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Londres, para cumplir años | Día 1

Cada 9 de marzo la aguja del reloj vital avanza un pasito más hacia adelante, dejando un año más atrás. Contar los años empieza a requerir de muchas manos y los tirones de oreja han pasado a mejor vida porque el chiste duraría demasiado. Pero qué suerte cumplirlos, y qué suerte volver a cumplir años con lo que uno más disfruta, viajando; y esta vez en tropel y en Londres, una ciudad generacional a la que hay que seguir volviendo para entender cómo uno continúa siendo el mismo y a la vez es otro totalmente distinto.

Londres ha sido parada anterior en los viajes por el mundo de Cultura Nómada. Caro ha estado ya dos veces, y yo otras dos. Es nuestra primera vez juntos en Londres y hemos preferido alargar la lista de invitados del cumpleaños, para hacerlo más divertido: Neus, Sandra y nuestros dos sobrinos, de cinco y de once años. Mi última vez en Londres fue hace trece años y entonces Cultura Nómada era una previsión improbable y mis sobrinos esperaban todavía en el limbo de los que están por nacer.

Historias de avión en Ryanair camino de Londres

Como entonces y como casi siempre, Ryanair nos la ha jugado y nos ha demorado el vuelo de ida más de una hora y media. Al parecer, la tripulación no había llegado. Debe ser la excusa más peregrina que nos hayan dado nunca para justificar una demora. El piloto, con un humor inglés que no correspondía con su acento indeterminado, nos ha saludado con un chascarrillo: “Disculpen, nos han cambiado el avión y hemos tenido que buscar otro”.

En el avión, un veinteañero menorquín casi detiene el vuelo en pleno despegue por su incontinencia urinaria, y los vecinos se han pasado medio vuelo felices por un reencuentro inesperado: él es un profesor universitario y ella una productora que pasó por sus clases. Las historias de avión estaban más interesantes que el libro, que llevo arrastrando más de la cuenta, y los cotilleos no ayudan para hacerlo avanzar.

Volar y viajar con niños tiene sus ventajas logísticas, más allá de las evidentes ventajas en cuanto a diversión y redescubrimiento. En el aeropuerto de Barcelona nos han dejado pasar por la zona para familias en el control de seguridad; y en Stansted, ya en Londres, en migración también había una zona especial para grupos y familias. El guardia de migración nos ha recibido con una gran sonrisa y los niños se han extrañado de que les hablasen en un idioma tan ajeno. Toca hacer de intérprete y traductor los próximos cuatro días.

La primera cena en Londres para cumplir años: pizza sin gluten

Si no hubiera sido por el paso por la zona de grupos, seguramente se nos habría estropeado el gran plan de nuestro primer día en Londres: cenar pizza. Teníamos reserva a las 20.30 h y para llegar sí o sí debíamos tomar el tren de Stansted al centro de Londres de las 19.11 h. De haber tomado el siguiente, habríamos perdido la reserva y, lo peor, 60 libras que habíamos adelantado para confirmarla. Hemos corrido para llegar al tren, pero lo hemos conseguido. Después de un transbordo y de tomar el tren, hemos llegado a la parada de Oxford Circus, en Soho.

Era el momento de priorizar: arriesgarse a llegar un poco tarde a la reserva por dejar nuestras cosas en el apartamento; o ir cargados al restaurante y asegurarnos de llegar a la hora estipulada. Los niños estaban hambrientos y los mayores hemos asumido cargar sus mochilas y acampar en el restaurante. Hemos cenado en Pizza Pilgrims, una cadena de pizzerías napolitanas en la que, oh sorpresa, tenían pizzas sin gluten. Bueno, no tan sorpresa, el lugar estaba calculadamente escogido, claro.

Gol del Nápoles y a descansar hasta mañana

La pizzería era napolitana de verdad.  El acento de los camareros los delataba italianos, pero los gritos y los golpes de los pizzeros celebrando el gol del Nápoles ha confirmado la sospecha. Estábamos en Soho y a las 21.30 h del viernes el ambiente es de fiesta y alegría. La lluvia ha hecho acto de presencia pasajero, como para darnos la bienvenida a Londres. Nuestro apartamento estaba a solo diez minutos y después de hacer una yincana para entender cómo entrar, y después de una muy necesaria ducha, los niños han caído rendidos y los mayores les hemos seguido la senda. Mañana se viene el día de turisteo principal, un reto para todos. Hay que descansar.


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