Pensado fríamente, resulta casi ridículo el espectáculo de los humanos montando un circo a partir de la mera intuición de un animal.

¿Habrá especies alienígenas haciendo con nosotros lo mismo que hacemos aquí, comprando viajes a la Tierra para avistarnos, ver nuestras rutinas y extrañarse de nuestros movimientos? Los observadores observados. Quién sabe. No suena tan descabellado. De vuelta al hotel, cenamos y hoy sí hacemos la caminata nocturna con Khan, el que ha sido el capitán de nuestro bote hoy también. Vemos un búho, una civeta, varias arañas y un kingfisher, un bonito pájaro diminuto de colores vivos. Nuestra estancia en Kinabatangan llega a su fin y ya sentimos la nostalgia anticipada de tener que decirle adiós.

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