Mientras nos subíamos en la lancha y nos alejábamos de ellas, viendo su hermosa silueta en el mar, sabíamos que las islas Kapas iban a permanecer como uno de nuestros mejores recuerdos de Malasia. En realidad, no solo de Malasia. Sin duda va a ser uno de los momentos de este viaje larguísimo de varios meses. Aunque no va a ser sencillo ordenar lugares, y mucho menos momentos, las Kapas se han ganado un lugar privilegiado en nuestro top nómada.
Las despedíamos con nostalgia y el sentimiento parecía mutuo: ellas se encapotaban y amenazaban con llenar de nubes el día. Así, cambiándole la cara, pintándose de gris, su aspecto idílico puede que lo sea menos. En cualquier caso, no nos hubiera importado compartir con las islas Kapas un día desapacible, con la marea alta, el oleaje intenso, la lluvia sonando en el mar y nosotros, desde nuestra cabaña, admirándolo todo. No suena mal el plan. Lástima que nos faltara un buen libro y un par de botellas de vino para redondear la escena.
Dos buses para alcanzar Malaca
Para continuar descubriendo Malasia —¿hay Malasia después de las Kapas?— teníamos que hacer encaje de buses y horarios. Porque desde Marang, la ciudad de la península más cercana a las islas, en la que desembarcábamos esta mañana, hay buses hasta Kuala Lumpur directos cada hora. Pero, en cambio, no los hay hasta Malaca, donde teníamos que llegar. Así que la odisea ha sido de dos buses y casi doce horas. El primero, el de Marang a Kuala Lumpur, ha durado casi ocho horas. El segundo, el de Kuala Lumpur a Malaca, otras dos. Entre medio hemos comido fast food, patatas fritas y bebida Coca Cola. Si el alimento estrella en la India fueron las pizzas, en Malasia son las patatas fritas.
El día ha dado para poco más que para ver muchos kilómetros de autopistas malasias. Y para confirmar que los baños y los rezos se dan aquí la mano. En todas las estaciones de servicio la flecha indica, en la misma dirección, las dos cosas. Allá donde encuentres los baños encontrarás las salas de rezo. En Malaca pasaremos los próximos dos días. Estamos al sur de Kuala Lumpur, a medio camino de Singapur. Malaca es, como George Town, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y fue territorio portugués y luego holandés. Hoy sábado se la veía animada, luminosa y un poco hortera. La luz del día puede que realce sus virtudes.