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Nuestro trekking en Pokhara | Día 8

Cuando pensábamos que nos íbamos a ir de Nepal sin dedicarle un poco de tiempo a su actividad preferida, hoy hemos acabado el día habiendo andado más de 21.000 pasos. O lo que es lo mismo, quince kilómetros. No estaba en los planes, pero ha acabado sucediendo. Y como casi todo lo que no está en los planes pero acaba sucediendo, ha sido realmente divertido y gratificante. Ya no podremos decir que no hicimos un trekking en Pokhara, la ciudad nepalí de los trekkings.

La Pagoda de la Paz de Pokhara

El plan era hacer el guiri en toda regla desde muy pronto. Empezando por tomar un bote en el lago Phewa para que nos acercaran a la orilla opuesta, donde se inicia un paseo nada sencillo de unos 45 minutos hasta coronar la colina. En lo alto de la colina se encuentra una fenomenal y ceremoniosa estupa budista, la World Peace Pagoda, un monumento que pretende inspirar la unión entre culturas con el propósito de luchar por un horizonte de paz en el mundo.

Esta pretensión tan ingenua y romántica la comparten más de ochenta edificios de todo el mundo, todos con el mismo nombre: Pagoda de la Paz. Las construcciones son de inspiración y justificación japonesa, pues fue en el país del sushi donde quisieron lanzar un alegato de paz global a raíz de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki de la Segunda Guerra Mundial. Además de la de Pokhara, hay otra pagoda de la paz en Nepal, en Lumbini, la ciudad en la que se asegura que nació Buda.

Las mejores vistas de Pokhara

El trekking de Pokhara hasta la estupa ofrece unas vistas espectaculares de la ciudad, del lago Phewa y de los Anapurnas. Ni algunas nubes molestas que se empeñaban en tapar las lejanas montañas han impedido que disfrutáramos de una hermosa escena panorámica. A los 45 minutos previstos de subida le hemos acabado sumando media hora. Era imposible no pararse cada cinco pasos a fotografiar lo que nos quedaba a la espalda.

La subida ha sido de dificultad moderada. Por suerte no hacía un calor excesivo y no había mucho que sudar, porque en el hotel K2 Pokhara no tenemos el desayuno incluido. Una vez vista y rodeada la estupa, identificándole las cuatro estatuas de Buda que tiene talladas, ha tocado desandar lo andado por el camino opuesto. Por esa otra zona la concurrencia es mayor. Hasta ahí llegan los coches y los taxis, y es el punto de llegada preferido por la mayoría. Pese a ello, la llegada desde el lago, aunque a menos sencilla, es mucho más emocionante.

El trekking urbano de Pokhara para volver

Como no queríamos que un taxi nos desestabilizara todavía más el presupuesto, hemos decidido descender caminando. El paseo ha sido igualmente hermoso, pasando por los suburbios lejanos de Pokhara, en los que viven muy aislados unos pocos nepalíes. Pero el fútbol no entiende de aislamientos. Un niño que nos ha cruzado nos ha saludado —“Namaste”— y nos ha preguntado de dónde éramos. “España”, le hemos dicho. “Ah, como Diego Costa”, nos ha contestado. Si Diego Costa es el referente futbolístico de España en el mundo quiere decir que ser español, en lo futbolístico, ya no es motivo de especial orgullo. Dónde quedan los tiempos en que te reconocían como español por Xavi e Iniesta.

En el camino de vuelta hemos tropezado con unas cataratas de juguete, tan pequeñas, tan escondidas en medio de la ciudad, tan sobreprotegidas, que la verdad es que han resultado una atracción muy menor comparadas con la estupa. Desde ahí, hemos vuelto a decirle que “no, gracias” a los taxistas y ante la imposibilidad de ir en bus hasta el Lakeside, donde nos alojamos y donde está toda la vida de Pokhara, nos ha tocado caminar más. El resto ha sido comida y bebida en forma de momos, arroz, café y cervezas. Lo de las cervezas seguimos racionándolo, porque son excepcionalmente caras.

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