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Una mañana de partido del Fulham y una tarde en el British | Día 3

Antes del viaje abrimos un buzón de peticiones y deseos de qué ver y qué hacer en Londres a nuestros acompañantes. Una de esas peticiones la habíamos previsto para hoy, pero no la vamos a cumplir: visitar la plataforma 9 ¾  de King’s Cross, donde Harry Potter tomaba el expreso hacia Hogwarts. La petición no fue de los niños, por suerte, con lo que borrarla de la ruta por falta de tiempo ha sido un mal menor del que sale una promesa futura: volver a Londres. El día tenía un plato fuerte por la mañana, ver un partido de fútbol del Fulham, y un cierre de visitas museístico, en el Bristish Museum.

El free tour ya no es lo que era

Hemos empezado el desayuno en otra cafetería modernita, con tostada de aguacate, bagel de salmón y wafles. Mañana será el día de sentirse de verdad británicos desde el desayuno, comiendo su mítico plato matutino. Después del desayuno el plan era dividir la expedición. Caro y yo nos hemos llevado a nuestro sobrino a ver un partido de fútbol, de la FA Cup, al campo del Fulham. Bueno, ellos dos me han llevado a mí, en realidad; o yo los he arrastrado a ellos, como prefiera verse. Neus y Sandra se han llevado a la más pequeña a hacer un free tour guiado en español por el centro de la ciudad.

Estos free tours son cada vez menos free y cada vez más negocio. “No tenemos efectivo, ¿te podemos hacer un bizum?”, le decía una de las chicas a uno de los guías. “No, solo aceptamos efectivo en libras, no euros”, le contestaba. “Entonces, espéranos, que sacaremos dinero. ¿Cincuenta libras por los seis está bien?”, le comentaba la chica. “Bueno, deberían ser 120 libras, veinte por cabeza”, le invitaba el guía. Recuerdo cuando hace casi veinte años —o sin el casi— lo de los free tours era la manera más auténtica y mochilera de conocer una ciudad, con guías jóvenes que lo hacían para sacarse un extra y no te ponían malas caras cuando le dabas la voluntad, porque entendían que lo que les dabas era lo que podías darles y que además lo agradecías de verdad.

La mañana, para el partido del Fulham en Craven Cottage

Mientras ellas han visto lo mismo que ayer ya habíamos visto, con el agregado del Buckingham Palace sin cambio de guardia, nosotros nos hemos desplazado en metro más de media hora larga hasta el barrio de Fulham, uno de los más acomodados de la ciudad. El plan llevaba gestado desde hace días. El Fulham juega contra el Southampton la quinta ronda de la FA Cup, y compramos entradas para tres. Mi última vez en Londres, hace trece años, también tuvo un partido de fútbol del Fulham en el itinerario, entonces contra el Arsenal. El estadio es uno de los más coquetos y antiguos del país, y la experiencia y el espectáculo ha estado a la altura de las expectativas.

El Fulham ha perdido muy al final, de penalti, pero hemos disfrutado mucho de la animosidad de la hinchada visitante, a la que teníamos muy cerquita. También nos hemos hecho amigos de Layla, una niña aproximadamente de la edad de nuestro sobrino que teníamos delante, que lucía con indiferencia su camiseta del Fulham y acompañaba a su padre. Él ha descubierto a su nuevo ídolo, el extremo noruego Oscar Bobb, ex del Manchester City y una de las estrellas del Fulham. Y hemos comido palomitas, bebido sidra y cerrado el partido con un hot dog. Pagar en libras es decididamente engañoso, porque uno cree que ese precio está en euros; pero no, en realidad hay que agregarle siempre un poco más y uno se lleva un susto cuando ve el cargo de la tarjeta. Así, las palomitas nos han costado diez euros y el perrito caliente, doce.

La tarde, para visitar el British Museum

Pero qué más da, nos hemos divertido, y lo cierto es que las entradas nos salieron muy bien de precio. Nos hemos reencontrado con la parte de la expedición no futbolera en Covent Garden, donde un showman tenía la atención de cientos de personas. Hemos tenido que esperar a que acabase la performance, porque nuestra sobrina estaba obnubilada con los golpes de humor del chaval, que ha acabado la sesión recogiendo decenas de billetes de libras. Ahora tocaba lanzar un nuevo reto al grupo: dejar el almuerzo para después y engancharlo con la cena, y así tendríamos tiempo de pasarnos por el segundo y último museo del viaje, el British Museum.

Nuestro sobrino es un fanático del antiguo Egipto, con lo que ha sido fácil convencerle. Lo malo, y lo bueno para convencer también a la pequeña de la expedición, era que solo íbamos a tener una horita para ver lo mejor del museo, porque los domingos cierra a las 17.00 h. Desde Covent Garden hemos caminado unos diez minutos hasta la entrada del British y, ya dentro, nos hemos dirigido directamente a las salas dedicadas a Egipto. Él, pero también todos los demás, nos hemos maravillado con la piedra Rosetta, las momias, los bustos y muchas más piezas.

La manifestación del 8M y la cena griega en Londres

Cuando ya salíamos porque nos cerraban las puertas, nos hemos encontrado en la calle con la manifestación por el 8M, por el Día de la Mujer, en la que marchaban españolas jaleando a ‘Perra Sánchez’ y latinas soñando con una Hispanoamérica feminista. Los seis nos hemos quedado quietos presenciando el desfile y las miles de reivindicaciones que ahí se juntaban.Tras más de diez minutos de marcha, nos hemos incorporado a la cola del desfile porque nuestro restaurante para cenar estaba en esa dirección, de camino al apartamento. Son las 18.00 h y los niños no entienden que estemos sentados en la mesa de un restaurante griego de Londres disponiéndonos a almorzar, o a cenar.

Comer a deshoras es parte de la diversión del viaje, y es algo que ellos están descubriendo ahora. Todo estaba riquísimo: ensalada, tzatziki, moussaka, pollito con patatas para los niños. Se me antojaba un helado de postre, pero cuando hemos salido a la calle el antojo se ha evaporado. Con la noche ha llegado el frío y después de un día tan completo solo había una manera perfecta de cerrarlo, con unas pintas en el pub de la esquina del apartamento. “Con niños solo podéis estar hasta las 20.00 h”, nos han dicho al entrar. Por eso, hemos procedido a alargar las cervezas y las señoras se han llevado a los niños. Que mañana es mi cumple.


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