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Qué hacer en Creel y Barrancas del Cobre durante El Chepe

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Subirse a los vagones de El Chepe, uno de los pocos trenes de pasajeros de México, sirve de perfecta excusa para la visita al norteño estado de Chihuahua. En este post te contamos qué puedes hacer durante tu trayecto en El Chepe, y qué puedes visitar en Creel y en Barrancas del Cobre, dos de los principales puntos de interés del estado de Chihuahua. La información que ofrecemos está basada en nuestra experiencia a bordo de El Chepe en 2019, y está actualizada y revisada a fecha de 2024. Como complemento, te invitamos a leer el artículo en el que te contábamos nuestra experiencia a bordo del tren, en una suerte de crónica de ambiente que incluye algunas cuestiones prácticas y logísticas a tener en cuenta para viajar en El Chepe.

Las tres paradas más importantes de El Chepe

El Fuerte

Desde Los Mochis, punto de partida en Sinaloa de El Chepe, El Fuerte es la primera parada importante del recorrido. Nosotros la pasamos de largo por falta de tiempo. En cualquier caso, si se dispone de varios días para hacer El Chepe, apearse aquí debería ser una opción a tener en cuenta. A El Fuerte se llega dos horas después de haber iniciado el viaje en tren desde Los Mochis. El municipio, de unos 10.000 habitantes, se encuentra todavía en el estado de Sinaloa y es uno de los grandes reclamos turísticos de la región y de El Chepe, ya que junto a Creel y Barrancas del Cobre ofrece una gran diversidad de actividades que hacer como complemento al recorrido en tren.

El pueblo presume de la denominación turística más preciada del país: la de pueblo mágico. Esta etiqueta, concedida por el Gobierno de México, es una especie de garantía de que el lugar tiene interés turístico. Sus edificios religiosos, la naturaleza que le rodea y la marcada presencia de elementos de los indígenas yoreme son sus grandes reclamos. Eso sí, hay que tener presente que si la idea es volver a subirse al tren y seguir el camino hacia el norte habrá que revisar los horarios, pues El Chepe no necesariamente pasa en días consecutivos, especialmente El Chepe Regional. En la web oficial se puede ver el calendario de salidas de 2024 de El Chepe Express y los horarios de El Chepe Regional.

Divisadero

Tomando de nuevo como referencia la partida desde Los Mochis, Divisadero se encuentra aproximadamente a mitad de camino hasta Chihuahua. Podría considerarse la más turística de las paradas, porque sirve de puerta de acceso a las Barrancas del Cobre, el principal punto de interés de la región. En cualquier caso, Divisadero no es más que el nombre de la estación. No tiene siquiera forma de pueblo como tal, aunque es cierto que tiene una infraestructura hotelera y turística muy bien desarrollada. Divisadero es la elección habitual de los que quieren conocer Barrancas del Cobre, aunque hay que hacer más kilómetros para llegar hasta Creel.

Lo habitual es hacer noche aquí. En la estación hay puestos de comida donde es obligatorio probar las gorditas, el platillo más característico. Pero más allá de degustar esta especie de taco abierto por la mitad (conoce más sobre algunos de nuestros preferidos de la gastronomía mexicana aquí) y trastear souvenirs entre los tenderetes montados de manera apresurada —algunos por indígenas tarahumaras— no hay mucho más que hacer en el pueblo. Su único sentido de ser, el motivo por el que existe, son las Barrancas del Cobre y la explotación que se ha hecho de ellas en forma de parque de aventuras. Pero esta visita se puede hacer desde Creel sin problema. De hecho, para los que manejen un presupuesto ajustado es lo que recomendamos: seguir hasta Creel, donde se puede encontrar alojamiento más económico, y venir a Divisadero y las Barrancas del Cobre de excursión un día.

Creel

El mejor lugar desde el que explorar la zona. Nosotros hicimos tres noches aquí. Contando que el primer día es de trayecto, pues se tarda unas nueve horas en llegar desde Los Mochis, los otros dos se utilizan para hacer dos excursiones. Creel es un pueblito muy pequeño, de una calle y dos plazas, pero muy bien acondicionado para los muchos pasajeros de El Chepe que recibe. Hay alojamientos para todos los gustos y bolsillos, dos o tres restaurantes más que decentes, una oferta amplia de guías y excursiones turísticas por los alrededores, animación constante y encanto a raudales.

Como El Fuerte, Creel también está orgullosamente catalogado como pueblo mágico y presume, pese a sus escasos 5.000 habitantes, de ser la capital oficiosa de la Sierra Tarahumara donde se encuentra enclavado. Su historia está muy ligada a dos elementos que la han definido y dibujado: el ferrocarril y los indígenas tarahumaras. La cercanía con varios de los elementos naturales más bonitos del estado han hecho el resto para convertirlo en el mejor lugar para hacer base y explorar la zona. Nuestro consejo, pues, es hacer base en Creel para que podáis explorar también Barrancas del Cobre.

Las vías que circula el Chepe a su paso por Creel

Otras paradas

En función de El Chepe que abordéis, tendréis más opciones de deteneros en otras estaciones intermedias o no. Si habéis comprado billete en el Express solo llegaréis hasta Creel, como lejos, y El Fuerte, Bahuichivo y Divisadero son las únicas paradas que le preceden. Sin embargo, El Chepe Regional, el más barato y más auténtico, hace el recorrido completo hasta la ciudad de Chihuahua, capital del estado homónimo. Y viceversa, claro.

Entre medio hay varias paradas más, que solo utilizan en la práctica los locales que sí toman el tren como medio de transporte y no como medio de turismo. Témoris, San Rafael y Cuahtémoc son algunas de las estaciones intermedias. Cuahtémoc tiene cierto interés, y podría ser una parada interesante de una noche —o incluso de unas horas—, pero la escasa frecuencia del tren la convierte en estaciones simplemente de paso. Bahuichivo se incorporó recientemente como parada de El Chepe Express y también es un lugar recomendable para explorar, en el que se pueden disfrutar de actividades que complementan lo que se puede hacer y visitar en Creel y Barrancas del Cobre.

Principales puntos de interés en Creel y Barrancas del Cobre

Creel

Como decíamos antes, Creel es el pueblo que os recomendamos para hacer base y visitar la zona de Barrancas del Cobre. Es pequeño y se rodea en cinco minutos, pero tiene color y encanto. Frío en invierno, donde a menudo nieva, Creel es tierra de tarahumaras. La comunidad indígena está muy presente en el pueblo: los niños piden limosnas sin importunar demasiado y las madres venden artesanías. Creel da para escenario fotográfico gracias a sus vías, sus casas coloridas, el ajetreo de los locales y los turistas, su iglesia y las dos plazas principales. Cuenta además con un pequeño local reconvertido en el Museo Tarahumara de Arte Popular, que explica los orígenes de Creel y tiene una colección de objetos de sus primeros pobladores. La entrada cuesta apenas diez pesos.

El lago de Arareko

A pocos kilómetros de Creel, este lago con forma de herradura se incluye en el paquete de todas las excursiones que recorren los alrededores del pueblo. Se puede alquilar una lancha o un kayak y pasar un rato dándole a los remos. También es zona habitual de pícnic y se puede acampar. Las mejores fotos se consiguen desde la carretera, donde el encuadre es mucho más bonito, con la vegetación que circunda el lago. Para acceder hay que pagar unos 50 pesos a la comunidad local, que según el tour contratado se incluye o no en el precio de la excursión.

Cascada de Cusárare

La Cascada de Cusárare es otro de los puntos que habitualmente están incluidos en las excursiones por los alrededores de Creel. A la cascada se llega por un camino de tierra no apto para todos los vehículos, pero la visita vale mucho la pena. Desde donde se encuentra el aparcamiento y hasta llegar a la cascada hay puestitos de artesanías de tarahumaras. Al llegar, se accede a la parte alta, desde donde se observa, debajo, la caída de más de treinta metros del agua. Se puede bajar hasta la zona en que la cascada termina, un pequeño embalse rocoso muy fotogénico. A la parte alta y el estanque los separan 240 escalones muy fáciles de bajar, pero cansados de subir.

Cascada de Cusárare en Guachochi, Chihuahua

Los valles de piedras: el de los monjes, las chichis, los hongos y las ranas

Pegada a Creel se encuentra la Misión de San Ignacio, una aldea habitada por tarahumaras y rodeada de varios valles de piedras que parecen estar talladas —para disfrute de los chistosos— a puro capricho. En el poblado, construido por jesuitas españoles, hay una iglesia y se puede ver a los locales practicando su deporte favorito, el baloncesto.

Cerca, es curioso observar cómo la naturaleza parece haber jugado a divertirnos. En el Valle de los Monjes se pueden ver piedras con forma de frailes. Antes, sin embargo, el nombre del valle sugería otra posible interpretación del cincelado: Valle de los Penes Erectos. Os dejamos juzgar cuál de las dos acepciones resulta más acertada. En ese mismo valle se ve la Piedra de los Novios: dos rocas con forma de personas que parecen estar dándose un beso.

Como contrapunto al antes conocido como Valle de los Penes Erectos está el Valle de las Chichis (pechos, en mexicano remilgado). Todo muy evocador y afrodisíaco. También están el Valle de las Ranas —donde es fácil distinguir a un sapo y una rana— y el Valle de los Hongos. Todos se recorren con las excursiones que salen de Creel. Para pasar a la zona se pide una pequeña donación.

El valle de los Monjes, que cambió su nombre para sonar más políticamente correcto

La Piedra de la Fertilidad

Seguimos con los esculpidos azarosos de Chihuahua. Entre Creel y Divisadero se encuentra el pueblo de Pitorreal. Cuenta la leyenda que una piedra cercana dio nombre al asentamiento. La roca, que tiene indudable forma de falo, es conocida como Piedra de la Fertilidad. Sigue la leyenda que mujeres de todas partes del país, e incluso del extranjero, llegan hasta este pequeño poblado para tocar la piedra que le da nombre y así conseguir embarazarse. Las más osadas, y las más desesperadas, incluso se sientan encima. De nuevo, dejamos que vosotros mismos juzguéis si lo de Pitorreal está bien merecido o no pasa de exageración. Una de las mujeres que nos acompañaron en la excursión, decididamente exigente, lo tuvo claro: “Pues a mí no se me hace tan grande”.

La Piedra de la Fertilidad en Chihuahua, uno de los puntos de interés cerca de Creel

Las cuevas habitadas

En toda la zona se pueden encontrar cuevas que hacen —o hacían— las veces de hogares. Normalmente esta visita también se incluye en la excursión por los alrededores de Creel y resulta no solo una anécdota, sino una manera de entender cómo vivían muchos de los habitantes de la región hasta hace no tanto. Las cuevas más célebres son las de Doña Petra y la de Sebastián. En la primera, y pese a lo agobiante que resulta de entrada, todavía vivía la dueña cuando nosotros la visitamos. Doña Petra falleció en 2022 y ahora vive en la cueva una de sus hijas.

La segunda, más abierta y menos acondicionada para los avatares de la vida, ya no está habitada; pero es motivo de múltiples historias. Sebastián, el que fuera su dueño, se cuenta que mató al último de los gigantes de la zona. En lo alto de la cueva, además, se puede adivinar la figura de una Virgen de Guadalupe. En las dos cuevas los tarahumaras que las ocupan reciben, agradecidos, propinas y venden dulces y artesanías como modo de subsistencia.

La cueva de Sebastián cerca de la Misión de San Ignacio

Barrancas del Cobre

Tres cañones con forma de ‘Y’ forman las Barrancas del Cobre, un espacio de asombrosa belleza natural. En las faldas de los cañones hay pequeñas comunidades de tarahumaras, que necesitan de al menos tres horas para acceder a lo alto, donde se sitúa el pueblo. Los cañones se encuentran en el centro de la Sierra Tarahumara, que es un apéndice de la Sierra Madre Occidental, una de las principales cordilleras del país.

El nombre de las Barrancas del Cobre se debe al color cobrizo de sus paredes, y no tiene nada que ver con la presencia del metal en su interior. Desde Divisadero hay varios miradores desde los que poder disfrutar de la espectacular panorámica y tomar fotografías. Entre ellos destaca el mirador del Río Urique, el que se encuentra al final de la estación de Divisadero y el que se sitúa al otro lado del teleférico del Parque de Aventuras Barrancas del Cobre.

De hecho, el parque es el principal motivo por el que vienen los turistas locales. Cuenta con un teleférico que recorre en diez minutos tres kilómetros y permite acceder al centro mismo de los cañones. Para los que gustan de las emociones más fuertes, el parque ofrece la posibilidad de subirse en una de las tirolinas más largas del mundo, de casi tres kilómetros. También cuenta con una vía ferrata, otro circuito de tirolinas, varios puentes colgantes y un restaurante para disfrutar las vistas y no correr riesgos de más.

Nosotros llegamos a las Barrancas del Cobre y al Parque Barrancas desde Creel, en una excursión que dura un día y te lleva también a varios miradores y a Pitorreal. La excursión, sin incluir nada, solo el guía y el transporte, nos costó 500 pesos por persona. Es recomendable informarse bien en el pueblo de opciones, pues normalmente hacen descuento si el grupo es de más de cuatro personas. Eso sí, aparte hay que abonar una módica cantidad a la entrada del parque de aventuras a modo de entrada —que nunca vimos ni pasó por nuestras manos— y dentro hay que pagar por cada actividad que se realiza.

En nuestro caso solo nos montamos en el teleférico, que tiene un coste de 350 pesos por el trayecto de ida y vuelta desde el Parque Barrancas hasta el mirador de la Piedra Volada. Os recomendamos hacerlo: uno se siente en el centro de los cañones. El resto de actividades son bastante más caras, pero por lo que nos comentaron compañeros de excursión valen mucho la pena —si las emociones al límite son lo tuyo—. La tirolina ‘Zip rider’, que tiene dos kilómetros y medio de recorrido y se cuenta entre las más largas del mundo, cuesta 1.250 pesos. El recorrido de unos dos minutos es infartante, pues se ve a los pies la inmensidad de las Barrancas, y alcanza velocidades de hasta 135 km/h.

El circuito de tirolinas —que incluye siete saltos y dos puentes colgantes— tiene una duración de unas dos horas y cuesta 1.250 pesos. También hay una Vía Ferrata de una hora y media de duración, que tiene un coste de 750 pesos. Todos estos precios están actualizados a fecha de septiembre de 2024. Se puede consultar todo en la web del Parque Barrancas. Lo dicho, el parque de aventuras, como en realidad casi todo lo relacionado con El Chepe y el turismo en la zona, no es especialmente económico. En cualquier caso, y una vez aquí, los que sí gusten de sentirse en la frontera de la vida deberían hacer alguna de las actividades. Para los tranquilos, como nosotros, el combo teleférico + tomar mil fotografías + beberse una cerveza en el restaurante es la alternativa recomendable.

Vista panorámica de las Barrancas del Cobre en Chihuahua

Otros lugares

Además de los ya mencionados, hay otros lugares en los que vale la pena hacer parada en los alrededores Creel y Barrancas del Cobre durante El Chepe. Nosotros, por falta de días, no hicimos más. Pero si alguien decide alargar su estancia en Creel o incluir otra parada en su trayecto en El Chepe, hay más visitas recomendables. Por ejemplo, las Aguas Termales de Recowata, famoso entre los turistas y situado a una media hora de Creel. A unas tres horas, en un trayecto que ocuparía todo el día de ida y vuelta, se encuentran dos espectaculares cascadas, que se sitúan entre las más altas del continente: la Cascada de la Piedra Volada y la de Basaseachi. A las dos se puede ir desde Creel.

Hacia al otro lado del estado se encuentra el pueblo de Batopilas, también declarado pueblo mágico y que en la lengua tarahumara significa «río encajonado». Y un poco más allá se pueden encontrar pinturas rupestres en Guachochi. Cerca de Cuahtémoc se puede visitar un asentamiento de menonitas, que resulta un interesante contrapunto a lo visto en el viaje. Desde Creel también se pueden practicar deportes de aventura, bici de montaña y se puede montar a caballo.

Los tarahumaras, los indígenas de la región

El común denominador de todas las visitas y lo que hay que en Creel, Barrancas del Cobre y sus alrededores es la constante presencia de la comunidad indígena originaria de la zona: los tarahumaras. Sabedores de la realidad de la región y el turismo pujante, han sabido integrarse en la lógica de funcionamiento de la presencia de viajeros y han hecho de ello un modo de subsistencia. Así, se encuentran constantemente mujeres y niños de la comunidad vendiendo artesanías en puestitos en todos los puntos de interés turístico. Si se buscan recuerdos, comprar en alguna de ellas debería ser obligado. Por una parte, se apoya el comercio local y se genera riqueza entre la población tarahumara. Y además, los artículos son decididamente bonitos y considerablemente baratos. Comprar souvenirs tarahumaras es otra de las cosas que hacer en Creel y Barrancas del Cobre.

En Creel los niños se meten en los restaurantes y se acercan a la gente a pedir. Mugroso, con los mocos colgando y ropa de tres tallas más de la que le corresponde, a uno le prometemos un peso cuando acabemos de comer y nos llegue el cambio. Temeroso de que nos olvidemos de la promesa, el niño vuelve a entrar hasta tres veces. Nos miente muy mal asegurando que suele vender pulseras en lugar de pedir, pero ya se le han acabado, y prometiendo que va a la escuela todos los días hasta las dos.

Todos los miembros de la comunidad que nos encontramos son mujeres y niños. Ellas visten faldas muy coloridas, con flores, cubren su cabeza con pañuelos y tienen los ojos ligeramente rasgados. Su piel es oscura, parece estar tiznada descuidadamente de negro. En Barrancas del Cobre o en la Cascada de Cusárare los niños se ponen a seguir a los visitantes; sorprende que la mayoría, en su afán de molestar solo lo justo, no piden dinero ni te ofrecen nada, simplemente te siguen hasta que ven que no van a sacar nada. Sin embargo, hay otros, sobre todo en el lago, que recitan de carrerilla: “¿Me compra? ¿Me regala un peso?”. Y se conforman con un trozo de pan o un sorbo de refresco.

Lo interesante de hacer una excursión es la oportunidad de que el guía te cuente sobre la comunidad: qué hacen, cómo viven, a qué se dedican. Así, uno se entera que se les llama tarahumaras como transliteración castellana de su autodenominación: rarámuris. Y que rarámuris quiere decir algo así como ‘pies ligeros’. Por su costumbre de tener que recorrer diariamente largas distancias a pie, todos los miembros de la comunidad han adquirido la capacidad de correr muy rápido. De hecho, una mujer rarámuri, Lorena Ramírez, se ha hecho famosa en el país por ganar ultramaratones vistiendo su ropa tradicional y sin deportivas en los pies. Los tarahumaras también presumen de talento innato para jugar al baloncesto. Sin necesidad de zapatillas, han conseguido ganar campeonatos nacionales. En la Misión de San Ignacio hay dos canchas en las que se pueden constatar sus habilidades para este deporte.

Los tarahumaras son los indígenas que viven en la zona en la que se visita Creel y Barrancas del Cobre

Qué comer en Creel y Barrancas del Cobre durante El Chepe

Viajar en México es siempre sinónimo de placer culinario. En Divisadero es obligatorio probar las gorditas. Justo al lado de donde se detiene el tren se sitúan una decena de puestos de comida en los que las gorditas son el plato estrella y casi único. La receta no puede ser más simple, y no pasa de una variación en forma de los tradicionales tacos; en cualquier caso, están ricas y cuando te comas una vas a querer una segunda. Además, son muy económicas: no pasan de los veinte pesos cada una de ellas.

En Creel la oferta gastronómica es mayor. El pueblo cuenta con dos o tres restaurantes en su calle principal que sirven comida variada a precio razonable. Nosotros probamos, y podemos recomendar, el restaurante La Cabaña y el restaurante Verónica. Los tacos norteños y la sopa azteca, en el primero, y el bistec a la verónica y las texturas de queso, en el segundo, son los platillos que probamos.

Las gorditas, el manjar callejero de Divisadero, una de las paradas de El Chepe

Dónde alojarse

Tanto Divisadero como Creel cuentan con una oferta hotelera amplia. En Divisadero los precios no están al alcance de todos los bolsillos. Tras buscar opciones descartamos hospedarnos aquí porque era caro y porque, encima, constatamos que hacer tres noches en Creel iba a ser más sencillo a nivel logístico, para movernos por los distintos puntos de interés de la zona. Por ello, nuestra recomendación es que busquéis alojamiento en Creel, con independencia del número de días que vayáis a pasar en la zona. El pueblo está bien conectado por carretera con los alrededores y tiene numerosos operadores turísticos locales que ofrecen excursiones y servicios de guía y traslado.

Nosotros nos alojamos las tres noches en el hotel La Estación, un alojamiento muy nuevo que inspira su decoración en El Chepe. El hotel es bonito y correcto para lo que ofrece. Además, incluye desayunos caseros muy ricos —y muy mexicanos: huevos, frijoles, chilaquiles— y organiza excursiones a Barrancas del Cobre, a los alrededores del pueblo y a otros puntos de interés más alejados. La habitación doble puede costar entre 70 y 80 €, aproximadamente.

Presupuesto aproximado

El Chepe no es un viaje barato. Por mucho que se traten de ajustar los precios, hay gastos que son inevitables si se quiere explorar la zona de Creel y las Barrancas del Cobre y no se dispone de coche para desplazarse. Por ejemplo, las excursiones. A continuación detallamos el coste aproximado de los cuatro días de viaje por persona. El precio está indicado en pesos y se señala también en euros según el cambio de septiembre de 2024, de unos 21 pesos el euro. Cabe decir que este presupuesto está basado en nuestro viaje en 2019, pero que los precios son ahora sensiblemente más altos.

CONCEPTO PRECIO
Tren Chepe (Los Mochis – Creel / Creel – Los Mochis) $3.500 (160 €)*
Hotel La Estación (Creel) – Tres noches en habitación doble con desayuno incluido $1.500 (70 €)
Excursión a Barrancas del Cobre $500 (23 €)*
Excursión a los alrededores de Creel $500 (23 €)*
Hotel Suites Hgen (Los Mochis) – Una noche en habitación doble $330 (15 €)
Entradas a las visitas $200 (9 €)
Comidas (incluye comidas y cenas durante tres días) $600 (28 €)*
TOTAL $7.130 (328€)

* Precio por persona

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