El último de nuestros desayunos en Albania, en nuestro hotel del centro de Tirana, ha tenido reminiscencias mexicanas. En el Condesa nos han preparado huevos revueltos, un yogur y un poco de fruta, todo muy rico y hecho con mucho gusto. Pero aquí parece que ya han aprendido que no hace falta excederse, que con la cantidad justa el viajero queda satisfecho.
Hemos escogido mal la logística del día final. Lo ideal habría sido vencer al sol y al calor despertándonos muy pronto, saliendo a explorar a primera hora. Y volver al hotel, sobre las 10.30 h, para desayunar, ducharnos y dejar todo preparado. Pero llegados a este punto del viaje y después de dos noches durmiendo con la luz encendida y un ojo entreabierto, hemos preferido dormir bien y largo pese a saber que saldríamos a las calles insoladas del centro de Tirana sobre las 11.00 h, cuando menos tocaba caminarlas.
En cualquier caso, eran nuestras únicas horas en Tirana y queríamos llevarnos alguna impresión de la ciudad, aunque fuera desdibujada y aproximada. Teníamos que estar en el aeropuerto sobre las 16.00 h y eso nos daba un margen de unas cuatro horas para visitar el centro de Tirana, comer y comprar algunos recuerdos. Muy pocas horas para tantos proyectos.
Le hemos copiado los caminos a los locales: los senderos con sombra. De hecho, buscarse una buena sombra parece la ocupación veraniega preferida de los jubilados de Tirana. Ellos, sin saberlo, nos han regalado estampas geniales en los bancos y los parques, escenas de otros tiempos en los que los móviles no existen. Los muchos que se desplazan por la ciudad en bici también se desplazan por las calles donde el sol menos molesta.
El centro de Tirana y sus edificios
Hemos visto también a algunas mujeres con burka, las primeras en todo el viaje. Al rato de salir del hotel ha sonado la llamada al rezo y los fieles han llegado a una de las principales mezquitas de la ciudad, la que está en la Plaza Skanderbeg, el epicentro de Tirana. Si Albania es mayoritariamente islamista solo se nota en los detalles. En sus formas, el país actual es herencia de la Albania comunista secularizada. La religión está poco presente en la vida pública, vive en la esfera privada.
Tirana parece en plena fase de transformación. Por una parte, persiste su perfil desmaquillado, de edificios comunistas empalidecidos por el paso de los años. Pero a la vez, y justo al lado, aparece la Albania que mira al futuro. Aparecen construcciones de semilujo y grandes edificios de apartamentos de inspiración brutalista moderna. La Tirana que hemos conocido es la más céntrica, la que tiene las dos o tres iglesias y mezquitas más emblemáticas, la de los bulevares más transitados por los turistas, la que te entiende cuando le preguntas en inglés.
Tirana no es una ciudad bonita al uso, pero es una ciudad de las que cuentan cosas, de las que tienen historia e historias. Por falta de tiempo y por entretenernos comprando libros, no hemos podido visitar algunos de los imprescindibles que nos habíamos marcado en el mapa; ni un museo alojado en un búnker, ni una pirámide inaugurada por Hoxha a la que los comentarios de Google tienen en muy baja estima. Tirana se nos ha hecho corta e incompleta. Seguramente no sea lo más bonito del país, pero sí que es obligado dedicarle algún día para juntarle piezas al interesantísimo puzle que es Albania.
Rumbo al aeropuerto
El calor nos ha obligado a tomarnos los proyectos con calma, incluso a desestimarlos: ni varias de las visitas ni siquiera una última comida albanesa tradicional. Nos ha tocado buscar con urgencia un café con aire acondicionado en el centro de Tirana para beber algo frío antes de ir a por las maletas, tomar el bus al aeropuerto y llegar a tiempo para dejar a punto nuestro embarque.
Como en la ida, el vuelo de vuelta iba a salir con retraso. Por eso nos hemos pasado muchas más horas en el aeropuerto de las que hubiéramos querido, y hemos comprobado que Albania sabe que está a punto de despegar turísticamente, pues las instalaciones del aeropuerto de Tirana están siendo actualmente totalmente renovadas. Y buena falta le hace. Wizz Air y el aeropuerto de Tirana, tan precario comparado con tantos otros aeropuertos que hemos conocido, hacen mala combinación y resultan invariablemente en retrasos.
Despedida de Albania
Al final, partimos pasadas las 20.00 h, casi una hora y media más tarde de la hora prevista. En el vuelo nos sentamos en filas separadas —por imperativo del check-in online, claro, faltaría más— y a la mitad mexicana de Cultura Nómada le toca al lado una pareja albanesa-paraguaya afincada en Murcia con la que se pasa medio vuelo contrastando y confirmando todo lo que hemos visto y todo lo que nos ha parecido Albania.
El albanés, que habla por los codos, es un vendedor de motos excepcional. Parece que esté tratando de convencernos de que visitemos el país, pero le recordamos que justo es lo que hemos hecho durante los últimos días. La paraguaya ha viajado al país de él para arreglarse la boca, porque es mucho barato que en España. Coincide en que Albania es hermoso y tiene cierta obsesión por el lujo y lo ostentoso. Quién sabe, si Turquía es el viaje señalado para los que quieren hacerse crecer la cabellera, Albania igual se convierte en el sueño de los que necesitan una dentadura nueva. Por lo pronto, a nosotros el país nos ha gustado mucho y procuraremos volver aunque los dientes los tengamos bien conservados.