Tranquilos, el título de la reseña no desvela el final, solo reproduce el principio. La carta (Ediciones Invisibles, 2022) de William Somerset Maugham es una novelita cortísima que viaja a la Singapur preindependiente para explicarnos un teatrillo con crimen de por medio. La obra tiene de todo: secretos, racismo, engaños, ricachones británicos, chinos astutos y una Singapur cubierta por un velo de colonialismo del rancio. El texto hay que situarlo en su época (los años veinte del siglo pasado) para entenderlo y disfrutarlo; y también en su contexto histórico, en el que el mundo estaba repartido en pedazos y en manos de un puñado de potencias europeas.
Un par de décadas antes de que Singapur fuera un país soberano, y todavía por tanto como colonia británica, William Somerset Maugham viajó recurrentemente a la región para documentar algunas de sus novelas más conocidas, como La carta. Esos viajes lo han convertido en uno de los grandes cronistas de los últimos coletazos del imperialismo europeo, y especialmente del británico. De hecho, por eso, David Jiménez le dedica el primero de los capítulos de su libro Los diarios del opio (que reseñamos aquí) y le señala como uno de sus guías para desentrañar el misterio de Oriente. Lo coloca a la altura de referentes literarios de principios del siglo XX como Joseph Conrad, Rudyard Kipling, George Orwell y Martha Gellhorn, entre otros, todos ellos seducidos y corrompidos a partes iguales por Asia.
La Singapur británica con una femme fatale
La trama de La carta avanza a ritmo de diálogos con chispa y del carisma de sus dos personajes principales: el abogado que defiende a la acusada y la propia acusada, Leslie, una femme fatale de manual, que recuerda a la Barbara Stanwyck de la película Perdición de Billy Wilder. Sin hacer muchos spoilers, pero para entender un poco el argumento, la cuestión es que la aparición de una carta ayuda a resolver un caso en el que todo parece muy claro desde el principio. La novela tiene intriga contenida; es fácil prever lo que pasará después, pero el proceso hasta que pasa es muy disfrutable. Más allá de lo que sucede, lo interesante del libro es el escenario de fondo. Somerset Maugham dibuja una Singapur que solo puede ser una media verdad, en la que lo local está escondido entre lo británico.
El autor deja en bastante mal lugar al expatriado medio de la época: son personajes que reproducen la vida de su Londres natal a diez mil kilómetros de distancia. Singapur es una pequeña réplica del Reino Unido y para los personajes de Somerset Maugham esa es la Singapur de verdad. Son personas que tienen arraigado y normalizado el racismo, y lo practican en sus actos y en sus costumbres. Los protagonistas de origen chino, que los hay, también son producto del prototipo. Es especialmente interesante la figura del pasante chino que colabora con el abogado, tan hábil, astuto y observador. El libro es una aproximación muy interesante a las costumbres coloniales británicas en Singapur —y en la región— en ese mundo de entreguerras; y Somerset Maugham es habilísimo exponiéndolo y además entreteniendo al lector.
Un par de citas
«―¿Cómo estás? ―preguntó él.
―Disfruto de una salud estupenda, gracias».
«Aquel hombre era estúpido y el señor Joyce no soportaba la estupidez».
Datos básicos
- La carta
- William Somerset Maugham (traducción: Carlos Mayor)
- Ediciones invisibles (2022), 93 p.