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Malaca, calurosa, mestiza y hortera | Día 13

Malaca no se las da de compleja ni enredada. Por eso, es fácil entenderla pronto. Entenderla en el sentido de suponerla, de manera solo superficial, y nunca de desentrañarla. Porque partiendo de la base de que Malaca —tan cruzada, tan conquistada, tan inmigrada— es una ciudad de realidades muy diversas, es, en cambio y a la vez, transparente y llana. No es impostada ni pretenciosa, ni se maquilla ni se acicala de más, Malaca es auténtica en su campechanía. No destaca por nada pero sabe mostrarse afable en todo. No va a ser la ciudad más bonita que hayas visto nunca, ni a la que desees volver una vez en casa, pero tampoco aspira a ello. Malaca solo quiere que la conozcas y le prestes atención.

La mezquita Selat Melaka

Y en esas andamos, mientras en casa, a seis husos horarios de distancia, están votando para elegir presidente. Malaca quedará para la posteridad como la ciudad desde la que vivimos el minuto a minuto de las elecciones de 2019 en España. Ya es algo, por algo será recordada. Pero no le seamos injustos, que pese a sencilla y poco distinguida es un lugar interesante.

Para, por ejemplo, conocer una curiosa mezquita que se encuentra en un islote pegado a la ciudad, pero al que se accede por una única carretera que obliga a dar una vuelta enorme. La Masjid Selat Melaka se sitúa encima del mar en una suerte de plataforma. Llegar hasta ahí nos ha mostrado una cara de Malaca que nos ha disgustado un poco: es muy calurosa. No hasta el punto de George Town, donde uno se quedaba anclado en el suelo a cada paso, pero casi. Hacerse el viajero en estas condiciones no es sencillo. Hay que bajar el ritmo, no tener prisa, planificar con margen y tomárselo con calma.

 Jugando a la Play en el hostal

Nuestro hostal, Yote 28, nos ha ayudado a ello. Modernísimo y recién abierto, tiene aire acondicionado, café y té gratis —e ilimitado— durante todo el día, unas mesitas muy cómodas, juegos de mesa, sofás y lo mejor: una pantalla de televisión enorme con Netflix y una PlayStation4. Por si fuera poco, la sala donde está la televisión está acondicionada en forma de cine, con varias graderías y unos cojines comodísimos.

Después de nuestra visita a la mezquita, de tomarnos unos zumos muy fríos para combatir el calor y de comernos una pizza, nos hemos pasado la tarde jugando al FIFA y al Gran Turismo. Sirva como excusa el calor, aunque a medias. Lo cierto es que nos hemos tirado mucho más tiempo del previsto jugando a los videojuegos.

El divertido y hortera centro de Malaca

Cuando el sol ya había caído y la excusa no lo era más, nos hemos obligado a volver a salir. El calor era todavía intenso, pero sin sol de por medio caminar por la calle era mucho más llevadero. Es entonces cuando le hemos visto a Malaca su lado más hortera y chabacano; pero a la vez divertido y auténtico. Uno de los principales medios de transporte de la ciudad son unos triciclos en los que además del conductor caben tres o cuatro personas. Todo bien hasta aquí.

Los trishaws, autorickshaws o ciclorickshaws son habituales en muchas partes del continente. ¿Qué les hace especiales a los de Malaca? Dos cosas: su decorado y su sonido. Los triciclos son todos distintos y están revestidos con motivos de los más aleatorios: dibujos animados, colores chillones, elementos de gusto más que dudoso. Además, por la noche se iluminan y parecen un árbol de navidad con ruedas. Por si todo esto fuera poco, traen música —a todo volumen— incorporada. El abanico de hits va desde el Despacito en versión remix hasta temazos malasios que te dañan el oído. Es imposible no sonreír viéndolos pasar.

Estos trishaws se arremolinan en la Jonker Street, la calle más comercial de la ciudad, donde los fines de semana se celebra un mercadillo nocturno en el que se encuentra de todo: comida, baratijas, joyas, relojes y tantas otras cosas. Nos hemos parado los pies para acabar comprando solo un helado de coco. Era ya tarde y la mujer, viendo que se le escapaban los clientes y le iban a sobrar helados, nos ha obligado a tomar otro: “Toma, el cambio. Y llévate otro”. Hemos contado el cambio y estaba correcto. Nos estaba haciendo un 2×1. Lo hemos tomado, claro. No estamos para despreciar regalos.

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