Buscar

La vía de tren de Hanói, para irse de birras | Día 3

Vietnam parece, de momento, un país en el que pasar unas vacaciones excelentes. El típico destino que escoges con mucho tiempo de antelación y esperas con ansia. Los interminables días de rutina laboral deberían ser más llevaderos si Vietnam asoma en el horizonte veraniego. Por poder, uno puedo incluso irse a una vía de tren de Hanói a tomarse unas cervezas.

Vietnam es un país que merece de preparación, de mimo en la producción. Y nosotros, que vivimos al día, que apenas podemos planear el mañana, sabemos solo a medias qué esperar de Vietnam. El boceto de ruta es absolutamente aproximado. Y eso es tan bueno como malo. Es bueno porque así lo queremos, porque nos gusta viajar sin un plan demasiado establecido, dejándonos llevar por los momentos y cautivar por los lugares. Pero es, a la vez, malo. Porque no imaginas los lugares antes de verlos. Apenas podemos informarnos de qué es cada sitio, y por qué una visita vale más la pena que la otra. Así perdemos contexto. Y es una pena.

El exceso de cortesía para el desayuno en el hotel

El Classy Boutique Hotel de Hanói tiene a los empleados más exageradamente serviciales de la hotelería mundial. Esta mañana bajábamos temerosos del recibimiento. Están entrenados para el aspaviento aparatoso, para el exceso de interés por tu vida y para la cortesía simulada. ¿De verdad es necesario que te pregunten cuánto tiempo llevas aquí, qué vas a hacer hoy y mañana y al día siguiente? Habrá gente a la que le guste que le regalen el oído de buena mañana, mientras desayunan, a nosotros no. Nosotros preferimos que nos reciban con una sonrisa, nos sirvan el desayuno y nos dejen vivir.

En el hotel de Hanói, a la hora del desayuno, hay más empleados que habitaciones. Hay cuatro mesitas contiguas a la recepción y no menos de una decena de trabajadores haciendo lo mismo. Se pasean, confirman que todavía tienes café, te ofrecen más de lo que sea. Y luego viene otro y tienes que responderle que no necesitas nada más, que estás bien, como acabas de explicarle a su compañero. La amabilidad excesiva de los empleados del hotel —que parece la norma del sector en el país— contrasta con los hanoienses de las calles, mucho más pasotas y auténticos.

La falta de agilidad, un inconveniente para el turista occidental

A los habitantes de Hanói les encanta sentarse de cuclillas. Son tremendamente ágiles. Por eso, todos los restaurantes, bares y cafés tienen sillitas diminutas y mesas muy bajas. Se sientan ahí y no dejan de pedir cervezas. El escorzo es mucho más complejo para los extranjeros. Como saben nuestras limitaciones, tienen unas sillas más grandes para los no acostumbrados al asiento local.

Pese a todo, la silla es muy bajita y si te despistas y no cambias de postura es muy posible que acabes con los pies dormidos. Hoy hemos tenido que ingeniárnoslas un par de veces para sentarnos en sillitas pequeñas. Por ejemplo por la tarde, cuando hemos ido a tomar cervezas a la vía del tren. Sí, literal. En la capital de Vietnam hay una calle por la que pasa varias veces al día un tren. Y es una de las atracciones preferidas de los turistas, porque es divertidísimo. En Google la llaman ‘Hanoi Street Train’.

La vía de tren de Hanói es para salir con los colegas

A los dos lados de las vías hay edificios que son viviendas. En la parte baja de esas viviendas sus moradores han encontrado el negocio perfecto. Han establecido no menos de una veintena de barecitos, con ocho o diez mesitas, en los que básicamente sirven cerveza y café. Algo de comida también. Las vías no son una decoración, tienen propósito práctico. Por la tarde, a eso de las siete, todas las terracitas están llenas.

Se viene el tren. Un hombre con un silbato avisa y los responsables de cada local se encargan de retirar un poco las mesas y de pedir a sus clientes que se peguen a la pared. El tren pasa por la calle como si nada, ni nadie, hubiera. No aminora la velocidad. El espectáculo es ante todo curioso. A los veinte minutos pasa otro tren. Algunos deciden ya marcharse, porque ya saben de qué va la película. Nosotros nos quedamos para mejorar la toma anterior.

El espectáculo ferroviario de la vía de tren de Hanói ha sido el colofón a un día ajetreado. El último día en Hanói —de momento—. La ciudad nos ha gustado y nos ha dejado con ganas de más. Por eso, puede que forcemos una nueva visita. Pero por la forma de Vietnam, alargadísima, tiene sentido visitarlo en un solo sentido. Hemos empezado por el norte, pegado a la frontera con China. Y la idea es acabar en el sur. Sin embargo, mañana nos vamos dos días a Halong Bay y luego, como siempre, no hay más plan. Habrá que ver si tiene sentido deshacer el camino hasta Hanói para luego continuar hacia abajo. No nos importaría tenerlo que hacer. Hemos visto Hanói precipitadamente, a pleno sol, corriendo, sin darle el tiempo suficiente para que se nos mostrara como es. Solo la hemos intuido, y ha conseguido fascinarnos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.