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Adiós a las montañas para visitar Tirana | Día 7

Se confirma: el alacrán ha decidido no volver a aparecer. Eso sí, hemos vuelto a dormir con todas las luces encendidas de la habitación, por si las moscas. Buenos, por si los alacranes. Desayuno rápido con la fantástica panorámica de la terraza de la guesthouse y a ponerse rápido en marcha después de despedirnos de los dueños para afrontar la última etapa del viaje y visitar Tirana.

El camino de vuelta para visitar Tirana no podía ser otro que el de ida pero a la inversa, porque no hay más caminos que lleven ni que salgan de Theth. Habrá sido por la experiencia acumulada de la vez anterior, o quizás por ser una hora tan temprana en la que no había tantos coches transitándola, pero por fortuna la salida de los Alpes Albaneses ha sido mucho más apacible que la entrada.

El coche de alquiler, un gasto extra

Teníamos el compromiso de devolver el coche de alquiler en el aeropuerto de Tirana a las 10.00 h. Pero sabíamos que eso no iba a ser posible, porque el camino de vuelta, atascos incluidos en Shköder y en la entrada a la capital, alargaba el trayecto hasta las cuatro horas. Los chicos del alquiler de coches no han sido todo lo benévolos que esperábamos, y en lugar de condonarnos las tres horas de demora nos han hecho pagar medio día de más.

No nos íbamos a poner a discutir porque normativamente tenían razón, pero de haberles aceptado el primer día el seguro a todo riesgo el trato habría sido distinto. Es la picardía del empresario avezado, del que se las sabe todas, del que saca beneficios valiéndose de la letra pequeña. Es algo anómalo en Albania, donde todos los negocios y sus dueños gestionan de manera honesta el trato con el turista. Con la salvedad del rent a car, en Albania nos hemos sentido tratados siempre con transparencia y honestidad, sabiendo que no íbamos a ser enredados.

El calor al visitar Tirana y maneras de evitarlo

Después de abandonar el Clio, al que dejamos hecho un coche capaz de todo, casi un todoterreno, tomamos el bus hasta el centro para empezar a visitar Tirana. El calor es abrasante en la capital del país. Un calor seco, que marca los 39 grados al mediodía y amenaza con no bajar de la treintena hasta bien entrada la noche. El aire del bus no acondiciona, remueve el ambiente bochornoso. La sensación que tenemos es de agobio y ya llegados al centro, la cosa no mejora.

Le buscamos la sombra a las calles para tratar de llegar caminando hasta el alojamiento. Lo que eran diez minutos de paseo se nos hace una eternidad. Tirana parece que vive ralentizada al ritmo de ese calor que es un padecimiento continuo. Nos cruzamos con mujeres que se cubren del sol con unos paraguas que parecen sacados de Gion, el barrio de las geishas en Tokio. Este giro de guion no lo esperábamos, un crossover cultural de lo más impensado.

Comida (cena) en un italiano

Nos damos una ducha y salimos a visitar Tirana y, sobre todo, a buscar dónde comer-merendar-cenar antes de que debamos acudir a la cita del día, a una de las citas del viaje, que empieza a las 20.00 h. Nos alojamos en un hotelito de inspiración mexicana, con las habitaciones bautizadas con topónimos como Baja California y Veracruz —la nuestra— y decorado con botellas de tequila que procuramos no mirar mucho para que no se nos antojen.

El alojamiento se llama Condesa y haciendo honor al nombre se encuentra en un barrio bien de Tirana. Un barrio movido, de gente local pero lleno de hoteles y hostales, un barrio seguro y cercano a las plazas principales de la ciudad. Buscamos comida en un italiano de la zona de las embajadas, el restaurante Artigiano Vila, donde Tirana muestra su lado más pijo y expatriado. La hora es mala y tenemos que dar vueltas hasta que el restaurante abre la cocina a eso de las 18.30 h. Nos comemos una pizza y un risotto muy buenos.

Un apasionante FK Tirana – Dinamo Batumi

Ahora ya sí, estamos listos para poder ir al evento central de nuestra estancia en la capital, más allá de visitar Tirana: el partido de fútbol de ronda previa de la Conference League entre el FK Tirana y el Dinamo Batumi. Las entradas nos han costado 5 €. Es un duelo insospechado entre el equipo más laureado de Albania y uno de los clubes punteros de Georgia. En el Batumi hace no tanto jugaba ese crack que todavía juega en el Nápoles y que tiene nombre de trabalenguas: Kvicha Kvaratskhelia.

Al futbolero le toca explicarle a la no tan futbolera qué es eso de la Conference League y quiénes son esos dos equipos. Ver fútbol durante nuestros viajes es una de nuestras ocupaciones preferidas. Lo es por el deporte en sí, del que uno es apasionado y la otra si acaso algo aficionada, pero sobre todo por el fenómeno que supone el fútbol como elemento universal de expresión de las emociones.

La UEFA es muy estricta para lo que quiere

Es difícil encontrar aspectos de la vida que le sean comunes a todos los territorios del mundo. El fútbol lo es. En todos lados se juega y se sigue. Acudir a los estadios del mundo es casi un ejercicio sociológico y antropológico de comparativa de personalidades y comportamientos. Es la enésima muestra de que en lo esencial todos somos muy parecidos con independencia de nuestro origen o nacionalidad. Y también de cómo las particularidades, los detalles, nos definen y singularizan. El fútbol es genial para ver todo eso. (Uno se tiene bien aprendido el argumentario para convencer a la otra de que no hay nada mejor que visitar en Tirana durante las vacaciones).

A la entrada tenemos un percance con los seguratas designados por la UEFA que cumplen a rajatabla la normativa con dos turistas, pero son tan laxos a la hora de sancionar al Barça (guiño a todos los lectores culés que nos puedan leer, esto es solo una broma). Las cámaras de fotos no están permitidas. Nos discutimos un poco con algunos policías como traductores improvisados, pero el jefe de seguridad es implacable: no se puede entrar con la cámara. Se nos ocurre llevarla al restaurante pijo italiano en el que hemos comido para que nos la guarden. Lo hacen encantados, por suerte, y ahora ya sí estamos listos para poder ver el partido.

El Air Albania Stadium y el divertimento de las gradas

El Tirana juega de prestado en el Air Albania Stadium, el estadio nacional recién inaugurado en 2019. Su nombre no comercial es Arena Kombëtare. Es un campo nuevísimo de algo más de 20.000 espectadores que desde fuera parece cualquier cosa menos lo que es. La mitad del estadio no tiene aficionados —entendemos que por motivos de seguridad— y nosotros nos sentamos detrás del gol, junto a la torcida local. Banderas, cánticos durante todo el partido, saltos, incluso bengalas.

El show está ahí, en las gradas, porque lo del terreno de juego parece a ratos una pachanga veraniega. Los aficionados locales se acuerdan con sus cánticos del rival de la ciudad, del Partizani, y la cosa se desmelena: cuatro locos empiezan a saltar y a lanzar sus cervezas al aire. Sí, a nosotros también nos bañan. Es el minuto veinte de partido y pasaremos los próximos setenta oliendo a cerveza. Si nos estrujamos el pelo podemos beber una birra de gratis.

El partido acaba 1-1 gracias a un gol en el ultimísimo minuto del Tirana, que desata una más que justificada locura en la grada. La experiencia ha sido divertida y el partido, dentro de lo que cabe, hasta emocionante. Nos ha dado un poco de nostalgia del Mundial de Qatar cuando nos han puesto algunas de las canciones de su banda sonora. Pero como estamos en Albania y aquí sí que sirven alcohol decidimos acabar el partido como no los pudimos acabar allí el pasado noviembre: buscando un bar.

No tenemos éxito en nuestra búsqueda de algún sitio en el que sirvan sidra además de cerveza —lo de la birra sin gluten, evidentemente, ya lo damos por imposible— y decidimos que mejor llegar al hotel, darnos una ducha y acabar de planear los imprescindibles a visitar en Tirana que tendremos que ver mañana en un tiempo récord.

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