Croacia se ha vuelto uno de los destinos de moda de los últimos años por muchos motivos. Dubrovnik, por culpa de Juego de Tronos, es seguramente el principal de ellos. Pero en el orden de razones que (nos) lleva a los turistas a venir al país, en lo más alto aparecen también sus islas, como la isla de Mljet. Especialmente en verano, el enorme archipiélago croata es un reclamo difícil de rechazar: buen tiempo, sol, playa, naturaleza, aventura, fiesta, historia, cultura, buenos mariscos y pescado, descanso, deporte.
Eso sí, no todos estos ingredientes caben en la misma isla. Las islas croatas son tantas como perfiles de turistas. De las casi setecientas que forman el archipiélago del país, el segundo más grande de Europa tras el griego, unas cincuenta están actualmente habitadas. Y de esas, solo diecisiete superan el millar de habitantes permanentes.
La elección más difícil: qué isla escoger
Las islas de Hvar, Korčula, Vis, Krk y Brač son algunas de las más famosas y visitadas. Su infraestructura turística es muy buena, con alojamientos de todo tipo y mucha oferta de restauración y actividades. Además, cuentan con conexiones frecuentes vía ferry y catamarán con las principales ciudades costeras del país.
La primera es exclusiva y fiestera, la segunda histórica, la tercera aislada, la cuarta familiar y la quinta presume de la playa más famosa de Croacia. Resumirlas con un adjetivo es reduccionista pero ayuda a escoger una, o algunas, porque las apreturas temporales, especialmente cuando se viaja con billete de vuelta, obligan siempre a tener que escoger y a tener que descartar.
La isla de Mljet, nuestro retiro croata
Nuestra ruta, en la que tratamos de abarcar todo lo posible aunque eso nos impida —lo lamentamos, pero lo sabemos y lo asumimos— ir lentos y profundizar en los lugares, nos permitía pasar unos dos-tres días en alguna de las islas. Después de estudiarlas un poco e ir priorizando por disponibilidad de alojamientos y precios desorbitados, acabamos descartando las cinco anteriores para escoger una mucho menos reseñada en los blogs de viajes: la isla de Mljet.
De las diecisiete islas croatas que superan los mil habitantes, Mljet es la última de todas. Pese a no estar muy alejada de la costa, y estar a tiro de una hora en coche (más 45 minutos en ferry) de Dubrovnik, Mljet pasa desapercibida por la mayoría de turistas. La isla de Mljet tiene casi cuarenta kilómetros de largo pero solo tres de ancho. Desde el puerto de Prapatno, donde se toma el ferry para llegar aquí, se la intuye yerma y solitaria, casi virgen, con su perfil montañoso pintado de verde.
Dos de las mejores playa de la isla de Mljet
Conforme nos acercamos la impresión preliminar se confirma: apenas se le adivinan núcleos de población urbanizados. Y apenas los hay. En Mljet hay varios puñados de casas reunidas, que son más asentamientos que pueblos, que rompen su inalterada normalidad. Una carretera principal la cruza de punta a punta. En los más alto, en el norte, se encuentra el Parque Nacional de Mljet, que visitaremos mañana. Esta tarde hemos decidido conocer el extremo norte de la isla, donde están las dos principales playas de la isla, en Saplunara.
Llamarles principales a esas playas es un eufemismo. En realidad, son muy pequeñas, de unos cien metros de largo la primera y de no más de 25 metros la segunda. Son el tipo de playas que sí nos gustan: discretas, pequeñas, recogidas, agradables. Y, sobre todo, poco masificadas. Entre las dos no sumaban más de un par de centenares de personas. Cualquier otra playa así en cualquier isla del Mediterráneo, de nuestras Baleares por ejemplo, no tendría un centímetro de arena disponible en el que estirar la toalla. Y la cola de coches aparcados en la carretera sería de varios cientos de metros.
Aquí hemos podido aparcar en el espacio habilitado al lado de la playa, a cuatro pasos del mar. Las dos playas tienen sus respectivos bares en los que se respira un ambiente distendido y tranquilo. Hay cócteles, claro, pero sin música estridente ni borrachos importunando la apacible atmósfera.
Nuestro alojamiento en la isla de Mljet
Hemos decidido cenar en nuestro hospedaje, en los Apartamentos Frano, que es el alojamiento que nos ha salido más caro del viaje (unos 130 € la noche). Aquí los hoteles escasean y la oferta de alojamiento es en forma de apartamentos y casas que se rentan para la época estival. El nuestro está en medio de la carretera principal, por la que apenas pasan coches, y tiene unas vistas magníficas.
Se ve el mar de frente manchado por un pequeño islote rocoso, a nuestra derecha las cinco casas del asentamiento de Maranovići en el que nos encontramos con el perfil montañoso que singulariza a la isla detrás. A nuestra izquierda, más montañas y más verde. Hoy ha sido el primer día que hemos podido frenar un poco y desempolvar nuestros libros. La lectura de Bolaño escuchando el Adriático de fondo y las chicharras cantando es una experiencia que vamos a lamentar no poder alargar.