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El último atardecer en La Paz | Día 11

La Paz, la capital de Baja California Sur, es la guinda de nuestro viaje por la península de Baja California. Empezamos en Tijuana, seguimos por Ensenada y el Valle de Guadalupe, probando vinos y comiendo mucho. De ahí, nos saltamos toda la parte central de la península, la más remota, la menos visitada, porque el tiempo apremia y nuestros días de vacaciones nos limitan. Volamos hasta Los Cabos, donde degustamos un poco de su fiesta nocturna, y manejamos hasta La Paz, el colofón perfecto para la ruta, donde hoy vamos a visitar la playa de Balandra y vamos a maravillarnos con el mejor atardecer, el último atardecer en La Paz.

Balandra, la playa con la que siempre hemos soñado

En el penúltimo pedazo de tierra antes de que México se convierta en el Golfo de California, ese estrecho de mar que separa la península de Baja California de los estados de Sinaloa y de Sonora, está la bahía de Balandra con su colección de siete playas. Ayer visitamos una de ellas desde el barco que nos llevó a la isla de Espíritu Santo, y nos fotografiamos con su famoso hongo, la formación rocosa con forma de champiñón. En México a todo le encuentran parecido y así lo acaban bautizando.

Una de esas siete playas de Balandra es accesible por carretera. Pero el acceso es muy controlado, por cupos. La playa es gratuita, porque la playa es de todos, pero para fomentar la sostenibilidad del entorno las administraciones, con buen tino, intentan minimizar en lo posible la (mala) incidencia del hombre. Cada día hay dos turnos para visitantes: a las 09.00 h y a las 13.00 h. En cada uno de esos turnos pueden llegar un par de centenares de personas. Una vez cubierto el cupo se cierra la barrera de la carretera que conecta La Paz con Balandra y no se puede pasar.

Nosotros llegamos sobre las 09.30 h y todavía pasamos. En el estacionamiento de la playa hay unos cincuenta coches. Es temporada baja y eso nos ha dado margen para jugar con los tiempos. La playa tiene casi un kilómetro de largo. Caminamos hasta la parte más alejada del aparcamiento y aprovechamos una de las palapas libres para tirar las toallas. El horizonte es idílico, de postal: la playa recogida en medio de acantilados, rodeada de manglares, el azul turquesa del agua. Balandra es una de las 25 mejores playas del mundo según TripAdvisor.

Mariscos para comer con el bebedor de calimochos

De vuelta a La Paz descubrimos en medio de la nada un chiringuito que nos convence. Se llama Baja Camarón Shrimp & Beer y más tarde conoceremos que está regentado por un sesentañero de Sitges, catalán y biólogo marino, con gemelas de ocho años. Nos paramos y acertamos. Comemos aguachile y tostadas y nos tomamos unas micheladas en la misma playa, en una playa vacía, con solo un par de mesas más ocupadas.

Nos sirve un mexicano que podría ser el prototipo del paceño: platicador, simpático, tranquilo, buena onda. Nos cuenta que lleva trabajando ahí cuatro años y que la cocinera es su esposa. «De vez en cuando también viene mi cuñada a ayudar en la cocina, y ese que corre por ahí es mi sobrino», nos señala. Mientras les cobra 80 pesos (unos 4 €) a unas turistas que le piden usar el baño, nos cuenta que justamente el negocio es de un español de Sitges que viene todas las tardes a ver el atardecer de La Paz con una copa de vino tinto.

«Es biólogo marino y el restaurante lo tiene casi como pasatiempos», nos explica. Ojalá pasar el tiempo así cada tarde. La disposición del chiringuito es perfecta para apreciar el atardecer, y nuestro mesero nos enseña algunas fotos que ha hecho últimamente de ese atardecer de La Paz inmejorable. «A veces llego a trabajar y me sirvo un calimocho, muchas semanas apenas tenemos clientes», nos cuenta. El biólogo de Sitges le debe haber aficionado a la bebida menos lujosa del panorama español, ese calimocho hecho a base de vino tinto (malo) y Coca-Cola. España y México siempre tan bien avenidos, siempre entendiéndonos.

El atardecer de La Paz desde la azotea del hotel

Al borde de la hora mágica, nos despedimos del mesero porque queremos llegar hasta La Paz para encontrar un buen lugar para nuestro último atardecer en la ciudad. Antes hemos ayudado a unos michoacanos, los que ocupaban la otra mesa, a sacar su coche de la arena. Por suerte, nosotros hemos aparcado en una zona más segura y nos incorporamos a la carretera que nos lleva a La Paz sin contratiempos. A lo lejos está La Paz y en el horizonte se intuye que el sol quiere empezar a desaparecer: el atardecer nos espera.

El plan original era ver este último atardecer de La Paz desde uno de los bares de moda de la ciudad, que tiene unas vistas excelentes. Pero nos negamos a que nos cobren casi 40 € por persona por consumir. Así que decidimos llegar a nuestro apartahotel y subir a la azotea, a la que todavía no habíamos accedido. Ahí descubrimos el mejor spot para el cierre del viaje: una terraza con una pequeña piscina, con mesitas para poner nuestras cervezas y nuestras botanas, con el horizonte despejado. Un hotel que nunca se construyó ensucia un poco la perspectiva, pero no vamos a ponerle pegas a este último atardecer en La Paz, que compartimos con unos amigos y la compañía de un buen tequila. Esta será la postal mental que guardaremos del viaje: este último atardecer en La Paz desde la azotea del hotel.

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