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‘El fútbol a sol y sombra’, de Eduardo Galeano: una carta de amor al balón

Portada del libro 'El fútbol a sol y sombra libro', de Eduardo Galeano

El fútbol a sol y sombra (Siglo XXI Editores, 2024) es la oda mejor elaborada a la pasión más universal, una carta de amor de Eduardo Galeano al balón y a todas sus derivadas. Galeano sabe que el fútbol es una imperfección corrompida, una pelota llena de aristas y espinas. Pero qué le vamos a hacer; qué más da. El fútbol nos conecta con nuestra infancia, con nuestras raíces, con nuestra identidad. Nos devuelve la alegría y nos da los mayores berrinches. Y nadie lo cuenta tan bien como Galeano aquí, en El fútbol a sol y sombra. El escritor uruguayo, explica en el libro, cerraba por fútbol cada cuatro años cuando llegaba el Mundial: “En la puerta de mi casa colgué un cartel que decía: ‘Cerrado por fútbol’. Cuando lo descolgué, un mes después, yo ya había jugado sesenta y cuatro partidos, cerveza en mano, sin moverme de mi sillón preferido”. La nostalgia es implacable y se apodera con fuerza del futbolero cuando el balón deja de rodar después de un mes de fútbol ininterrumpido. El Mundial es la mayor alegría y el mejor recuerdo de que todo es perecedero, y de que siempre hay revancha: con suerte tenemos chance en cuatro años. El Mundial y todas sus historias La frase mítica de Galeano en El fútbol a sol y sombra pareciera una hipérbole, pero no era siquiera una licencia literaria. Lo cuenta en esta tribuna de El País Mariana Mactas, periodista e hija de Helena Villagra, la que fuera pareja de Galeano: “Ahora, Eduardo estaría viendo los 104 partidos, que a un promedio de 90 minutos por cada uno da 156 horas, igual a seis días y medio enteros llenos sin parar de fútbol”. Y uno ve el elenco inacabable de países inverosímiles que han jugado el Mundial 2026 y se lamenta de que Galeano no pueda escribir una crónica sobre ellos. ¿Qué habría dicho del (casi) milagro caboverdiano? ¿Cómo habría criticado las pausas de hidratación? En su edición más reciente, El fútbol a sol y sombra recoge historias, anécdotas, resúmenes y momentos de todos los Mundiales desde 1930 y hasta 2014. El libro original terminaba en el 94, con el Mundial de Estados Unidos, pero aquí aparecen un par de brillantes apéndices para los cinco campeonatos siguientes. Las páginas del libro están trufadas de amor por el balón, pero también de mala leche y crítica. Además, revisa los jugadores míticos que han hecho universal al fútbol, pero también los de tantos otros nombres anónimos que demuestran que el fútbol lo es de verdad más allá de los focos. El antídoto contra el aburrimiento El fútbol a sol y sombra es una pequeña enciclopedia mundialista que navega por muchos otros lares futboleros. Sorprende llegar al final, lamentarse de que el libro se haya acabado y encontrarse con una bibliografía extensísima de todas las fuentes que le sirvieron a Galeano de faro para construir su magnífica obra. Repara en todos y no se olvida de ninguno. Sus apuntes nos hablan de los porteros, de los delanteros, de los entrenadores, de los aficionados, de los árbitros, que “durante más de un siglo vistieron de luto” pero “ahora disimulan con colores”. El fútbol nos alcanza a todos, y todos cabemos en Galeano. El libro es una delicia que se paladea a sorbos, que se puede leer a ratos en los descansos del partido o ahora —maldito fútbol moderno— incluso en las pausas de hidratación que en realidad son excusas en absoluto encubiertas para darle al negocio todavía más recorrido. “En este mundo de fin de siglo, quien no muere de hambre muere de aburrimiento”, explica Eduardo Galeano en uno de los pasajes de El fútbol a sol y sombra. Pues que así sea, que nunca nos falte la comida, que siempre tengamos fútbol. Un par de citas: frases de Eduardo Galeano en El fútbol a sol y sombra «El fútbol ha sido y sigue siendo un signo primordial de identidad colectiva». «—Cuéntenme ese gol —pedían los ciegos». Datos básicos El fútbol a sol y sombra Eduardo Galeano Siglo XXI Editores (2024), 297 p. Léelo si vas a viajar a… Cualquiera de los Mundiales, al corazón del fútbol. 📚👉 ¡Cómpralo aquí!

Libros de fútbol: 14 lecturas que no hablan solo de fútbol

Portada de los libros 'Fútbol a solo y sombra' e 'Historias del calcio'

El fútbol no está reñido con nada, ni siquiera con la buena literatura. Es un error habitual desligar el deporte rey de la cultura y esta lista viene a desmontar todos esos prejuicios. Los 14 libros de fútbol que recomendamos sirven para demostrar que el fútbol también se puede disfrutar desde la lectura. Hay muchos más, pero estos son algunos de los que más nos han hecho disfrutar del juego desde el sofá. El fútbol a sol y sombra, Eduardo Galeano Si el fútbol tuviera un manifiesto, sería este. El escritor uruguayo Eduardo Galeano escribe en El fútbol a sol y sombra una oda al balón, una pasión que sin remedio se apodera de nuestro devenir por la vida. Galeano mantenía “cerrado por fútbol” el portón de su casa durante el Mundial, ese atracón balompédico que cada cuatro años le quita el interés a todo lo demás. El libro repasa todas las Copas del Mundo hasta el 2014 con nostalgia y precisión enciclopédica. Historias del calcio, Enric González Enric González escribe desde el periodismo las mejores pinceladas de todos los lugares que ha visitado y conocido. Cronista y corresponsal, González es también un apasionado del fútbol y de todo lo que rodea al juego. Historias del calcio es el homenaje de Enric González a todos los domingos de calcio que vivió durante su época de corresponsal en Italia, un acercamiento honesto y lleno de cariño a un país tan futbolero como magníficamente imperfecto. Unico grande amore, Toni Padilla Italia otra vez, Italia de nuevo, porque Toni Padilla, otro periodista español, es también un enamorado de ese territorio maravilloso al que tanto estamos echando de menos en los últimos Mundiales. En Unico grande amore Toni Padilla le da la vuelta al país, de norte a sur y de esta a oeste, acompañado de un balón pero reparando en todo lo demás que nos enamora de Italia: su gastronomía, su gente, todas sus historias. El historiador en el estadio, Toni Padilla Toni Padilla es periodista pero también es historiador, y en este libro, El historiador en el estadio, conjuga sus dos pasiones para demostrar que el fútbol abarca infinitas dimensiones, no solo el puro juego. Padilla demuestra el arraigo del deporte en tantísimos lugares del mundo, a lo largo de los años, y revisa episodios tan desconocidos e ignorados como sugerentes. 11 ciudades, Axel Torres Axel Torres, periodista catalán, era un imberbe cuando empezó a trabajar en los medios de comunicación, todavía en época universitaria y con la inquietud por el deporte rey —y por el mundo— como bandera. En 11 ciudades cronifica su necesidad de observarlo todo desde el prisma futbolístico, en un recorrido por once lugares que le han marcado. Crónicas balcánicas, Axel Torres Crónicas balcánicas es la muestra perfecta de la exploración de muchos de los grandes intereses de Torres, como la geopolítica, el viaje como modo de entender el mundo y el espacio panyugoslavo como territorio de enorme riqueza cultural e histórica. Buscando entender los países balcánicos, y entenderse a sí mismo, el libro de Torres tiene el paraguas constante del fútbol. El faro de Dalatangi, Axel Torres Y como no hay dos sin tres, otro del bueno de Axel Torres. En un viaje a Islandia se inspira para recordarse todo lo que le gusta del fútbol, en medio de una crisis existencial y profesional. El libro busca la autenticidad del fútbol en campos de tercera división islandesa, reivindicando desde el exceso la emoción de la cotidianidad menos lujosa, y encontrándose con Heimir Hallgrímsson, dentista a tiempo parcial y seleccionador de Islandia. Fútbol y poder en la URSS de Stalin, Mario Alessandro Curletto Altamarea es una de las editoriales que mejor sabe conectar el fútbol con la literatura. Tiene una colección de una decena de obras interesantísimas y fantásticamente documentadas que hablan del fútbol más allá del fútbol, de todo lo que hay alrededor, de cómo se vincula con el poder. Justamente de eso habla Mario Alessandro Curletto en Fútbol y poder en la URSS de Stalin, acercándose a la Unión Soviética a través del balón. Balón dividido, Juan Villoro Si tuviéramos que escoger un once inicial de escritores que mejor explican el fútbol, el mexicano Juan Villoro no solo sería titular indiscutible, sino que seguramente sería el ‘diez’ sobre el que gravitaría el juego. Balón dividido es una de las obras que mejor han conseguido representar la grandeza del fútbol, reparando en grandes estrellas de todos los tiempos y trazando conexiones insospechadas con cualquier aspecto imaginable de la vida. Dios es redondo, Juan Villoro Como Balón dividido, Dios es redondo es un compendio magnífico de historias futboleras escritas por Juan Villoro. Aquí hay muchísimo sobre los Mundiales, pues el mexicano trabajó como enviado especial durante los campeonatos del 90 en Italia y del 98 en Francia. Juan Villoro es un genio de la palabra escrita y dignifica el fútbol con sus filigranas literarias. Dios es redondo es una pequeña joya que se puede leer de a poquito, sin prisas. Fiebre en las gradas, Nick Hornby El deporte que tanto amamos lo inventaron los ingleses y hacia ellos, expertos en sacarle lustre, se dirigen las miradas de todo el mundo durante la temporada. Su Premier League es el producto con mejor envoltorio del fútbol actual, pero antes de que existiese el fútbol inglés ya era lo más. Y sobre todo sus aficionados, el apasionamiento de las gradas, el vínculo del hincha con su equipo. Fiebre en las gradas de Nick Hornby es el tratado perfecto de todo ello. El partido, Pietro Trellini La historia del fútbol se escribe a base de partidos inolvidables, que elevan el deporte a la categoría de leyenda. Uno de esos partidos que se explican generación tras generación y que, por fortuna, se puede revivir también en vídeo, es el Italia-Brasil del Mundial de 1982 que se jugó en España, en el estadio de Sarrià de Barcelona. Pietro Trellini demuestra en El partido que se puede escribir un libro entero de lo que

‘Ovni 78’, de Wu Ming: el ruido del cielo en una Italia convulsa

La portada del libro 'Ovni 78', de Wu Ming

Una de las formas preferidas de evasión de la especie humana es mirar hacia arriba, hacia el cielo, y pensar en todo lo que hay más allá. Ovni 78 (Anagrama, 2025), obra del colectivo de escritores italianos que responde al pseudónimo de Wu Ming, es un cruce de ficción y retrato histórico que traslada al lector a la Italia agitada de los setenta, en la que se sucedieron cientos de testimonios de avistamientos de ovnis. En tiempos de crisis y de necesidad de escapar de lo que se está viviendo, repuntan los avistamientos ovnis. Eso sucede en Ovni 78. La autoría coral de la obra está muy presente también en la historia, llena de personajes variopintos que componen un teatrillo a ratos difícil de seguir. Wu Ming no es un escritor chino, son muchos escritores italianos que se esconden tras ese sobrenombre para huir de la hipervisibilidad, según cuentan. En una época en la que todo se enseña y todo se conoce, los autores no quieren que sus caras sean públicas, las esconden para “priorizar los momentos de encuentro físico”. Ovni 78 también tiene un poco de esa voluntad de Wu Ming de preferir la ensoñación que la certeza de la percepción. Un periodista, una antropóloga y muchos ufófilos Ovni 78 está protagonizado por Martin Zanka, un periodista y escritor de éxito, que se ha hecho famoso por sus obras de temática extraterrestre. Y también por Milena Cravero, una antropóloga que tiene un proyecto apasionante entre manos: estudiar a los ufófilos. Hay muchos más protagonistas satelitales en el libro, como el hijo de Zanka y, sobre todo, toda esa constelación de ufófilos, los turineses obsesionados con los ovnis y que se dividen en facciones, a los que la antropóloga estudia con impostado rigor. En el libro hay también tramas políticas, desapariciones incomprensibles, sectas encubiertas y píldoras de realidad del momento que ayudan a componer las muchas aristas de la historia. La obra es algo dispersa y el hilo complejo de seguir. Algunas de las subtramas tienen más empaque que otras y acaban uniéndose de manera un poco aparatosa. El libro es un poco disparatado en lo que cuenta, pero está lleno de metáforas con trasfondo claramente político. Es de narración caótica pero también entretenido y, sobre todo, un testimonio muy valioso de la Italia convulsa de los setenta, que prefería mirar al cielo que mirarse a sí misma. Un par de citas «Cuando se agotan las hipótesis razonables, se prueba con las más absurdas». «Muchas veces el miedo es peor que lo que da miedo». Datos básicos Léelo si vas a viajar a… Italia. O en un ovni. 📚👉 ¡Cómpralo aquí!

‘Ru’, de Kim Thúy: canción de cuna del exilio

'Ru', libro de Kim Thúy

Ru es una palabra llena de poesía y con doble nacionalidad lingüística. En vietnamita significa ‘canción de cuna’; en francés, ‘arroyuelo’. Esa polisemia políglota del título es también una carta de presentación de la autora, además de una secuencia de múltiples alegorías de lo que se va a encontrar el lector. Kim Thúy, la autora de Ru (Periférica, 2020), es vietnamita de nacimiento pero canadiense —quebequesa para más señas— de adopción. Y Ru es su autobiografía aproximada, una reflexión sobre lo que implica ser migrante y una exploración sobre la capacidad humana de sobrevivir. Kim Thúy nació en Saigón en 1968 en el seno de una familia acomodada de Vietnam del Sur, la zona afín a los estadounidenses. Su infancia es un poso de recuerdos escabrosos y sin embargo felices —porque la infancia casi siempre lo es—, que se desvanecen cuando tiene que partir de su hogar para siempre con sus padres y sus hermanos. “Pensábamos que íbamos a morir si permanecíamos, pero también pensábamos que íbamos a morir en el mar. Era más bien elegir el lugar donde íbamos a morir. Pero al menos en el mar podíamos hacer un último intento”, explica en una entrevista en El País. El tránsito hacia una identidad imposible Kim Thúy sobrevivió a la travesía que le iba a llevar a Malasia, aunque explica en Ru que nunca lo tuvo claro: “Ya no había línea de separación entre el azul del cielo y el azul del mar. No se sabía pues si nos dirigíamos hacia el cielo o si nos hundíamos en las profundidades”. Después de pasar un tiempo en un campo de refugiados en Malasia, la familia se instaló en la región francófona de Quebec, en Canadá. El libro, con una prosa llena de lirismo, recompone esa sucesión de momentos vitales y cómo la autora y toda su familia tuvieron que pasar de ser alguien en su Vietnam natal, a ser nadie en Malasia y a ser invisibles en Canadá. Ahí empieza la batalla de Kim Thúy por entender quién era, por saber si era del sitio en el que estaba o del que provenía. En otra entrevista, justo después de la publicación de la obra, aseguraba que “ahora sé que vivo entre dos mundos y que los dos me pertenecen: Vietnam y Canadá, y eso me ayuda a asimilar muchas cosas que antes me causaban desazón». Sin embargo, su adolescencia y su posterior adultez fueron un camino espinoso que Kim Thúy narra en Ru, un camino de silencio e incapacidad de expresarse, de adaptación a costumbres que le eran ajenas, y que convirtió en obsoletas las originales. La guerra de Vietnam contada desde Vietnam Cuando estuvimos en Vietnam, los vietnamitas nos contaron que la suya no fue la Guerra de Vietnam, sino la Guerra de Resistencia contra Estados Unidos. Es interesante cómo el lado perdedor de la contienda ha conseguido imponer el relato. En Ru, Kim Thúy no busca historiografiar el suceso, porque tampoco son relevantes los hechos, de sobra conocidos. Pero el libro sí que nos ayuda a darle la vuelta a la página y leer el otro lado de la moneda y, sobre todo, a sacar un poco de la ecuación a los estadounidenses: lo que se vivió ahí fue una guerra civil y la familia de Thúy pertenecía al bando perdedor. El libro está escrito desde el dolor y la verdad, desde las entrañas, en una sucesión de fragmentos de vida que no siguen una lógica cronológica. Kim Thúy va adelante y atrás para conectar momentos y darle continuidad a sus vivencias, desde que era una niña hasta la relación con sus dos hijos, pasando por su vuelta a Vietnam para sentirse extranjera en su país. Sin orden pero con mucho concierto. Es la composición de un puzle en el que las relaciones familiares, y especialmente las parentales, tienen un peso tan grande como el sentimiento del exilio. La obra atrapa y se lee de una sentada, dejando un profundo sentimiento de luminosidad en la oscuridad. Un par de citas «La vida es un combate donde la tristeza implica derrota». «Soy aún demasiado joven para vivir abrumada por el pasado». Datos básicos Léelo si vas a viajar a… Vietnam. 📚👉 ¡Cómpralo aquí!

Gabriel García Márquez en Cartagena: ruta para seguir los pasos del Nobel colombiano

El Homenaje a Gabriel García Márquez en el barrio de Getsemaní en Cartagena

El más universal de los colombianos, uno de los escritores más célebres de la literatura hispanoamericana, pasó parte de su vida en Cartagena de Indias. Fotografiada y adjetivada hasta el exceso, Cartagena fue hogar a la vez que fuente de inspiración de Gabriel García Márquez. Hace unos meses paseamos la capital del departamento de Bolívar persiguiendo las huellas que el Nobel dejó en la ciudad, una Cartagena tan bonita como asfixiante, tan atemporal como descosida por el turismo. En este artículo proponemos una ruta cultural, literaria y de vida, un paseo para acompañar los pasos de Gabriel García Márquez en Cartagena. ¿Quieres saber qué hizo Gabriel García Márquez en Cartagena? Te explicamos todas las referencias que puedes encontrar de Gabo en Cartagena y los lugares que marcaron al autor en la época vital que con más fuerza marcan los lugares: durante sus años universitarios. 📚 Lee nuestra reseña de Vivir para contarla, la autobiografía de García Márquez en la que habla de sus años en Cartagena. Cartagena, una de las ciudades que más influyeron a Gabo Gabriel García Márquez llegó a Cartagena para estudiar Derecho en 1948. Antes ya había llamado casa a otras cinco ciudades colombianas: su Aracataca natal, Sucre, Barranquilla, Bogotá y Zipaquirá. Después, durante su longeva y nómada vida, García Márquez vivió alrededor del mundo, coleccionando hogares en las ciudades que todos aspiran a visitar. A Cartagena de Indias le siguieron, por ejemplo, Nueva York, París, Barcelona, La Habana y Ciudad de México, donde falleció en 2014 a los 87 años. Gabo había empezado a estudiar Derecho en 1947 en Bogotá, pero las revueltas provocadas por el asesinato del líder de la oposición —que originaron el llamado ‘Bogotazo’— resultaron en el cierre de la Universidad Nacional y obligaron a Gabriel García Márquez a transferir sus estudios a la Universidad de Cartagena. Su traslado a Cartagena fue para Gabriel García Márquez una pequeña revelación. Al conocer la vida caribeña cartagenera, Gabo rememoraba Bogotá como fría y gris, como una ciudad apagada. Esa dualidad colombiana permanece perfectamente reflejada en las dos ciudades todavía hoy, tan distintas pero a la vez tan igualmente necesarias e imperdibles. El primer paso de Gabriel García Márquez por Cartagena fue casi fugaz, de apenas un par de años, pero la ciudad es una constante en muchas de sus obras y de los pasajes de su vida, pues siempre acababa volviendo. Fue aquí, a orillas del Caribe, donde García Márquez desistió de su pretensión —en realidad, la de sus padres— de ser abogado y comenzó a ejercer como periodista, antesala de su carrera como escritor que le llevó a ganar el Premio Nobel de Literatura en 1982. El amor en los tiempos del cólera y su autobiografía, Vivir para contarla, son dos de las obras de Gabo en las que más presente está Cartagena de Indias. La Puerta del Reloj de Cartagena, donde nace la Ciudad Amurallada La principal puerta de entrada al centro histórico de Cartagena, de la Ciudad Amurallada, es la Puerta del Reloj. Fue precisamente por la Puerta del Reloj por donde Gabriel García Márquez accedió por primera vez a Cartagena en 1948, con apenas un puñado de pesos y algún cigarrillo en los bolsillos. La Puerta del Reloj de Cartagena también es conocida como la Torre del Reloj y como la Boca del Puente, en un curioso ejercicio polisémico de formas constructivas divergentes. El monumento Torre del Reloj, como también se le conoce, fue construido en el siglo XVII y es uno de los lugares que hay que visitar en Cartagena de Indias. El portal de los Dulces, en la plaza de los Coches de Cartagena Una vez traspasada la Puerta del Reloj, el viajero se encuentra con la plaza de los Coches y el portal de los Dulces, un bullicio alborotador al que se enfrentó también Gabriel García Márquez al llegar por primera vez a Cartagena. “Me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer”, explica el propio García Márquez de su primera impresión de Cartagena en Vivir para contarla. El portal de los Dulces le debe su nombre a las golosinas, pastelitos y chucherías que venden las tiendas situadas en la galería. Hay que venir aquí a comer casadillas de coco —o cualquier otro manjar dulce local— y a ver cómo se pasean las palenqueras, esas mujeres de coloridos vestidos que cargan palanganas de fruta en la cabeza. «En las buenas y en las malas el portal seguía siendo un centro vital de la ciudad donde se ventilaban asuntos de Estado a espaldas del gobierno y el único lugar del mundo donde las vendedoras de fritangas sabían quién sería el próximo gobernador antes de que se le ocurriera en Bogotá al presidente de la República», cuenta Gabo del portal de los Dulces. La plaza de Bolívar y la plaza Santa Teresa, protagonistas de la primera noche de Gabo en Cartagena La plaza de Bolívar está flanqueada por algunos de los edificios más importantes de Cartagena de Indias en la época colonial, como el Palacio de la Inquisición (ahora, sede del Museo Histórico de Cartagena), la Catedral de Santa Catalina de Alejandría y la Casa del Cabildo (en la actualidad, sede del Gobierno del Departamento de Bolívar). Cuando Gabriel García Márquez llegó a Cartagena desde Bogotá, en su primera noche en la ciudad, un banco de la plaza de Bolívar con vistas a todos estos edificios le sirvió de improvisada cama. La plaza, que está dedicada a Simón Bolívar, es de paso obligado para los turistas también debido al Museo del Oro, una de las principales cosas que ver en Cartagena. En esa primera noche en la ciudad colombiana, Gabo acabó cambiando a la fuerza el banco de la plaza de Bolívar por el calabozo del cuartel situado en la plaza Santa Teresa. ¿Por qué acabó Gabo en el calabozo? Porque

‘Yo que nunca supe de los hombres’, de Jacqueline Harpman: una distopía sobre la esperanza

Yo que nunca supe de los hombres, libro de Jacqueline Harpman

Es incomprensible que Yo que nunca supe de los hombres, de Jacqueline Harpman, haya deambulado un cuarto de siglo por las estanterías de las librerías del mundo sin que nadie haya reparado en él. Este libro breve, que se lee de una sentada si te lo propones, es tan entretenido como desconcertante. Es una lectura que permanece y que engancha, tan rica en matices y humana que remueve al lector en cada línea. Las redes sociales a veces sirven para algo más que para obligarnos a malgastar el tiempo. Yo que nunca supe de los hombres es un fenómeno literario viral, que se ha convertido en un superventas mucho tiempo después de que se publicase. Mucho tiempo después de que incluso muriese su autora, la belga Jacqueline Harpman, una psicoanalista y escritora nacida en la década de los 20 del siglo pasado y fallecida en 2012 que nunca pudo imaginar que Tik Tok y Dua Lipa la convertirían en una celebridad post morten. Una novela viral gracias a Dua Lipa La cantante Dua Lipa es una gran aficionada a los libros que tiene un club de lectura en forma de pódcast, Service95. En uno de los episodios recomendó Yo que nunca supe de los hombres, y la obra de Jacqueline Harpman pasó de estar descatalogada a reeditarse en decenas de lenguas. Dirán los recelosos que una estrella del pop no puede ser prescriptora de lecturas. Quién sabe con sus demás prescripciones, pero damos fe de que esta recomendación es oro. Sin entrar en muchos detalles, porque entretenerse a hacer sinopsis vagas puede estropearle el placer de la lectura al futuro lector, sí que podemos reseñar a vuelapluma Yo que nunca supe de los hombres. La obra de Harpman es un tratado existencialista disfrazado de distopía. Hay toneladas de filosofía vestida de una historia pegadiza, muy pop, con chispa. Es una canción de Dua Lipa que encierra apuntes de Sartre, Camus y de Beauvoir. El instinto de vivir en una distopía existencial Yo que nunca supe de los hombres es un tratado sobre la compañía y sobre la soledad, sobre el significado (¿el sinsentido?) de la existencia, sobre la esperanza como herramienta para mantenerse en pie y seguir caminando. Sobre el poder de la palabra y la importancia del conocimiento, del saber, de la cultura. Poque como dice la protagonista: “¡Saber sirve para saber! A veces, con lo que sabemos podemos hacer algo, pero no es lo esencial”. Es una aventura que pone en valor la dignidad humana cuando la absurdez y la incomprensión imperan. Yo que nunca supe de los hombres es puro instinto de supervivencia cuando sobrevivir no sirve de nada, cuando no hay futuro y el presente pende de un hilo. Los expertos además le han encontrado un fuerte componente reivindicativo y feminista. En un mundo incierto, este libro es perturbador y profundamente humano, una revelación llena de interrogantes que abren nuevos interrogantes. Es pura vida, un gran disfrute. Un par de citas «No podemos suicidarnos, pero moriremos de todas formas. Solo habrá que esperar». «No entiendo nada del mundo en el que vivo. Lo he recorrido en todos los sentidos, pero no he encontrado sus límites». Datos básicos Léelo si vas a viajar a… Otro mundo o a una realidad distópica. 📚👉 ¡Cómpralo aquí!

20 libros de viajes para regalar(te) y soñar con el mundo

Librería Lello Oporto

La literatura de viajes es el antídoto contra el ansia de estar siempre en movimiento. Regalar(se) un libro siempre es buena idea, y por eso hemos hecho una lista de 20 títulos que nos han marcado. Con estos libros de viajes que te recomendamos no solo evocamos paisajes y lugares, sino que buscamos mirar más allá de lo cotidiano, explorar sin desplazarse. Esta selección de 20 libros de viajes es personalísima y del todo subjetiva. Aquí caben obras que invitan a la exploración, aportan contexto sobre el mundo y nos hablan del desplazamiento —físico, cultural o interior— como una experiencia profundamente humana. Leer es nuestra forma de viajar cuando no viajamos, de apasionarnos por el mundo y soñar con seguir descubriéndolo. Y estos 20 libros de viajes son nuestra invitación a que tú también viajes desde el sofá. Una mirada introspectiva sobre el sentido del viaje Estos cuatro libros entienden el viaje como una oportunidad para entender, transformar y crecer, a uno mismo y a lo que nos rodea. El movimiento, y el viaje, representan en estos libros de viajes una manera de cuestionarlo todo y también de resolverlo. Son cuatro libros en los que los autores, a través del viaje, conectan con ellos mismos y con lo que tienen a su alrededor. El coloso de Marusi, Henry Miller Henry Miller encuentra en muchas de las islas de Grecia, y también en su capital Atenas, un espejo que le desarma y le hace replanteárselo todo. El coloso de Marusi arranca en Grecia y acaba en el desorden interior del autor. Grecia se convierte en una revelación para Miller cuando el mundo entraba en uno de los momentos más críticos del siglo XX, la Segunda Guerra Mundial. Himalaya, Erika Fatland Como en sus dos primeros libros, Erika Fatland traza en Himalaya un recorrido épico para desmontar la lógica de las fronteras, matizar los territorios y reflexionar sobre el sentido de pertenencia. En Himalaya, Fatland es una viajera empática y rigurosa, que atraviesa los países donde se encuentra la cordillera más importante del mundo: Bután, Pakistán, India, China, Tíbet y Nepal. El turista desnudo, Lawrence Osborne Con maestría y cinismo, en uno de sus mejores libros de viajes, Lawrence Osborne le quita todas las máscaras al turista y a la industria del turismo, en una exploración tan precisa que incomoda. El turista desnudo recorre Papúa Nueva Guinea, Dubái y Tailandia, entre otros destinos. Pero los lugares son lo de menos, porque el libro denuncia justamente la imposibilidad de romantizar la idea del viaje. Desierto sonoro, Valeria Luiselli De los cuatro libros de esta sección, Desierto sonoro de Valeria Luiselli es el único que es una ficción, con grandes dosis autobiográficas. Y aunque sea el menos apegado a la idea del viaje, el relato cuenta un road trip por Estados Unidos de una familia al borde del desmoronamiento. Lo personal y lo íntimo se cruzan con el drama migratorio y lo político, con el desplazamiento como travesía hacia una resolución imposible. De vocación periodística: crónicas que se leen como libros de viajes Aquí no podemos ser objetivos, porque creemos —¿creíamos?— que el periodismo es una de las mejores maneras de acercarse al mundo con sentido crítico y curiosidad. Por eso, estos cuatro libros son de cuatro periodistas, que con su mirada atenta demuestran que la crónica de viajes —la crónica en general— es una de las formas más apasionadas de explorar el mundo. Crónicas balcánicas, Axel Torres En Crónicas balcánicas, el periodista Axel Torres explora muchas de sus grandes inquietudes, como la geopolítica, el viaje como modo de entender el mundo y el espacio panyugoslavo como territorio de enorme riqueza cultural e histórica. El texto narra la reincidencia del autor pisando los países de los Balcanes buscando entender y buscando entenderse. Los diarios del opio, David Jiménez El exdirector de El Mundo David Jiménez, en la actualidad un brillante hacetodo que sabe incluso viralizarse, vuelca en Los diarios del opio muchos de los momentos que le marcaron cuando trabajó como corresponsal en Asia. El libro es un compendio de crónicas que viajan a Indochina, Tailandia, Borneo, China, Vietnam, Filipinas y Japón de la mano de escritores fundamentales como Conrad, Orwell, Gellhorn, Bouvier y Leguineche, entre otros. Unico grande amore, Toni Padilla Italia, siempre Italia. Toni Padilla, un excelente contador de historias, culto y curioso, se adentra en los territorios de este maravilloso país para desentrañarlos con audacia y grandes dosis de cariño. Detrás de todas las historias de Unico grande amore está la obsesión italiana por el fútbol, la puerta de entrada que utiliza Padilla para hablar de Italia, de su gastronomía y de su inacabable colección de personajes curiosísimos. Historias de Nueva York, Enric González Enric González es un maestro del arte de la crónica, un corresponsal con mayúsculas que ha elevado a otra división la profesión. Durante un tiempo vivió en Nueva York como corresponsal de Estados Unidos para El País, y en Historias de Nueva York despliega lo que lo convierte en un relator extraordinario. Con su mirada irónica y su redacción precisa, colecciona pequeñas historias cotidianas para comprender mejor la capital del mundo. Obras de calado para entender mejor el mundo Ahora recomendamos cuatro obras en las que el territorio está muy presente, que no son guías de viajes pero ayudan a imbuirse en estructuras culturales, políticas e históricas. Son libros con un enfoque divulgativo, con muchas dosis de sociología y geopolítica, que exponen realidades locales y conectan con su tiempo desde un presente histórico que no resulta caduco, que perdura. Los europeos, Orlando Figes Ubicado en el siglo XIX, Los europeos es una pseudoficción en la que Orlando Figes se propone explicar el nacimiento del cosmopolitismo y de la globalización. Es una obra exigente pero apasionante, en la que los protagonistas, artistas de la época, viajan por Europa conectando ciudades e ideas en un continente que empieza a pensarse a sí mismo como una unidad. Libre, Lea Ypi De los cuatro libros de esta sección, este es

‘Los perdonados’, de Lawrence Osborne: parábola sobre el turista blanco

Portada del libro Los perdonados, de Lawrence Osborne

En un lugar indeterminado del desierto marroquí, Lawrence Osborne compone en Los perdonados (Gatopardo ediciones, 2020) una historia que enfrenta al turista occidental contra el espejo de sus miserias. Lawrence Osborne se ha convertido en uno de nuestros novelistas preferidos, al que siempre acudimos para que nos sacuda el aburrimiento y nos traslade a miles de kilómetros de la rutina, como ya hiciera en otras obras con mayor recorrido mediático, como Bangkok y El turista desnudo. Como en esas dos obras, también absolutamente recomendables, Los perdonados es un pelotazo en la cara del viajero blanco acomodado. Los protagonistas son David y Jo, un matrimonio británico de mediana edad prototípico, que no saben aguantarse el uno a la otra, y muchos menos a sí mismos. Acuden a una fiesta fastuosa que han montado unos amigos en el desierto marroquí. Persiguen sacudirse su vida carente de sentido y emociones, y se encontrarán con la crudeza del libre albedrío. Un suceso que no esperan desencadena en miles tormentas. Fiesta, excesos y choque cultural en el desierto marroquí El libro empieza como una suerte de road trip en el que los protagonistas otean un horizonte de falsa redención, una bacanal de lujos y excesos regada de alcohol carísimo y con decenas de invitados tan ricos e insulsos como ellos. Pronto llegan los obstáculos, y sobre todo un gran contratiempo, y la vía se llena de atajos morales y de choques culturales. En la fiesta, los invitados europeos y estadounidenses aterrizan en el desierto para reproducir los fastos de su normalidad. Viajan para seguir sintiendo y haciendo lo mismo que en sus países de origen, en sus barrios de ricos. Así, en Los perdonados Lawrence Osborne nos habla, como hace en tantas de sus otras obras, de la hegemonía que siente el blanco al viajar, como si los territorios que recorriese estuvieran habitados todavía por colonos o, mejor, por indígenas a los que civilizar. Y ahí es donde aparece la habilidad del autor británico para reflexionar sobre la otredad. Los blancos miran por encima del hombro a esos criados marroquíes y a los bereberes que llegan a la fiesta para dilucidar lo sucedido. Los locales, a su vez, desprecian a los infieles por sus actos y sus maneras. La entente es una quimera. Sobre víctimas y verdugos La victimización es otro de los temas que hilan el relato de Los perdonados de Lawrence Osborne. ¿Quién es víctima y quién verdugo? ¿Somos todos y todas víctimas y verdugos? Por eso el autor juega a saltar en el tiempo, buscando esclarecer del todo los antecedentes que dibujan la personalidad de los personajes. De los de un lado y de los del otro. Osborne parece querer criticar la romantización del que padece la pobreza, como si padecerla le colocase en el pedestal de las buenas personas. La mirada compasiva es una mirada con tufo neocolonial, expone entre sus líneas. Ahí aparecen las dos caras de la misma moneda que es cada ser humano. Y también las subjetividades, las muchas maneras distintas de explicar una misma historia según los ojos que la hayan visto y la voz que la relate. Los perdonados es una sucesión de circunstancias que derivan en un rompimiento de la estabilidad vital de los personajes. Es ahí donde entra en juego el libre albedrío, pues todo lo que ocurre es consecuencia de acciones que se pudieran haber evitado, o de decisiones que se podrían no haber tomado. En todo caso, como escribe el autor, el destino es siempre el mismo: «La vida nos es más que juego y distracción, como nos recuerda el Corán, y como pasatiempo que es, y nada más, olvidamos que el propósito de la vida es la muerte». Un par de citas «La vida nos es más que juego y distracción, como nos recuerda el Corán, y como pasatiempo que es, y nada más, olvidamos que el propósito de la vida es la muerte». «¿Por qué habrá tan pocas personas con talento para viajar, con el don de desplazarse sutilmente, con el don de la simple curiosidad?». Datos básicos Léelo si vas a viajar a… Marruecos. 📚👉 ¡Cómpralo aquí!

‘El coloso de Marusi’, de Henry Miller: Grecia como exploración interior

La portada del libro El coloso de Marusi de Henry Miller

El que ha visitado alguna vez algún rincón de Grecia sabe que esa tierra es una declaración de amor a la existencia, al hecho mismo de la vida. Henry Miller visitó el país en 1939 y explicó su sobrevenido apasionamiento por él en El coloso de Marusi (Edhasa, 2022). Con una redacción impulsiva y vehemente, incorrectísima políticamente a ojos del lector contemporáneo, llena de prejuicios, digresiones y arrebatos, la obra de Miller dibuja todas las impresiones que Grecia le produce al autor pero, sobre todo, refleja el viaje descarnado de Henry Miller a sus entrañas más identitarias.    Cuando viajó a Grecia, el autor estadounidense era una estrella en ciernes de la literatura. Ya había publicado sus dos obras más conocidas, Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio, que habían sido ampliamente criticadas y en muchos países incluso prohibidas por su tono sexual y su enmienda a la totalidad a la moral de su tiempo. Ese era el contexto propio del autor cuando viaja a Grecia invitado por su amigo Lawrence Durrell, también reputado novelista y que llevaba más de una década afincado en Corfú. El contexto ajeno, el más genérico, era un mundo al borde de la Segunda Guerra Mundial, un hilo que recorre de manera muy sutil todo lo que piensa y experimenta Miller y que luego explicaría en El coloso de Marusi. El viaje a principios del siglo XX El libro es una exageración merecida de Grecia. Miller queda prendado del sol y del buen vivir, de las orillas del mar que hacen de la vida un pesar placentero. Así, en El coloso de Marusi sus divagaciones e irreverencias tienen múltiples telones de fondo: la isla de Corfú, Atenas, Delfos, Creta, Epidauro, Corinto y tantos otros. Cada uno de esos lugares es un motivo para arrebatarse de la forma de ser de los griegos, y para criticar a su patria de origen, a los Estados Unidos, y también al resto de países europeos, especialmente Francia. “Nunca había visto un cielo como aquel. Era magnífico. Me sentí completamente separado de Europa”, explica Miller. El arte de viajar hace cien años no se parece en nada a la industria multimillonaria del turismo actual. Sin embargo, en la obra se apuntan curiosas pinceladas de una incipiente masificación turística ya por entonces en las islas griegas. Y Henry Miller sabe alejarse de la acepción menos auténtica del viaje caminando al lado de un puñado de personajes genuinamente griegos. Como Katsimbalis, su nuevo amigo, su guía y referente, que casi se convierte en el destinatario de su carta de admiración al país. El coloso de Marusi tiene fragmentos de un tedioso onanismo intelectual, en los que Henry Miller parece ausentarse de la narración para simplemente escupir lo primero que se le pasa por la cabeza, por muy poco relevante e insustancial que sea. No piensa en el lector, piensa en sí mismo, y acude a una máxima que cuenta en una de las páginas de la obra: “En Grecia tienes la convicción que la norma es el genio, no la mediocridad”. Él se sabe un genio y cortocircuita con la imposibilidad de la mediocridad en un país espléndido. Un par de citas «Empecé a sentir al instante lo que era Grecia, lo que había sido, lo que siempre será, aun cuando tenga la desgracia de verse invadida por turistas americanos». «En Grecia ocurren cosas maravillosas: cosas maravillosamente buenas que no pueden ocurrirnos en ningún otro lugar de la Tierra». Datos básicos Léelo si vas a viajar a… Grecia. 📚👉 ¡Cómpralo aquí!

‘La vegetariana’, de Han Kang: sobre lo kafkiano y lo coreano

La portada del libro La vegetariana de Han Kang

Han Kang es la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2024, que la Academia Sueca le otorgó, según el jurado, por “su intensa obra poética que afronta traumas históricos y expone la fragilidad de la vida humana”. Sobre todo esto, y sobre tantas otras muchísimas cosas, trata La vegetariana (Random House, 2024), la obra más conocida de Han Kang, en la que la autora explica el proceso de descomposición —¿o de recomposición?— de Yeonghye, una mujer surcoreana de mediana edad aparentemente convencional. La obra aborda pronto la huida de la protagonista hacia el desconcierto. La autora refleja a través de Yeonghye, a base de mensajes subliminales y puertas entreabiertas, la realidad de una sociedad surcoreana acechada por los formalismos y las apariencias. La vegetariana se puede leer como un alegato feminista, pero sería una lectura simplista de la obra, que en realidad va mucho más allá: habla de la vergüenza, la empatía, las enfermedades mentales o la sexualización de la mujer, entre muchos otros temas. En una entrevista posterior a la consecución del también prestigioso Premio Booker Internacional, Han Kang explicaba que La vegetariana “no es una acusación singular al patriarcado coreano”. Sin embargo, como cuenta Gabi Martínez en El País, muchos críticos de Corea del Sur recibieron la novela como una insurrección. Yeonghye, la protagonista de la obra, es ciertamente una insurrecta. De buenas a primeras se niega a comer carne y navega contra la corriente en un giro kafkiano de su realidad vital. Su metamorfosis la aleja de la lógica que la rodea, pero su objetivo no es encajar, eso ya es lo de menos. Tres historias sobre la protagonista La narración se sitúa en la Seúl del siglo XXI, una ciudad hipermoderna e hiperconectada, que tiene a sus ciudadanos ocupados todo el día corriendo de aquí para allá. La vegetariana, pese a su título, apenas repara en el vegetarianismo adquirido de la protagonista. Corea del Sur es un país muy carnívoro, y que Yeonghye decida dejar de comer carne es la prueba de que todo ha cambiado para ella. Lo curioso es que la protagonista no explica esta transformación en primera persona, sino que Han Kang nos lo cuenta en tres actos bien diferenciados. El marido, el cuñado y la hermana, en este orden, son los puntos de vista desde los que se nos presenta su evolución. No sabemos cómo piensa Yeonghye, ni qué motivaciones le llevan a hacer lo que hace. Todo lo intuimos, lo imaginamos, a partir de las reflexiones de sus tres seres cercanos, poniéndole un barniz de dificultad al objetivo de entender lo que sucede. La obra de la surcoreana Han Kang ha sido aplaudida desde mucho antes de que recibiese el Nobel de Literatura de 2024. Es la primera autora de Corea del Sur galardonada con el máximo reconocimiento del mundo literario, una muestra clara de cómo el país continúa haciéndose un hueco en el panorama cultural global. La vegetariana refleja la voluntad de Han Kang de mostrar que no hay respuestas fáciles ni moralejas evidentes, que los límites del cuerpo y de lo que parece normal son movedizos. Un par de citas «Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una mujer especial». «El tiempo, que es un torrente ecuánime hasta la crueldad, se llevó en sus aguas su vida firmemente asentada en torno a la paciencia». Datos básicos Léelo si vas a viajar a… Corea del Sur. 📚👉 ¡Cómpralo aquí!